Miguel Tendero y Javier Cortés. Novilleros

Está claro que los novilleros de hoy se parecen poco a los de antaño. Afortunadamente la cantera de nuevas promesas ya no se nutre del hambre y la desesperación como lo hiciera en tiempos de Belmonte, en La Edad de Oro del toreo. Afortunadamente los novilleros de hoy toman la decisión de hacerse toreros por afición o por hambre de triunfo pero no de pan.

“Torear de verdad es tan difícil que muy pocos son los que lo consiguen”

Pero no solamente separan razones de querer ser toreros a estos mozos de hoy de los de ayer. Hoy, como no podía ser de otro modo, estos jóvenes novilleros muestran el desparpajo, la arrogancia y la naturalidad de cualquier chaval de veinte años, aunque quieran mostrarse “en torero”.

Ayer a Miguel y a Javier el Toro de Madrid les apretó a ratos, pero justo es decir que ambos tuvieron recursos para manejar la situación. Además, los aficionados que ayer nos congregamos con el interés de hablar con ellos, quisimos dejar muy claro que si estaban allí era por méritos propios y que las observaciones que se hicieron nunca tuvieron otro interés que decir lo que como aficionados creemos que puede ayudar a los que tienen en su mano la oportunidad de poder llegar: escuchar no solo a quienes los adulan, sino a quien también les va a decir cuando han estado mal.

Comenzó Miguel hablando (por antigüedad) de cómo había sido su progresión hasta llegar a Madrid, lo mismo hizo Javier y, como no, se hablo de las escuelas taurinas. Sobre todo se criticó la pérdida de frescura que se observa hoy en los novilleros ya que al provenir casi todos de escuela, en muchos casos parecen “clones” a los que no les vemos ese estilo propio que toda verdadera figura debe tener.

Javier con mucha sensatez –la verdad es que este chaval pese a su juventud demuestra una madurez impropia en su edad- comentó que gracias a las escuelas hoy puedes comenzar dignamente a probarte como novillero ya que de otro modo solo los privilegiados podrían acceder a los medios que allí se te brindan.

No tardó en salir la obligada pregunta acerca de los ponedores y de las veces que ellos habían pagado por torear y miren ustedes que coincidencia, estos dos aspirantes tampoco pagan, como todos a los que preguntamos, por mucho que no se hable de otra cosa que de esta sangrante situación que todo el que está cerca de este mundo conoce. ¿Será que es una vergüenza reconocerlo o que no conviene divulgarlo?

Ambos parecían estar de acuerdo en que la imitación que hacen los novilleros no era otra cosa que tendencias o modas que animaban a los noveles a querer parecerse a alguna figura. Alguien preguntó que si eso era así, ¿por qué no les da a algunos por imitar al Cid y no por aprender las ventajas y tramperías de Ponce como hacen la mayoría? Me gustó la contundencia de la respuesta de Javier Cortés: a todos los novilleros nos gustaría hacer el toreo de verdad como lo hace El Cid, citando de largo con la muleta puesta delante y templando la embestida hasta rematar el pase en la cadera, ligar los pases y mandar como él lo hace, ¡claro que nos gustaría! Pero eso es tan difícil… que muy pocos lo consiguen.

Fueron muchas cosas interesantes las que se tocaron, tantas que agotamos los últimos minutos quedándonos muchos con ganas de continuar: los quites, las cuadrillas, la suerte de varas, los encierros, la cercana alternativa que nos anunciaba Miguel Tendero…esperamos volver a ver a estas promesas en Madrid y deseamos que esa buena estrella que nuestra plaza les ha brindado siga brillando a su favor, es el deseo de esta afición que sabe reconocer los esfuerzos que tienen que hacer los que pelean tarde a tarde por destacar en el escalafón de novilleros y arrean duro para abrirse un hueco. ¡Ánimo y pa’lante toreros!.

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