D. Salvador Gavira García, representante de Toros de Gavira

Salvador Gavira García, argumento: Lista Negra de ganaderías.

Con más de tres cuartos de entrada en el salón de Actos comienzaría la tertulia, con la presentación de nuestro invitado, D. Salvador Gavira García, por parte del Presidente de La Asociación del Toro de Madrid, el cual comentó que el ganadero gaditano acudía a nuestra tertulia a petición propia, con el único propósito de exponer las causas de su desacuerdo al aparecer el nombre de su vacada en la “Lista negra de ganaderías” que La Asociación del Toro de Madrid hace pública anualmente en función del juego que, bajo su criterio, ofrecen las vacadas que acuden a la plaza de toros de Las Ventas. Se le explicó que, aunque popularmente todo el mundo la llama Lista Negra, realmente no es sino una lista de aquellas ganaderías que a nuestro entender no deberían venir a Madrid al año siguiente. Un detalle más, como demostración de que esta Asociación es independiente y que su único compromiso es velar por la integridad de la fiesta, midiendo a todos los miembros que participan en ella, sean ganaderos, toreros o empresarios, con objetividad. Aunque a veces también pueda ocurrir, como personas que somos, que podamos caer en algún error pero, insisto, siempre siguiendo la estela de la integridad del objetivo que nos mueve, que no es ni más ni menos que la del toro de lidia y una manera de estimular a los ganaderos que velan por la integridad de sus reses y por tanto por la integridad de la fiesta, pues el toro debe ser lo primero. Sin éste todo lo demás es mentira.

La primera muestra de sus desavenencias la hizo patente el ganadero a través de una carta dirigida a la Asociación El Toro de Madrid, donde exponía los motivos por los cuales no admitía el tratamiento dado a su ganadería y por ello se le invitó a venir a nuestra tertulia, para que pudiera defenderse y también, por supuesto, para además poder hablar de toros con todos nosotros. No hubo que limar muchas asperezas para que la sintonía entre nuestro invitado y los asistentes fuera plena. Todos comprendimos desde el primer momento que este caballero había tenido el valor de dar la cara ante un grupo de aficionados que pueden mirar muy alto a todo aquel que se permita criticarlos ya que, como expuse anteriormente, el único móvil que mueve a todos sus componentes y simpatizantes es la seriedad de la fiesta, justamente lo contrario que hacen los que la dirigen.

Hombre de palabras y de exposiciones claras y concisas, a través de ellas se pudo comprobar que siente pasión por su ganadería y por todo lo relacionado con el mundo del toro. Arquitecto por sus estudios, aunque nunca haya ejercido como tal y ganadero de profesión, es un hombre de fuerte carácter, aunque a veces arisco en el trato, pero va siempre por derecho y actualmente es el responsable, junto con su hermano Juan, de la ganadería “Toros de Gavira” desde el trágico accidente que le costó la vida a su padre en el año 2005, cuando realizaba una labor de campo en una de sus fincas. Una vez que expuso su razones, continuó diciendo que su único interés era hablar de toros. Y eso era precisamente lo que deseábamos todos los asistentes.

Y así comenzaron a deslizarse sus vehementes palabras, comenzando por decir que el objetivo principal de las tres generaciones de ganaderos que ha habido en su familia ha sido triunfar en Las Ventas, sintiéndose molesto de que su ganadería, que ha servido para encumbrar a muchos toreros, la mayoría de las veces sea lidiada en Madrid por toreros modestos. Reconoce haber cometido muchos errores desde que se hizo cargo de la vacada, pero nunca ha intentado perder su identidad a través del fraude, como les ha ocurrido a otros ganaderos.

De familia de etnia gitana, originaria del pueblo malagueño de Casares, fue su abuelo, Salvador Gavira Sánchez, una persona emprendedora en el mundo de los negocios, aunque estos unas veces fueran más claros que otros, pero hay que tener en cuenta que en los años en que se desarrollaron estos hechos era muy corriente el trapicheo de compra y venta y él aplicó su inteligencia en distintos frentes, entre ellos, el de tratante de ganado y el estraperlo, a través del cual, negociando con el tabaco procedente de Gibraltar, amasaría una pequeña fortuna. “Fue amigo de cantaores y bailaores y de la vida bohemia de su época y llegó a enamorarse de una joven de bella estampa que hizo que el amor le crujiera hasta los huesos”, según relató apasionadamente nuestro invitado. La primera compra relacionada con el ganado bravo la realizaría su abuelo en el año 1.956 y sirvió para que su padre, Antonio Gavira Martín, de salud precaria, sintiera el “apego” por los toros. Pero al no poder contar con la fuerza necesaria que exige la gestión de una ganadería, contrató para estos menesteres a un mayoral, A. Álvarez “Campito” que, a la postre, sería el pulmón y cerebro del negocio.

Siguiendo con el relato, su padre le compraría después una finca a Ruiz Mateos en La Almoraima, lo que le llevó a su primera ruina económica. Este hecho provocó que tuviera que vender la ganadería, quedándose sólo con 50 vacas aunque Curro Romero, con el que tenía gran amistad, le prestara una finca, marchándose posteriormente a Sevilla. A su regreso a Gibraltar y tras un golpe de suerte pudo recomprar la ganadería y posteriormente un lote de ganado a Salvador Domecq. Independientemente de estos avatares de la vida, la ganadería estaba muy mal cuidada en cuanto a sanidad y para colmo la sequía que se produjo en 1.982 afectó mucho al ganado, a lo que hay que añadir la poca cara que siempre había tenido su encaste. Pero como todo no iban a ser penalidades, nuestro ganadero invitado nos narró la divertida historia de cómo se hicieron con el cornalón novillo del hierro de “El Torero”, indultado en Barbate en el año 1.985, de nombre “Cantaor”, en el festival homenaje del primer aniversario tras la muerte de “Paquirri”, lidiado por “Riverita” (hermano de éste). De los productos de este novillo, su padre seleccionó varios sementales, que fueron los que hicieron la ganadería. Por tanto, durante la década de los noventa, consiguió que sus toros salieran ya con más cara, hecho que le permitió entrar en algunas plazas de primera pero, a pesar de esto, su familia siempre ha considerado que los cambios genéticos en una ganadería necesitan varios años. Durante su relato, nuestro invitado expuso con gran pasión todo lo relacionado con su padre, definiéndole como “una persona que reciclaba su afición” y que a él le gustaría seguir en esa línea y llevar a la cumbre su ganadería, también por afición.

Siguiendo con su exposición comentó que, por aquella época, los críticos taurinos de TVE (una de las únicas dos cadenas que había entonces) Mariví Romero y Manuel Molés le hicieron mucho daño a su ganadería, ya que considera que de la misma manera que se critica lo malo debería destacarse también lo bueno, salvo que existan intereses por medio. Y eso fue lo que no hicieron estos periodistas, al menos con su ganadería.

Sobre la procedencia de sus toros aseguró que se ha demostrado, mediante pruebas de laboratorio, que tienen sangre del antiguo encaste morucho de Raso del Portillo, a través de la ganadería que formó José Marzal (al que llamaban en Olivenza “El Sordo”, aunque algunas fuentes indican que no lo era, sino que se lo hacía) tras la compra que realizó de lo de Matías Sánchez Cobaleda y que, tras sucesivas ventas, llegó a manos de su padre. Aunque en su día se vertieron comentarios de que José Marzal envió al matadero lo que procedía de Sánchez Cobaleda (eliminando con ello lo que tenía de Raso de Portillo y formando su ganadería con reses procedentes de la Viuda de Soler, cuya procedencia era Ibarra, Parladé y Conde de la Corte, aumentadas con sementales de Pablo Romero), al parecer no fue del todo cierto, ya que Julio Fernández, veterinario de la UCTL, encargó hace años un estudio genético de ADN de varias ganaderías y demostró la falsedad de estos hechos, dando por cierto el predominio de esta sangre castellana en su ganadería. Nos comentó también que su padre nunca dejaba que se extinguieran las reatas, con el fin de mantener en ellas la sangre de la ganadería de El Raso. En 1.985, su padre refrescó esta ganadería con productos procedentes de El Torero, propiedad de Salvador Domecq. Consideró que el tipo de la ganadería de Raso de Portillo engancha a través de su ganadería con el toro del siglo actual.

Consideró a su padre como el artífice de su vacada, añadiendo que como persona era muy humano. Y ayudó a varios toreros, de los cuales algunos llegaron a ser figuras, como los casos de Rafael de Paula y Morante de la Puebla. Como consecuencia de ello, estos toreros nunca rehusaron matar corridas de esta ganadería.

Salieron a relucir las relaciones que mantuvo su padre con Baltasar Ibán y posteriormente con los administradores que heredaron los bienes de este ganadero, los jesuitas del ICAI. Según expuso nuestro invitado, su padre alquiló la finca “Vega Blanquilla”, en el término de Alcalá de los Gazules (Cádiz), a dicho ganadero, pero tras el fallecimiento de éste, se hizo cargo de sus bienes la congregación de los Jesuitas del ICAI, los cuales llevaron a cabo una nueva renegociación de las relaciones en cuanto al arrendamiento de la finca. Según su parecer, debió de ser como una partida de póquer, donde los jugadores eran grandes expertos en sacar el máximo rendimiento a sus jugadas, por lo que consideró apasionante este hecho. Al final, su padre debió realizar una jugada maestra, porque le sirvió para quedarse con la mejor parte de la dehesa y la que menos fue anegada tras la construcción de un pantano en la zona, que llegaría a sepultar bajo las aguas varios pueblos de las cercanías.

Siguiendo en la línea del fundador de la ganadería, consideró también a su padre como un adelantado a su tiempo, aunque lo definió como muy radical. Cuando se hizo el nuevo Reglamento y se implantó la Ley Corcuera, escribió una carta denunciando el posible problema del monopolio algo que, después de algunos años, se ha demostrado imponerse en la actualidad. Quiso así llevar a cabo una hermandad entre los ganaderos y los aficionados pero no resultó. También habló sobre los arrendamientos de las plazas de toros, considerando que deberían hacerse por fechas, pues de esta manera los empresarios mostrarían más empeño en el desarrollo de su cometido y aumentaría la competitividad entre ellos.

Igualmente aseguró que su padre era un estricto defensor de los públicos que asistían a las plazas, ya que consideraba que eran los que realmente mantenían la fiesta, añadiendo que fue un hombre que se metió tanto en su papel de ganadero que llegó a anteponer esta afición incluso a su familia. Concluyó nuestro invitado el panegírico de su padre diciendo que “siempre consideró que la base de una buena ganadería era que sus hijos recibieran un buen legado y que lo mantuvieran a través de la unión familiar, sobre todo en las familias más modestas, puesto que la división familiar era el fin de una ganadería”. Y se refirió a ejemplos recientes que avalan estos comentarios, como la familia Guardiola, la de Buendía, etc. En suma, era un ganadero representativo de las ganaderías de lidia y siempre consideró a los miembros de la Unión de Criadores como un “club de jubilados”.

Salió a relucir el tema de las explotaciones turísticas de las ganaderías, a lo cual aportó que para sobrevivir en este oficio hay que hacer encajes de bolillos. Pero nuestra creencia es que los ganaderos nunca se tenían que haber puesto en manos de los taurinos. Comentó el caso de la ganadería de Núñez del Cuvillo, que después de llegar a la cúspide de los ganaderos, se ha podido permitir el lujo de poner firme a más de una figura del escalafón, pero eso lo puede hacer en la actualidad un ganadero de moda como él. Respeta al aficionado que va a la plaza aunque en muchas ocasiones no esté de acuerdo con sus opiniones, aunque considera que es fundamental que el ganadero esté en comunión con la afición.

Salió también a relucir su corrida de la última feria de Otoño, lidiada por Iván Fandiño y David Mora. Se cruzaron comentarios entre el ganadero y los aficionados presentes. El ganadero comentó no estar de acuerdo con las críticas al toro salpicado, de nombre “Fantástico”, al que le cortó la oreja Fandiño, pero reconoció salir decepcionado del juego ofrecido en su conjunto, ya que considera que sus toros no han llegado aún a ese nivel de fortaleza que a su criterio deberían tener. Entrando en detalles comentó que el torero lo que desea es ”toro chico y muleta grande” y el empresario “moneda chica y toro grande”. Su concepto es que el toro dé buen juego en el ruedo y que cada uno cobre en función del resultado. Sobre este último comentario, creemos que podía ser una de las soluciones y que podría terminar con las prebendas que algunos toreros reciben de sus mentores y por supuesto con la corrupción dentro de la fiesta. Considera también inaceptable que, en la época de la transparencia, los taurinos escondan las cifras que se manejan en este negocio y que nadie sepa con certeza, por ejemplo, cuánto cobra de verdad un torero.

En cuanto al fin que persigue en su ganadería, lo basa en dos escalas fundamentales, dar más cara a sus toros y además más fiereza. Considera que muchos ganaderos han prestado mucha atención al juego final de sus reses, ya que muchos toros se han rajado en la muleta después de ofrecer un buen juego durante los tercios anteriores. Esto viene motivado por la casta que tenga el toro, pero si se limita este comportamiento se puede caer en el error de criar el toro “bobo”, que hoy está de moda por la exigencia de los taurinos y que ha dado origen a muchos indultos de animales que no han hecho el más mínimo mérito para volver a la finca de nuevo. Y concluyó diciendo que sobre el juego del toro también influye mucho la faena del torero y que hoy, debido a los gustos que se han impuesto en los públicos, no se concibe una faena de sólo 25 muletazos.

De esta manera llegaron las diez de la noche y debido a la pasión y al interés mostrado por algunos aficionados presentes, otros muchos se quedaron con la ganas de intervenir para preguntar al ganadero las curiosidades que de otra manera nunca llegarían a conocer. Pero así son las tertulias, por un lado apasionantes y por otro creando emoción, que es lo que le falta a la fiesta. Esperemos pues que se elimine el nivel de comodidad que se ha creado en torno a los toreros-figuras y salga el toro que imponga en los ruedos el respeto que se merece y se aproxime a la emoción creada en nuestras tertulias. Si no es así es que lo que sale por los chiqueros no merecerá la pena que pise el albero de las plazas. Gracias, ganadero y que siga en esa línea de mantener y mejorar ese toro ideal que tiene en su mente, le llamen o no “el toro de Gavira”.

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