La suerte de varas II. Oscar Bernal y Luis Durán

No podía faltar en nuestro ciclo de tertulias invernales debatir el tercio más importante y decisivo en nuestra fiesta, cual es la suerte de varas, la más antigua del toreo. Es la razón que sustenta el castigo que el toro ha de sufrir en este tercio y está explícitamente argumentada por ser la prueba fundamental con la que poder medir la bravura del toro y verificar su casta, así como poder dosificar sus fuerzas para el resto de la lidia.

Todos los aficionados nos reunimos festejo tras festejo para exigir que esta suerte se ejecute correctamente, pues al final representará un factor muy importante en el comportamiento posterior del toro. A pesar de la dificultad que existe en nuestros días para llegar a ser un buen picador y poder recordar cómo se puede llevar a cabo una gran suerte de varas, algo añorado, la tertulia se conformó con el joven picador Oscar Bernal, que obedece las órdenes del novillero Pablo Lechuga y por el jefe de la cuadra de caballos, además de capataz de los monosabios, con diecisiete años de experiencia en la primera plaza del mundo, Luis Durán. Tras una concisa presentación de los invitados, se procedió al visionado de un video, con el puyazo destacado de Oscar Bernal a un novillo de Montealto, así como el desbocamiento del caballo de José Francisco Aguado, que se produjo ese mismo día, el pasado 25 de septiembre, en el inicio de la reciente feria de otoño y que, si recordamos, tras la pica del jabonero “Bajezo” el caballo huyó despavorido ciego, atravesando toda la plaza hasta chocar fuertemente contra las tablas, teniendo que ser sacrificado al día siguiente.

Oscar Bernal ha actuado en varias ocasiones en la plaza a lo largo de esta temporada, pero sin duda, destacó el pasado 25 de mayo, durante la feria de San Isidro, en la encastada novillada de Guadaira. Efectuó unos de los mejores tercio de varas de la temporada y aunque con menos brillo se dejó también notar en la novillada de Montealto, durante la feria de otoño.

Durante la tertulia se señaló que de ciento cincuenta y siete picadores que han pisado el albero de la Monumental durante este año, sólo a uno se distinguió; con esto se pueden imaginar cómo está actualmente el primer tercio de la lidia. Seguidamente comenzó el turno de preguntas por parte de los aficionados, en el que se destacó la gran responsabilidad que tienen los picadores en la fiesta y se solicitó que ellos mismos fueran los protagonistas en la pica, ignorando en muchas ocasiones peticiones no acertadas de los matadores.

Se cuestionó y discutió el porqué de la excesiva dureza habitual en el primer puyazo y el simulacro que realizan durante el segundo, no administrando correctamente el castigo. El varilarguero, por otra parte, señaló cuestiones interesantes, como que un buen picador debe intentar picar al toro antes de que éste llegue al peto, adelantando la vara para detener el encontronazo, destacando también que los toros bravos y codiciosos son los que mejor se pican.
También se debatió mucho sobre la polémica de querer sacar los caballos de picar por la Puerte Grande, a lo que la gran mayoría de los presentes se opusieron con rotundidad a dicha propuesta. Igualmente se discutió sobre la posibilidad de crear una Escuela de Picadores. En tal caso, ¿aprenderían los del castoreño a montar a caballo y a estudiar los movimientos del toro o serviría simplemente para transmitir aún más los defectos actuales?

Ambos invitados compartieron la misma opinión: “La mejor escuela para un picador es aprender bien a montar a caballo y ser constantes para intentar mejorar cada día”. La necesidad de los monosabios durante la suerte de varas fue otro aspecto tratado y en éste todos estuvimos de acuerdo, resaltando asimismo el poco apoyo por parte de algunos profesionales (de los que tienen el capote y sólo miran) cuando alguien está en situación de peligro, por lo que a veces aquéllos se sienten desamparados.

Luis Durán nos comentó también la necesidad de que los caballos deben ir con los dos ojos tapados ya que de lo contrario se asustarían del bullicio de los tendidos y “bailarían la jota”, como hacen los dos caballos últimos que hacen el paseíllo, que van destapados, cuestión en la que estuvimos en total desacuerdo por incumplir el reglamento taurino actual, ya que el problema es su falta de doma. Claro que entonces los precios de estos jacos se dispararían.

También nos nombró alguno de los caballos destacados que han pasado por su cuadra como El Barsa, El Rubio, Bonito o el ya fallecido Asterix.

Se debatió también el hecho de que un factor perjudicial para dirigir el puyazo a su sitio es el desnivel de casi sesenta centímetros que hay en el ruedo de Las Ventas, desde los medios a las tablas, así como el problema del agujero de los desagües, además del peso del caballo y las excesivas dimensiones del peto, con un peso que alcanza los 27 kilos.

Y con la entrega de la placa de nuestra asociación finalizó la tertulia, no sin antes agradecerles con grandes aplausos la asistencia a nuestra tertulia, a pesar de la presión recibida. Un gesto que ojalá podamos repetir en la plaza cuando veamos ejecutar correctamente la suerte de varas, es decir, poner al toro en suerte enfrentado a los pechos del equino, torear a caballo y citar para provocar la arrancada del morlaco, la puya en el morrillo y en todo lo alto. Lo demás lo dirá el astado.

Así es la fiesta, con toros encastados o no, flojos o fuertes, bravos o mansos, pero los aficionados queremos seguir emocionándonos cuando se presencia un tercio de varas vibrante y de verdad, antes de que esta suerte tan importante caiga en decadencia o no tenga la más mínima importancia, tal como algunos pretenden.

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