Ganadería de Ramón Flores y ganadería de Barcial

Este último fin de semana de abril, justo antes de que llegue San Isidro y la feria de la Comunidad, la Asociación El Toro de Madrid hizo una visita doble al campo charro. Por un lado se pasó casi toda la jornada junto a Ramón Flores para ver la camada de este año, la corrida de Madrid y un tentadero de hembras. Después, una breve visita para ver los “patas blancas” de Barcial, una parada clásica en la corta vida de este colectivo.

Cuando se hace una visita con la Asociación El Toro de Madrid huelga decir la hora y el lugar de encuentro: las ocho de la mañana –con unos minutos de cortesía para los que toman cariño a las sábanas- en la Puerta Grande de Las Ventas. Esta vez, hubo un mayor numero de críos que vinieron acompañados por sus padres alimentando una temprana afición por el toro bravo.

El área de servicio es un punto de parada obligatorio para tomar el desayuno e ir haciendo las llamadas pertinentes al ganadero. Así se puede ir calculando en qué momento llegaran sus invitados por un día. Un rato después, que se hace muy corto gracias a los vídeos de excursiones precedentes, se ve Salamanca. Bordeamos la ciudad, pasando por la orilla del Tormes. Alguien hace un comentario: “cada vez que pasamos por aquí y veo la catedral desde esta orilla, me asombro como si fuese la primera vez, y ya llevo más de cincuenta viajes”.

Ramón Flores aguarda en su finca junto a su hijo y José Ignacio García, secretario de la Asociación de Ganaderías de Lidia. El ganadero nos saluda diligente y cordial, al tiempo que nos invita a subir al remolque para poder ver de cerca los toros que tiene para esta temporada. Desde el remolque, un medio de transporte que cada vez nos resulta más familiar –a este paso lo será casi tanto como el metro- podemos ver los “atanasios” que tanto desvelan a Ramón Flores. Este año lidiará en San Isidro y su preocupación aumenta a medida que se acerca el día de la corrida. Como siempre, los socios se fijan en los toros y van tomando números. Las preferencias y gustos de cada cual son personales, no así los criterios objetivos para evaluar las corridas en el ruedo, en los que con leves diferencias, se mantiene el mismo criterio.

De vuelta al autobús para ir hasta Tabera, donde está la placita de tientas que habitualmente utiliza el ganadero. Esta misma plaza de toros, ahora tan remozada que causa gran impresión, fue inaugurada por Paco Camino y Alfonso Navalón. Ambos cruzaron una apuesta de mil pesetas para ver si este último era capaz de hacer un quite y tocarle las orejas a una vaca con complicaciones.

Aunque Navalón sí estuvo presente durante nuestra visita, no bajó al ruedo. Los actuantes eran dos alumnos destacados de la escuela taurina de Salamanca “El Dani” y Eduardo Gallo. Así como otro aspirante hijo de un famoso fotógrafo taurino. Los tres jóvenes estuvieron asesorados por José Ignacio Sánchez.

La bondad y franqueza de algunas de las vacas fue tal que varios aficionados de la Asociación pidieron permiso al ganadero para exprimir los últimos muletazos. Este fue el caso de “Salva” y “Bene”. Otros lo vieron claro y encontraron la oportunidad de probarse frente a la becerra por primera vez. Como mejor o peor suerte, “Nacho” y “Edu” midieron su valor y cabeza frente a las reses de un amable Ramón Flores.

Rozando las primeras horas de la tarde concluyó el tentadero. Tras un breve caminito para ir haciendo hambre, aguardaba un cocido “de cuatro vuelcos” (como lo definió algún socio) en una casa rural en ciernes. Durante más de dos horas la tertulia fue constante. Como este ganadero ya fue invitado a nuestra sede –por lo tanto ya tiene placa-, recibió nuestra insignia de plata como agradecimiento por la hospitalidad. Después del postre, casi en la despedida, Alfonso Navalón no quiso desperdiciar su oportunidad para dirigirse a este improvisado auditorio y darles una serie de consejos sobre el trato que deben dar a la corrida de Ramón Flores después de haber sido nuestro anfitrión. Como se pueden imaginar, no faltaron el humor y los juegos con doble sentido.

Eran casi las seis de la tarde y todavía quedaba una visita en nuestro plan del día. Deseando lo mejor para su debut en la feria nos despedimos de Ramón Flores para llegar a ver los toros los “vega-villar” de Barcial.

Una vez allí, nos montamos en lo que más de uno ha bautizado como el “remolque maldito” debido a otras aventuras en ediciones precedentes –que en esta tampoco faltaron-. Al pinchazo de una de las ruedas del remolque (que llegó prácticamente con todo el peso sobre la llanta) se unió encontrar a una pareja en actitud un tanto extraña en el mismo cercado de los toros.

Los aficionados se deleitaron con la corrida que Arturo Cobaleda mandará a Cenicientos. La presencia del resto de la camada tampoco desmerecía. Muchos aprovecharon para comparar estos toros con los que hace escasas fechas vieron en Monteviejo. Como nuestro lector sabrá, estos últimos proceden de un lote de vacas comprados hace pocos años a Barcial.

El sol comenzaba a esconderse y dejaba el campo charro a la sombra de sus encinas: era la hora de volver al autobús y a nuestra vida en la dehesa de asfalto capitalina.

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