Ganadería Palha

Los miembros de la Asociación El Toro de Madrid se desplazaron hasta las marismas del Tajo, en Portugal, para visitar una de las ganaderías que lidiará el próximo San Isidro – el 5 de junio –. El tentadero, la hospitalidad del anfitrión y el bello paraje hicieron que el largo viaje mereciese la pena.

Unos en avión y otros en coche, los miembros de la Asociación El Toro de Madrid se desplazaron hasta Lisboa. En la noche del viernes todos estaban en el hotel, imaginando y comentando lo que al día siguiente encontrarían en la Adema, donde pastan y se crían las reses de la ganadería de Palha.

En el desayuno ya estaban todos uniformados con la gorrilla campera, las cámaras de fotos y en algunos casos la libretita de notas. Cinco coches en caravana van desde Lisboa hasta casi Porto Alto, a la derecha un cartel indica que hemos llegado.

Junto a la placita nos espera el ganadero, Joao Folque de Mendoça. Pronto nos lleva hasta un pequeño y modesto museo con cabezas históricas de toros de la ganadería y carteles. Mientras nos obsequia con un pequeño dossier explicativo de la historia de la casa, nos da la bienvenida para a continuación hacer una síntesis de lo que será el día.

Tras este primer acto protocolario, todos al remolque a ver la corrida de Madrid. Joaquim, el mayoral, diligente y amable mueve los toros y les hace correr para los invitados del día. Al mismo tiempo, los aficionados se sorprenden y comienzan a ver qué toro les gusta más. Dentro de un mes escaso estarán en el ruedo venteño frente a Dávila Miura, Juan Bautista y Jesús Millán.

Al bajar del remolque en la plaza ya están esperando los toreros: El Molinero, José Antonio Iniesta y Ángel Gómez Escorial para tentar las vacas que están en los chiqueros. Los invitados se reparten entre el palco superior y el inferior, donde está el ganadero tomando sus notas. El juego de las vacas resulta interesante. Los aficionados prestan mucha atención para posteriormente comentar lo visto. El problema es el viento, que no permite que se pueda torear. La decisión tomada, muy acertada, es interrumpir esta faena. Una improvisada tertulia con el ganadero nos entretiene hasta la hora de la comida. Joao Folque de Mendoça contestó abiertamente todas las cuestiones formuladas. La mayor parte de ellas se referían a los diferentes cruces que ha sufrido esta ganadería desde su fundación con siglo y medio de historia.

Casi sin darnos cuenta, llegamos a un precioso paraje, en una casita de campo junta a un laguito con patos. La comida nos espera, una barbacoa y después una exitosa sopa a la piedra. Como parece que nos gusta hablar de toros, se sigue acaparando la atención del ganadero con preguntas y preguntas que hacen una tertulia cada vez más distendida.

Aprovechando el momento del postre, el vicepresidente –en representación del presidente- le hace entrega a Joao Folque de nuestra habitual placa, así como de una insignia de plata a Mercedes, su esposa.

El ganadero guardaba una bonita sorpresa para la Asociación El Toro de Madrid: un tentadero de hembras en una pequeña placita de palos. Los aficionados se sientan alrededor del criador para prestar atención a la tienta. Cuando le toca el turno a Gómez Escorial, la tercera vaca, se escapa al topar con un palo y romperlo. Joao indica a los toreros y picador que le sigan para tentarla a campo abierto, al tiempo que indica a sus invitados que fueran junto a la casa para verlo. Ya era tarde, pues la vaca se escapó bajo un cercado.

Para no perder el ritmo, volvemos a la plaza de obra para tentar más vacas, hasta que casi al anochecer, el ganadero nos tiene una sorpresa especial, para el Molinero y para nosotros.

Algunos han llegado a entablar cierta amistad con el anfitrión, tanto es así, que le pedimos que cene con nosotros en Lisboa para agradecerle la hospitalidad. Vuelta al hotel, agradecimientos al ganadero y un buen sabor de boca entre todos los que se pegaron el atracón de kilómetros.

Todos están deseando ver los toros de Palha en el ruedo venteño, y una vez más se ha demostrado que cuando hay afición al toro bravo, no hay fronteras.

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