Disfraces del siglo XVIII pero toros y toreros del XXI

1º) Guardamonte, de cinco años y ocho meses, abanto de salida y escaso de bravura, tomó un puyazo trasero de Diego Díaz al relance, saliendo suelto y un segundo entrando al trote y apretando más contra las tablas. El caballo cae pero se levanta sólo. Persiguió a los banderilleros hacia los adentros y llegó noble y con movilidad y transmisión a la muleta, especialmente por el derecho, aunque se dio un volteretón que le mermó sus escasas casta y fuerza. Palmas en su arrastre.

2º) Corneta, bizco del izquierdo, cinqueño, el mejor presentado de todos, muy largo y con cara desafiante de salida, llevándose el capote de Urdiales en los lances de saludo. Tomó un picotazo trasero y caído de Manuel José Bernal, derribando y saliendo suelto. En la segunda entrada recibe un picotazo trasero, desmonta al picador, el toro sigue fijo en el peto, aquél vuelve a montar y sigue picando trasero y caído. El toro sale del encuentro con el pitón derecho escobillado. Se deja en banderillas y en el inicio de faena arrolla y le da al matador un palotazo en la pierna derecha de la que este se dolió. Pronto, repetidor y con transmisión por el izquierdo. Ovacionado y pitado también en el arrastre. 

3º) Zambra, negro sapicado de espectacular capa, pero el de menos fuerza del encierro. Entró galopando a un puyazo trasero de Antonio Galván “El Bala hijo”, se dio la vuelta por los adentros salió y volvió a recibir un picotazo en el mismo sitio. Galopó con buen son a un tercer picotazo trasero y se quedó templado pero corto para la muleta, colándose por los dos pitones y perdiendo las manos varias veces. Pitos en su arrastre. 

4º) Simpático, cinqueño, el que más poder mostró de salida. Recibió al galope una vara trasera, empujando y derribando al jaco de José Manuel Quinta y entrando a una segunda, marrando en el brazuelo y rectificando luego también trasera. En la muleta duró poco y mostró su escasa casta. Pitos en su arrastre. 

5º) Boticario, el más manso y descastado de la corrida, recibió un picotazo trasero y caído de Manuel Burgos y luego una vara trasera y caída. A mitad de faena se echó por dos veces sin querer pelea. Pitos en el arrastre.

6º) Dudoso, con cinco años y medio, recibió un puyazo trasero y largo de Antonio Prieto “Hijo”, perdiendo las manos a la salida y un picotazo trasero en su segunda entrada. Quedó con pocas fuerzas pero muy noble para la muleta. Palmas en su arrastre. 


  • JOSE LUIS MORENO: (de marfil con cordoncillo negro). Estocada muy tendida casi superficial, caída y atravesada que escupe, pinchazo en los bajos, AVISO, estocada desprendida y dos descabellos. SALUDOS desde el tercio. Pinchazo, otro pinchazo hondo que escupe, AVISO, estocada desprendida, dos descabellos y se echa. SILENCIO.
  • DIEGO URDIALES: (de mostaza y cordoncillo negro). Estocada contraria, trasera y atravesada (debido sobre todo a que el toro perdió una mano al embestir) y se amorcilla. AVISO, dos descabellos, AVISO y descabello. PALMAS y SALUDOS e INTENTO de VUELTA frustrado por el sector “duro” de la plaza. Pinchazo, se echa el toro, tres puntillazos, se levanta y se vuelve a echar. SILENCIO.
  • SERGIO AGUILAR: (de grana y cordoncillo negro). Estocada arriba ligeramente atravesada de efecto rápido. SILENCIO. Bajonazo atravesado. Petición y VUELTA.


Otro año más nos impusieron la corrida de disfraces antiguos, anunciada a bombo y platillo como “goyesca”, pero con petos en los jacos, con burladeros…y con toros y toreros de doscientos años después. Y todos destocados hasta en el paseíllo. Claro que cualquiera se sujetaba los bicornios, que parecían de cartón…O sea que de “goyesca” poco o nada. Ni siquiera los varilargueros se tocaban con el calañés o “de medio queso”, sino con el castoreño, mucho más moderno ¡Ay, si don Francisco “el de los toros” hubiese acudido ayer, al ver tales despropósitos yo creo que no volvía más y se acababa su afición! Lo mismo que está pasando poco a poco con la de los aficionados cabales actuales. Y eso que la terna de toreros era esperanzadora, pues han mostrado ya en nuestra plaza de lo que pueden ser capaces en un buen día y con unos toros que les “aprieten” y hagan honor a su condición “de reses de lidia”. Pero, amigos, vaya racha; en las dos últimas corridas, de los doce toros anunciados sólo se han aprobado tres. El 75% han sido rechazados. Y eso que no han pisado aún las figuras el albero de Las Ventas… 

Este año, los ganaderos lo van a tener crudo. Entre las lluvias invernales, las fundas de los pitones, la búsqueda y crianza de toros descastados que no creen problemas (tontos, aunque los taurinos les llaman “nobles”) que alcanza ya no sólo a las consideradas figuras sino a la mayoría del escalafón, la pérdida paulatina de poder en la cabaña brava y consecuentemente la degeneración generalizada del espectáculo por el escaso mérito que hay que dar a las actuaciones de los toreros al enfrentarse al medio-toro, hace que la temporada se presente negra, negrísima, para los aficionados. Y posiblemente los taurinos, sin darse cuenta, estén matando la gallina de los huevos de oro. Y le echan la culpa a los antitaurinos y ponen mesas para recogida de firmas…a favor de la fiesta ¡Venga ya, hombre..! 

El diestro cordobés de Dos Torres, José Luis Moreno, tras su esperanzadora recuperación mostrada en la anterior temporada dio un paso atrás. Con su primero, que le ofrecía facilidades para haber puesto la plaza boca abajo, nunca se acopló, se lo echaba afuera y mostró tremendas dudas, yendo a menos su labor. Al cuarto lo lanceó bien de capote pero le dió pocas opciones en la muleta y él tampoco se esforzó. Además mató mal a ambos. Sólo destacaremos sus buenas intenciones en todos los quites.

El arnedano Diego Urdiales lo intentó con el segundo de la tarde, de gran transmisión, estando siempre con muchas ganas, aunque posiblemente quedó mermado físicamente por el golpe recibido en la pierna al principio de su faena. Los tendidos siguieron con interés su actuación, le jalearon en diversos pasajes pero todo lo emborronó con el descabello, recibiendo dos recados del palco e incluso cerca estuvo el tercero. Y el público se enfrió. El quinto, prototipo del descaste absoluto de la cabaña brava actual, se echó repetidas veces, y hubo que apuntillarlo ¿Dónde estaba la lidia (sinónimo de lucha, pelea) que se supone a un toro de su condición? Que conteste el ganadero, Sr. Finat y Excmo. Sr. conde de Mayalde, si es que sabe y puede.

El tercero de la terna era el madrileño Sergio Aguilar, que apenas tuvo opciones con el tercero, pues se le coló peligrosamente primero por el derecho y luego por el izquierdo y en cuanto le obligaba perdía las manos. El sexto se quedó con pocas fuerzas tras el primer tercio pero obediente en la muleta. A base de porfiar llegó a templar algunos pases y alargarlos, todo al final de su faena, lo que calentó algo al personal “dominguero y no habitual”. Y al matar de una estocada baja de efecto rápido incluso le pedirían la oreja que el palco no concedió, quedando todo en la vuelta al ruedo que dio y que al final estaba con las gradas casi vacías. Supongo que los juntaletras aduladores hablarán ahora de “robo” desde el palco, pues es lo que siempre hacen. Podrían hablar más de la verdad y de los quilates del toreo del madrileño y si su labor mereció el trofeo. Es lo que ocurre en la mayoría de plazas, pero no debe ocurrir en la primera, Las Ventas, que debe ser referencia del resto del planeta taurino.

Parece ser que en los tiempos de Goya se lidiaban muchos toros mansos, más que ahora, puesto que la única selección era la natural (sólo los más fuertes sobrevivían), pero seguro que la mayoría eran más fieros, más salvajes y daban mayor espectáculo. En definitiva, mucho oropel, figuración y parafernalia pero lo importante de una corrida “goyesca” del siglo XVIII, es decir toros y toreros, brillaron por su ausencia.

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