Fandiño, otra vez bien


  • EL FUNDI: (verde hoja y oro): pinchazo cuarteando y media en el sitio (silencio). Estocada baja y descabello (pitos).
  • IVÁN FANDIÑO: (lila y oro): estocada (vuelta al ruedo tras aviso). Estocada trasera y caída (oreja).
  • ALBERTO AGUILAR: (berenjena y oro): estocada honda y trasera (saludos). Varios pinchazos, con una media estocada trasera y muy tendida de por medio, dando muerte al bicho con el descabello (silencio tras aviso).

Presidencia: Don César Gómez, sin problemas.


El primero de la tarde, “Aragonés”, es recibido por la afición madrileña con palmas, empujados por la ilusión y las ganas de ver este querido hierro, amén de la gran estampa que luce. Sale dormido el animal pero poco a poco se ve que no tiene un pelo de tonto, hace una pelea vulgar en el caballo sin que Fundi ponga mucho empeño en ponerlo en suerte. Aparece Fandiño en escena, quitando con dos chicuelinas y una media en las que se vio como “Aragonés” buscaba los tobillos. Como es propio en este hierro, espera y gana el terreno en banderillas, la cuadrilla parece que no lo sabe porque no encuentran los recursos para que aquello resulte lucido, en el siguiente mejoraron notablemente este aspecto. Fundi se enfrenta al bicho en los terrenos del seis, intentando alargar la embestida del animal y se sale con el toro un poco más allá de la segunda raya. Le presenta la muleta montada, con la mano diestra; en la segunda tanda, “Aragonés” avisa que no se anda con tonterías y le pega un buen susto al veterano torero madrileño, que cambia el planteamiento e inicia un solvente macheteo por bajo que es bien recibido por algunos aficionados que advirtieron el peligro del toro. No sin antes ser avisado nuevamente, Fundi lo despacha con una media lagartijera de efecto fulminante, precedido de un pinchazo cuarteando. Silencio para toro y torero.

Con más brío sale “Zapato”, de pelo negro, con rizos en la pelota y capacho de cuerna. Fandiño lo lleva hasta los medios con la capa y remata con una media. “Zapato” se quiere quitar el palo en el caballo, el diestro hace las cosas bien y lo coloca en suerte para una segunda vara, quedando bien claro que “Zapato” acepta el castigo, se deja pegar y poco más. Aguilar pretende lucirse en quites pero el toro no se presta y tiene que desistir. Jarocho anda muy bien con los palos y con inteligencia le gana la partida al toro. “Zapato” tiene pies y mucho que torear, Fandiño calienta rápido la plaza, sin miramientos, torea en redondo por la derecha, firme, serio, dispuesto, con dos tandas iniciales de cierto mando, ajustadas y vibrantes. Luego vino otra serie de menos fuste. Ahora toreo fundamental, con la mano izquierda; en la primera no hay acople, en la segunda Fandiño consigue mandar en algún muletazo. La faena ya está hecha, el toro espabila cada vez más y sólo admite tandas cortas, así que el torero vasco toma el estoque de acero y con rectitud y presteza asesta una entera que pasaporta al toro. Deja buen sabor, pero no el suficiente como para que aparezcan los pañuelos de la gran mayoría, dando una vuelta al ruedo tras recibir palmas el toro camino del desolladero.

“Aviador” se apoda el tercero, es de pelo castaño, un rara avis en la ganadería de Cuadri que al parecer da muy buenos resultados. El toro tiene plaza, es grande, imponente y bello como la catedral de Burgos. Al llegar al capote de Aguilar se frena pero después de algún galope “Aviador” muestra su poderosa arrancada frente a la capa del joven matador, que consigue salir de terrenos comprometidos, sin gracia y sin rematar. Juan Carlos Sánchez es el encargado de ahormar el poder y la descompuesta embestida del toro; se agarra en los bajos en el primer encuentro, “Aviador” romanea poniendo al caballo por los aires hasta dar con él en el suelo, donde lo embiste para después salir suelto a terrenos del diez y del uno. El toro es puesto en suerte para la segunda, Juan Carlos Sánchez espera con la caña preparada, se agarra en mal sitio y sube a las alturas otra vez, “Aviador” romanea que da gusto. El Fundi, con los galones de director de lidia, pone al bicho en suerte para una tercera vara, no con mucho acierto porque lo coloca muy pasado, entre el ocho y el nueve, cerca de los terrenos que a “Aviador” tanto le gustan. El toro desparrama la vista hacia su querencia y se quiere ir allí, el picador tiene que ir a buscarlo y una vez se reúnen “Aviador” se marcha rápido del caballo sin pelear y se acula en el uno, todavía engallado. Entre tumbos, romaneos y huidas el poder del bicho no ha sido convenientemente atemperado. El toro es banderilleado en sus terrenos de forma resuelta. Tocan a matar, Aguilar decide comenzar en los terrenos del cinco, desconozco si lo hace porque es allí donde se encuentran los papelillos o con la inteligente determinación de alejar al toro de sus querencias. A las primeras de cambio, por el pitón derecho, “Aviador” se arranca como un tren de alta velocidad y lanza una tarascada que desequilibra al matador, el toro se revuelve como un gato y lanza un nuevo derrote al diestro, que va a parar al albero, donde el toro lo busca y lo pisotea. Milagrosamente, Aguilar se sobrepone y con la muleta en la mano izquierda se va hacia el toro, que huye de la pelea y se marcha, adivinen dónde, a los terrenos del diez y del uno. Y una vez ahí, el diestro vuelve al natural, apretando el toro con codicia en su querencia. Hasta aquí llega Aguilar, que dice basta, desiste y decide doblarse con el toro. Ya con la espada, se enfrontila en suerte contraria entre el uno y el dos, con el toro mirando a chiqueros, que lo espera para lanzarle la cornada, de la que se libra de puro milagro, dejando una meritoria estocada honda en lo alto, algo trasera. A mi entender, corrió mucho riesgo estoqueando, posiblemente hubiera sido más fácil si le da salida al toro hacia su querencia en vez de querer entrar en ellas, cosa que el toro no estaba dispuesto a permitir. Con el bicho moribundo en tierra, se dirige Aguilar al callejón y todavía el puntillero las pasa canutas para rematar la vida del poderoso toro “Aviador”, un castaño de Cuadri, que recibe palmas y algunos pitos en el arrastre. Aguilar saluda, y por qué no, enfrentarse y estoquear a ese toro ha sido toda una proeza.

Se presenta en el ruedo “Formal”, negro, largo y muy badanudo. En el saludo de capa avisa de sus dificultades, ganando terreno a Fundi, que no anda con la maestría y lucidez de otros años. El toro tiene sentido, Fundi lo ha visto y no está dispuesto a resolver esas dificultades, hoy no es el día para hacer ese esfuerzo. Llegado el momento de las varas, “Formal” recibe tres señores puyazos, el picador recarga el castigo a placer mientras Fundi mira para otro lado, sin probar e intentar domeñar la embestida del toro a lo largo de todo el tercio, dejando que sea el peón el que quite al toro y lo sitúe debajo del peto, convirtiendo el tercio en un mero trámite. Con celeridad parea la cuadrilla, apareciendo Fundi con la franela para probar al toro, con desconfianza, viéndose que no ha mejorado en su comportamiento, cosa lógica con la lidia administrada. El torero de Fuenlabrada lo prueba con la izquierda para cumplir el expediente y a continuación se dobla con el toro, esta vez entre pitos. Lo despacha de un bajonazo y escucha muchos pitos del respetable. Algunos pitos también para el toro en su arrastre.

Fandiño recibe al quinto a la verónica, algunas limpias y otras enganchadas. El toro se llama “Podador”, serio y rematado. En la primera vara el animal anda frío, Fandiño no perdona para dejar alguna verónica estimable y una media de buen son, colocando al toro en suerte para un segundo encuentro. El picador provoca la arrancada de “Podador” con mucha torería, que recibe un puyazo en lo alto aunque trasero y es rápidamente sacado del castigo. Aguilar hace presencia en quites de nuevo, sin lucimiento. Meritorio tercio de banderillas de la cuadrilla, sobresaliendo con los palos Pedro Lara, que se desmontera. Suenan los clarines para el tercio de muerte y se escuchan algunas protestas, ya que algunos aficionados, con buen criterio, querían ver una tercera vara. Fandiño empieza en los medios con la derecha, siempre con mucha firmeza, pero no hay acople, el viento arrecia. Un poco más cerrado, frente al cinco, Fandiño saca algunos derechazos buenos, el toro tiene emoción y no es nada fácil. Con la izquierda ni templó ni mandó. Vuelve con la mano derecha pero el toro no quiere en la zona de las rayas, el toro quería medios pero el viento no lo permitió. Se ven unas valerosas manoletinas antes de que Fandiño entre a matar con rectitud, dejando una estocada trasera y rinconera, que valió una oreja con petición mayoritaria. El toro fue despedido entre ovaciones gracias a su encastada embestida. Lástima esa tercera vara que no fue.

Cierra el encierro “Bolo”, un cinqueño de mucho respeto, todo un barbas que no es recibido por Aguilar como conviene. Empuja en una interminable y durísima primera vara; en la siguiente, lo dejan en las rayas y el picador va a buscarlo para pegarle duro nuevamente. El tercio de varas no se ha visto, el matador lleva una paliza en el cuerpo y anda con la mosca tras la oreja después de enfrentarse al poderoso castaño anterior. El que nos ocupa es un toro que exige decisión, técnica y colocación, ha quedado muy parado y mirón para la muleta. El matador duda continuamente y recibe algún susto de “Bolo”, por lo que aquello no resulta lucido. Con el estoque, Aguilar da un mitín y finalmente da muerte al toro en la suerte de descabellar. Ambos fueron silenciados.

Te Recomendamos

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas su uso. Aceptar | Más información