II Encuentro de Aficionados Zaragoza 2008

Muchas cosas interesantes están pasando y pasarán este año en la capital del Ebro, pero en la memoria de los amantes del toro que nos congregamos en La Misericordia, los días 26 y 27 de abril, perdurará la celebración de este II Encuentro de Aficionados por encima de los futuros eventos que están por llegar a esta entrañable ciudad.

A este II Encuentro de Aficionados en Zaragoza, fuimos llegando desde diferentes rincones de España y más allá, una vez finalizados los actos, en nuestra querida prensa libre (bendita seas Internet), han sido muchas las palabras de agradecimiento para los organizadores. Nosotros no queremos dejar pasar, desde la Asociación El Toro de Madrid, la oportunidad de sumarnos felicitando a La Cabaña Brava por el esfuerzo realizado, no solo cumpliendo con unos eventos bien organizados, sino por la preocupación como buenos anfitriones por todos los que estábamos allí. En todo momento nos sentimos bien cuidados. Gracias amigos.

Comenzaron los actos previstos el sábado 26 por la mañana, compartimos tertulia con los ganaderos sobre la corrida concurso que se iba a lidiar a la tarde.

Se inició esta tertulia explicando las dificultades encontradas por La Cabaña Brava para conseguir la celebración de esta corrida concurso, y de los ganaderos, para poner los toros en principio previstos para el cartel –salvo el de Prieto de la Cal, ninguno de los que finalmente se lidiaron estaban al inicio reseñados para esta corrida-.

El coloquio continuó hacia la forma de entender por los presentes una corrida concurso.

Diferentes puntos de vista, ciertas discrepancias de los ganaderos sobre la organización y bases de este tipo de eventos, principalmente por la influencia del picador y del matador en el resultado del concurso y por el hecho de que el ganadero, como verdadero concursante, sea quien lleve la voz cantante.

Opiniones encontradas sobre la posibilidad de que en este tipo de corridas, fuera el ganadero quien pusiera el picador, y no conformarse con el trato que dé a su toro el picador que le toque en suerte.

También salieron a relucir ciertos intereses antagónicos: los del ganadero y los de La Unión Nacional de Picadores y Banderilleros, estamento tantas veces señalado como uno de los enemigos más poderosos de la fiesta.

Sobre la corrida concurso está todo dicho. En la memoria, la emoción de vivir algo tan posible como singular. Si bien el gozo, la emoción, la satisfacción de ver nuestras ideas realizables, pronto se esfuman. Desaparecen de un plumazo cuando se acaba la fiesta y vuelve el mundo real. El mundo real son los 68 festejos que se celebraron la temporada pasada en Las Ventas, en los que no recuerdo una sola tarde en la que pueda hacer mención -ya no a una lidia como la de Farolero, pues esto pertenece a otra época o queda circunscrito a las corridas concurso-, sino a un solo toro que en el primer tercio hubiera tenido una ejecución como para ser recordada.

Respecto a la suerte de varas, quisiera decir que lo que vimos en la corrida concurso, no es lo que esperamos ver en un festejo ordinario de temporada, pero sí sería perfectamente posible, en los pocos toros que salen al ruedo con suficiente raza, que se pusieran 3 VARAS 3, ordenadas por un espada que conoce sus obligaciones con el respetable (enseñar al toro cuando es bravo) y ejecutadas por un picador con afición y oficio. Cuando esto sucede -bien lo sabe el empresario-, la plaza revienta.

Lo más importante ocurrido en Zaragoza fue precisamente esto, la comprobación de que la suerte de varas debe ser el eje de la lidia, que ejecutada con oficio, descubre la bravura del toro y exhibe algo que por su hermosura puede superar lo que se haga después en la muleta. Solo hace falta exigir que salga EL TORO con todos sus ingredientes y después, voluntad para que la lidia se celebre con pureza… casi ná.

Por eso, que ganara Farolero o que Lanudo fuera también un gran toro, para mí es secundario, ni los propios aficionados estábamos de acuerdo en esto, porque lo fundamental ha quedado suficientemente claro; otra fiesta es posible, necesitamos solo un ingrediente, El Toro, y para poderlo exigir los públicos tienen que conocer la grandeza de la suerte de varas, si así fuera, se comprendería lo que nos estamos perdiendo, no hay que renunciar a nada, un toro con poder puede dar espectáculo en varas y ser un buen toro en la muleta. Los ganaderos saben muy bien como se crían estos toros.

El día después de la corrida, la satisfacción era patente en todos los que nos volvimos a congregar en las dependencias de La Misericordia, tocaba hacer balance y lanzar nuevas propuestas para el futuro inmediato. Satisfacción a pesar de las estúpidas descalificaciones que, algunos notarios del taurineo, habían publicado sobre la corrida. Los aficionados sabemos donde tenemos que informarnos acerca de un evento de esta naturaleza, pero cuidado, esas informaciones hacen el daño para el que han sido calculadas, los taurinos tienen mucho poder, nosotros sabemos donde está el nuestro, en la plaza.

Sería muy extenso relatar todas las propuestas lanzadas por las asociaciones allí representadas: La Cabaña Brava, Toreo en Red-Hondo, La Asociación El Toro de Madrid, EL Chofre y tantos otros buenos aficionados presentes en el encuentro, pero sí decir, que todas estas iniciativas estaban dirigidas a defender lo que creemos es vital; o salvamos la suerte de varas de una muerte que hoy parece segura, o el camino que ha emprendido la fiesta hace ya mucho tiempo terminará por echarnos de las plazas a los cuatro locos que creemos que el milagro es posible.

Es una quimera, pero merece la pena intentarlo.

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