Sustos tras sustos

Primer toro, Aviadorito,de 528 kgs. Muy bien armado de gran trapío; salió barbeando las tablas e in tentó saltar la barrera; manso y muy peligroso. Fue recibido con admiración y causa el pánico que hace saltar el olivo a Rafaelillo e instantes después persigue y cornea al peón José Mora. Muy mal picado, con saña, recibe cuatro puyazos en los bajos del 10, siendo el picador Antonio Muñoz muy protestado. Pitos en el arrastre.

Segundo toro, Sombrerero, con 511 kgs. Manso, abrochado de pitones, flojo de cuartos traseros y zapatillero. Recibe dos puyazos, el segundo un picotazo, y se repucha bajo el peto sin darle salida el picador. A pesar de su mansedumbre tuvo una muerte de bravo en el centro del ruedo; ligeros aplausos en las mulillas.

Tercer toro, Tomatillo, con 542 kgs. Buena presentación, descastado y flojo; Puyazos traseros romaneando. Silencio en el arrastre.

Cuarto toro, Sevillanito, de 521 kgs. Aplausos de salida por su impresionante trapío, bien armado, flojo de patas y escasa casta. Puyazo y picotazo traseros; tragándose la muerte, es ovacionado en el arrastre.

Quinto toro, Tostadito, con 533 kgs. Manso, descastado y con nobleza. Recibe dos puyazos traseros recargando la vara. Silencio.

Sexto toro, Aviador de 556 kgs. Aplaudido de salida, manso y escasa casta, noble y repetidor en la muleta. Recibe dos puyazos traseros. Ligeras palmas en el arrastre.


  • Rafael Rubio Rafaelillo: vestido de “añil y oro”. Estocada tendida y trasera. Aplausos con protestas. Aviso seguido de un metisaca en los bajos; saludos desde el tercio.
  • Antonio Barrera: de “caña y oro con cabos negros”. Pinchazo y estocada desprendida y atravesada. Silencio. Dos pinchazos y sin entrar a matar el toro cae y es apuntillado con permiso del presidente. Silencio.
  • Serafín Marín: vestido de “rosa y oro”. Pinchazo y estocada; un descabello. Silencio. Estocada casi entera trasera, tendida y desprendida seguida de tres descabellos. Pitos.

Tercio de varas: en general mal picados pues casi todos los puyazos fueron traseros y bajos; los tres toros primeros romanearon en el caballo y al primero se le masacró en varas. Ninguno hizo una pelea seria en el caballo. Plácido Sandoval y Juan José Esquivel recibieron ligeras palmas por su actuación en el segundo y cuarto toro respectivamente. 

Presidió sin problemas Julio Martínez.


Empezaba la tarde como terminó la anterior, con el susto en el cuerpo. No había hecho más que saltar el primer “albaserrada” cuando se empezó a sentir en los tendidos la expectación y la emoción de ver un toro de lidia de verdad en el ruedo: Nervios, miedos, toreros saltando la barrera, carreras, desconcierto… y un subalterno corneado, atenazado por el pánico; todo lo que forma parte de la esencia de la fiesta a pesar de que queramos últimamente disfrazarla de ballet inofensivo. Ya habíamos tenido una dosis de emoción con Fandiño y Mora el día anterior y parecía, y deseábamos, que la casta y la bravura nos reconciliaría con los añorados toros de Adolfo Martín; pero siento decir que no fue así. A excepción del peligroso primero, los “adolfos” ni fueron alimañas, ni bravos, ni presentaron serias dificultades a los toreros, ni encastados; más bien al contrario, noblotes, sosos, metiendo la cara, sin hacer extraños. Pero claro -no son la “tonta del bote”- listos y sabiendo lo que se dejaban atrás, por lo que debían hacérseles las cosas muy bien, plantar las zapatillas y mandar desde el principio; en general los toros estuvieron por encima de los toreros y a más de uno se les pudo desorejar. Los aficionados esperábamos más del ganado y nos quedamos echando de menos la casta y la bravura.

Rafelillo, desbordado en el primero por su enorme peligro, sorteó con oficio y valor los gañafones de un toro que buscaba el cuerpo y al que debió llevar más tapado en las series y sobre todo haber castigado más por bajo antes de matar; bastante hizo con salir ileso de la empresa. En su segundo al que recibió con dos buenas verónicas, no estuvo a la altura de un toro que metía bien la cara y al que le faltó dominar con temple, muletazos fuera de sitio, sin cruzarse; tan solo dio una buena serie de derechazos pero con la izquierda, aunque lo intentó, no pudo con un toro que se revolvía en un palmo de terreno; puso voluntad pero el toro le desbordó. Rafaelillo es un torero con valor y pundonor que al menos siempre viene con ganas a Madrid y con ganado nada fácil. No se puede decir lo mismo de los otros matadores de la terna, Tanto Barrera como Marín, estuvieron sin ganas, miedosos y sin ideas; los toros muy por encima y eso que se llevaron los lotes menos peligroso y complicados. El sevillano sin sitio, toreando siempre con la muleta retrasada, sin dominar…al quinto, un toro que humillaba y repetía, se empeñó en un toreo encimista que ahogó la embestida corta del toro. Hay que lidiar y poder a estos toros y Barrera no supo o no pudo hacerlo. Marín, que venía con el apoyo popular tras el cierre de Barcelona, tuvo una tarde pésima. La faena al tercero fue insulsa, sin emoción a un toro que más bien “toreaba” al torero; corriendo, perdiendo pasos y sin saber qué hacer. Al sexto, que era un toro para hacer faena, más de lo mismo. Así no se puede venir ni a Madrid ni a ninguna plaza; mucho tiene que cambiar en actitud y ganas. 

Y así se echó el cierre a la feria otoñal que por sus calores, más han parecido sus tardes domingos de agosto. Y se despidieron los compañeros de abono y se deseó salud para el invierno. Mientras a más de uno -y de dos-, nos entraba el temor de los tiempos venideros: Interrogantes y dudas sobre el porvenir taurino que nos espera, pues visto lo visto esta temporada… toros sin casta, triunfos de pacotilla, indultitis al medio toro, mandones que solo buscan sus intereses, chavales que no pueden torear, componendas de empresarios y politiquillos… para llorar. Libertad para la fiesta sí, pero para exigir una fiesta brava seria y de verdad. ¡Libertad, libertad!

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