Algo huele a podrido…en el planeta de los toros

1º) Cajero. Cinqueño, manso y de escasa casta. Entra al relance a una vara de Francisco de Borja sin apretar y se escapa y en la segunda le tapa la salida y muestra su mansedumbre y escasa casta. En banderillas aprieta hacia tablas. Comienza la faena en los adentros y provoca un desarme, lo saca a la segunda raya, luego a los medios y tampoco. Sin entregarse nunca en las embestidas. Iván se desinfla. Pitos en el arrastre.

2º) Sacudido (cinqueño de Vegahermosa). El más pobre de cara. Manso, descastado e inválido, perdiendo las manos en cuanto intentaba entregarse. Antonio Prieto le receta una vara muy trasera que toma sin empujar, tapando la salida. En la segunda vara, también trasera, pierde las manos y muestra su falta de poder. Noble pero sin transmisión alguna en la muleta. Pitos en el arrastre.

3º) Flor-do. Cinqueño. Manso y descastado. Se arranca de lejos a Rafael Agudo, que le pica trasero e intenta quitarse el palo cabeceando. En la segunda entrada pierde las manos, le pican también trasero y caído, le tapan la salida y luego se queda parado. En la muleta su falta de fuerzas le hace defenderse y cabecear y Fandiño no termina de cogerle el aire. Algunos pitos en el arrastre.

4º) Envilecido. Manso, flojo y descastado. Picotazo al relance muy trasero de José Mario Herrero. Otro picotazo y pierde las manos. Sólo aguantó la primera serie tras citarle Mora a distancia desde los medios. Luego a menos y se acabó. Tampoco Mora le buscó los terrenos. Pitos en su arrastre.

5º) Hampón. Manso, descastado, mal de los cuartos traseros y parado ya de salida. José Francisco Aguado le da un puyazo trasero, protestando el toro. Quite por tafalleras de Iván y se le simula otro picotazo caído y trasero. Quite por verónicas de Mora. En la muleta comienza entregándose pero va apagándose en cada serie y termina muy parado y su matador desmoralizado. Pitos al toro.

6º) Camillero, cinqueño burraco de 631 kilos. Parado de salida, manso, flojo y descastado. Picotazo trasero y caído tapando la salida de Israel de Pedro y picotazo. Otro que se apagó enseguida. Pitos en el arrastre.

  • Iván Fandiño (champán y oro). 1º) Estocada corta tendida y ligeramente caída y se echa. Lo levanta el puntillero y descabello a la primera. SILENCIO. 3º) Media estocada desprendida y atravesada. Dos descabellos. SILENCIO. 5º) Aviso antes de entrar a matar y estocada trasera volcándose sobre el morrillo y soltando la muleta. OVACIÓN Y SALUDOS DESDE EL TERCIO. Despedido con cariñosas palmas, sobre todo por sus ganas de agradar.
  • David Mora (blanco y azabache). 2º) Estocada en el rincón. SILENCIO. 4º) Pinchazo desprendido sin soltar y estocada corta caída y trasera. Dos descabellos. SILENCIO. 6º) Estocada caída y atravesada. SILENCIO. También despedido con palmas cariñosas.

Cuadrillas: Se desmonteró “El Chano” en el sexto, por un buen primer par pero defectuoso el siguiente, por lo que obtuvo división al saludar, junto con el tercero Víctor Manuel. Lidió al segundo de la tarde con su típico capote de ala-delta y fue increpado por ello. Buena lidia de Miguel Martín en el quinto. Los demás cumplieron sin más.

Incidencias y otros: Tarde primaveral, con algo de viento racheado pero sin molestar demasiado a la lidia. Gran expectación y media entrada, lo que demuestra que, si se cuidan los carteles, en Las Ventas fuera de abono y aún en inicio de vacaciones, puede atraerse a la afición. Aunque se demostró que lo más importante siempre es el toro, que es lo que falló rotundamente. La afición salió una vez más decepcionada con la corrida, con esta empresa y con los “jandillas” elegidos para la ocasión ¿Quién los eligió? ¿Borja culpable? ¿Se compraron a precio de saldo? That’s the question. En uno de los momentos de silencio se oyó la voz de Rosco denunciando cómo está esta “porquería de ganado” en la actualidad. Cada matador brindó un toro al tenista Feliciano López. En el sexto, Mora le dio oportunidad de hacer un quite al sobresaliente Miguel Ángel Sánchez, que lo hizo fatal. Para tal viaje no hacían falta estas alforjas. Pitos finales de decepción al conjunto de la corrida. Un chusco gritó al final: “Que salga el mayoral”.

Parafraseando a Hamlet, algo huele a podrido…y no en Dinamarca, sino en el planeta de los toros. La primera corrida de este año en Las Ventas reunía en el cartel a los dos toreros (Iván Fandiño y David Mora) que habían ilusionado más a los aficionados madrileños en la temporada anterior. No son de los considerados todavía como “figuras consagradas” y sin embargo, para muchos aficionados venteños, habían sido los verdaderos triunfadores del 2012 y los que, de alguna manera, al decir de muchos nostálgicos, estaban posiblemente llamados a revolucionar el toreo, a poner todo patas arriba y a hacer la regeneración urgente con toros-toros que necesita esta fiesta, podrida por dentro…y por fuera.

Pues bien, en la Feria de Otoño última de la temporada pasada la empresa ya les acarteló en un mano a mano…con un encierro de Gavira, que resultó un fiasco pero que, a la postre, tuvo dos o tres toros respondones, peligrosos (con algún otro que terminó embistiendo con cierta nobleza gracias al esfuerzo de los toreros), ante los que estos dos jóvenes espadas pudieron mostrar sus virtudes, muchas de ellas aún con el verdor (pero también con la frescura) de su inmadurez pero, sobre todo y lo más importante, sin el amaneramiento de los innumerables “pegapases” del perri-toro doméstico que inundan la tauromaquia actual, nos aburren a los aficionados cabales y echan de las plazas a la mayoría de los que se acercan por curiosidad, aquéllos que seguramente no volverán a querer ver espectáculos donde la emoción brilla por su ausencia y a precios desorbitados, por mucho que les mientan los juntaletras interesados de los medios y la TV de pago (porque del resto de cadenas de TV en abierto nunca más se supo, a pesar del “paso a cultura” de los toros, esa panacea inventada por unos cuantos taurinos interesados que, según decían, iba a resolver todos los problemas de la fiesta).

Este año, al parecer, para repetir el mano a mano se les ofrecieron las corridas más comerciales (o “amables”) de Valdefresno, Montalvo, Manolo González y Jandilla, para que de entre ellas la eligieran los propios toreros. Y optaron por la última, la de Borja Domecq, que se supone tiene toros de sobra y aún le debería quedar algo de casta, aunque la mayoría de lo más encastado se lo hubiese vendido hace años a Gallardo para formar lo de Fuente Ymbro. Sin embargo, desgraciadamente, esa elección era un caramelo envenenado, porque ¿quién eligió los toros? Si lo hizo Borja, una de dos, si fue por las buenas no conoce su ganadería en absoluto o no conoce lo que hay que traer a Madrid (aunque él sí se lo crea). Y si fue por las malas y la eligió a propósito entonces está implicado en el fracaso. Por el contrario, si la elección la hizo la empresa, otro fiasco más de Taurodelta y sus veedores (si es que lo hizo de bone fide) o una verdadera conspiración para estrellar a estos jóvenes, si es que fue a posta, o comprándola a precio de saldo, porque “business is business” (el negocio es el negocio). Por último, nos queda otra hipótesis más. Que fuesen los toreros y sus representantes los que decidieron el ganado buenamente (dentro de lo que se les dio a elegir, claro). Sea en el caso que sea, lo que algunos tenemos claro es que suponemos que esa mafia o “crimen organizado” que maneja los hilos de la tauromaquia actual estará frotándose las manos, al poder “bajar los humos” a estos emergentes revolucionarios, que estaban despertando a la afición y así poder ahora rebajarles los honorarios para contrataciones futuras y dejar todo tal como está, “atado y bien atado”, a favor del G10 y de los poderes fácticos de la fiesta.

Sea por la razón que sea, lo que está claro es que con la corrida de esta tarde perdió la afición y sobre todo la tauromaquia. El desencanto de los más de diez mil asistentes era evidente al final del festejo, todos preguntándose qué había pasado. O mejor, qué no había pasado. Y tras meditarlo serenamente creemos que los toros fueron la principal razón, pero no la única. Pues aunque Fandiño comenzó su actuación a toda máquina, yéndose a porta gayola para recibir a su primero por gaoneras, lo que demuestra sus buenas intenciones y su disposición, al igual que Mora, que también lo intentó a su manera, a medida que los inválidos, mansos y descastados iban apareciendo en el ruedo y aguando el festejo poco a poco, el ánimo de los toreros iba cayendo en picado, al igual que la ilusión del público asistente. Por tanto, creemos que tampoco los diestros dieron su mejor perfil. Sólo nos hicieron despertar esperanzas y alegrarnos algo con algunos lances de capote en los quites, alguna tanda de muletazos sueltos y matando con rapidez. Poca cosa para lo que se esperaba. O a lo mejor es que tampoco pueden dar más de sí, ya que muchos aficionados esperábamos muchísimo más de ellos. Y puede que aún no estén tan cuajados como para llegar a esos niveles de exigencia que se les pedía. Pues que sigan madurando. Pero, ojo, que las oportunidades cada vez escasearán más, pues los “poderes fácticos” vigilan siempre e impondrán su “propia ley” con tal de no perder sus privilegios. Que lo tengan bien presente.

Lo que está claro es que antaño, cuando los toreros emergentes, con ganas y ambiciones, venían a Madrid, lo tenían muy claro, no se irían nunca a pie por la puerta de cuadrillas. O a hombros por la puerta grande o en camilla y a la enfermería. Pero, claro, eran otros tiempos, otros toros, otra tauromaquia. Ahora los “poderes ocultos” lo manejan todo. Por eso está esto como está, a las puertas de su desaparición. O de su conversión en un espectáculo más propio de un tablao o un escenario que de lo que siempre debió ser: la lucha cuerpo a cuerpo entre un hombre con su sola inteligencia y el animal que tiene la máxima fuerza bruta y la mayor resistencia física de la naturaleza, el toro de lidia.

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