La suerte de varas I. Luis Miguel Leiro, Jesús Vicente y Manuel José Bernal.

Del máximo interés ha sido esta última tertulia de la temporada protagonizada por los picadores Luis Miguel Leiro, Jesús Vicente y Manuel José Bernal.

Comenzamos dando lectura a una parte del Manifiesto de Aficionados respecto a la importancia y ejecución de la suerte de varas. También sobre la suerte de varas se leyeron unas comprometidas palabras del ganadero Tomás Prieto de la Cal.

Para acabar de “ponernos en la suerte” contemplamos un vídeo sobre un ejemplo de suerte varas bien ejecutada, la de Marcial Rodríguez a Madroñito de Adolfo Martín.

Tras unos breves datos biográficos, los tres toreros empezaron a defenderse, utilizando sus argumentos, de las preguntas que por anticipado sabían que aparecerían en una charla que no iba ser precisamente ni fácil ni distendida. Solamente por esto, agradecemos a los maestros del castoreño el gesto y la valentía de venir a hablar con los aficionados, por ser precisamente estos los que más les exigen y critican.

Una pregunta a sabiendas obligada en este encuentro fue acerca de en qué medida el matador exige al picador excederse en la suerte o aplicar el “monopuyazo”. Para ninguno de los tres jinetes cabía la menor duda en que el picador está absolutamente supeditado a las indicaciones de su torero y que en el caso de un picador experto –puntualiza Leiro- ni siquiera me tiene que decir nada, me basta con mirarle a los ojos.

En cualquier caso las decisiones respecto a lo que hay que pegarle al toro son del matador: “si ellos se equivocan no pasa nada, ahora como te equivoques tú, todo son críticas y acusaciones, y ya veis como nos colocan de mal en muchas ocasiones al toro”.

Sobre el “monopuyazo”, comentan que todos los matadores intentan que al toro se le pique de forma que quede lo mejor posible para permitir el triunfo, si bien cuando torean en los pueblos quieren asegurarse de que se quede picado en el primer puyazo pues de no ser así, el presidente cambia el tercio sin estarlo.

Pronto empezaron a sonar las diferentes versiones sobre los factores que influyen en la mejor ejecución de la suerte y cómo debe ser esta ejecutada.

Los tres picadores estuvieron de acuerdo en que el factor más influyente en la suerte de varas es el la calidad del caballo. Calidad entendida en términos de doma. “Un buen caballo de picar debe obedecer con precisión a los toques del jinete sin salirse de la suerte”. Se hizo mención, por los buenos caballos que entrena, la cuadra francesa de Alain Bonijol.

Otro factor que influye de forma importante en que la suerte se ejecute correctamente es el tipo de toro. “Los toros que mejor se pican son los Santa Coloma, estos van al caballo de manera franca, con rectitud y sin violencia. Esto facilita hacer bien la suerte, en el polo opuesto otros encastes como Atanasio buscan mucho, se quitan y se ponen, o al entrar al caballo en el último momento te hacen un extraño”.

Después de alguna disquisición entre los aficionados y los profesionales de la pica acerca de cómo debía hacerse la suerte, pareció quedar claro que, estando el toro puesto en suerte, el picador debe citar al toro dando el pecho del caballo para que después de arrancarse el morlaco, el caballo, respondiendo a un tirón de la mano izquierda de su jinete, gire lo suficiente para permitir que este eche la vara clavándola en la parte final del morrillo y consiguiendo también que la entrada del toro sea en la zona que está bajo el estribo. Hasta aquí bien, pero con un importante punto de desencuentro. Según los presentes que manifestaron su opinión, la puya debe entrar en la zona que comprende la parte final del morrillo, mientras que los picadores aludiendo a que allí, por la importante masa muscular existente, el toro ni se enteraba, parecían estar de acuerdo en que la zona adecuada era la cruz o el hoyo de las agujas.

Una reflexión: si como ellos mismos admitieron, desde el punto de vista que compete a la lidia, la finalidad de picar al toro es permitir que este sangre y se descongestione atemperando sus posteriores reacciones, pero considerando siempre no inferir algún daño en alguna parte de su anatomía que pudiera mermar sus capacidades locomotoras –puyazos que afecten a articulaciones, espina dorsal o que por su excesiva profundidad pudieran alcanzar algún órgano-, este punto me perdonen los maestros, no queda claro. Seguimos pensando que la zona donde se deben picar a los toros es el morrillo en su tramo final, que los puyazos deben ser cortos limitándose estos al tiempo que se tarda en sacar al toro del peto para volver a ponerlo en suerte, por supuesto sin barrenar que así lo dice el reglamento. Si esto se hiciera así, tal como lo manifestamos en la tertulia, no llegaría el toro moribundo a los siguientes tercios y la suerte de varas cobraría la dimensión práctica-plástica que un día tuvo, los aficionados y resto de espectadores la reclamarían tal como se hace en los cosos de Francia y la fiesta recuperaría LA VERDAD que hoy ha perdido.

Cuando nuestros invitados fueron preguntados sobre cómo se hace hoy la suerte de varas, manifestaron no estar satisfechos de la manera de picar hoy a los toros, dejando muy claro que ellos tratan de hacer su trabajo lo mejor posible aunque la mayoría de las veces son acusados como los malos de la fiesta. Denuncian que en la plaza de Madrid no se para a los toros, se manda salir a los caballos cuando el toro no está parado y en consecuencia es difícil algunas ocasiones llegar hasta la puerta de Madrid, pues el toro al no haberse centrado todavía en la lidia embiste a cualquiera de los dos caballos sin haber sido puesto en suerte. Otra crítica de los picadores fue para los ganaderos: “Ellos nos acusan de que destrozamos los toros, los aficionados que si no picamos o que simulamos la suerte, pero, ¿qué se puede hacer ante un animal que no aguanta ni un puyazo? Ellos saben que los toros que crían no valen para hacer una suerte de varas como es debido. La peste del toro es que no hay bravura, pero siempre se echa la culpa al picador”.

También hicieron autocrítica y refiriéndose al gremio, comentaron que hay falta profesionalidad, que cualquiera se sube al caballo sin saber ni montar ni picar, amiguetes que se ponen en nómina sin dar importancia ninguna al perjuicio que se le hace a la fiesta. Hablaron de la presión de Madrid, esta presión que hace que la vara caiga en la paletilla más veces de las que se espera de un profesional y del desnivel del ruedo, que hace que cuando el toro se viene de lejos veas sus ojos a la altura de los tuyos.

Fueron despedidos como no podía ser de otro modo con aplausos, aplausos que todos los aficionados deseamos poder brindarles en la plaza cuando nos hagan disfrutar –haciendo honor a la verdad, son pocas veces –de una parte de la lidia que para muchos es la principal.

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