Poca afición demostraron los toreros


  • Domingo López Chaves: De fucsia y oro. Media estocada atravesada, caída y delantera y dos descabellos. Tímidos pitos. Bajonazo de juzgado de guardia. Silencio.
  • Fernando Robleño: De tabaco y oro. Estocada caída tras aviso. Aplausos y salida al tercio. Estocada atravesada, delantera, contraria y dos descabellos. Silencio.
  • José María Lázaro: De sangre de toro y oro. Tres pinchazos y bajonazo que lo remata de mala manera. Silencio. Sablazo infame y dos descabellos. Silencio.

Cuadrillas y otros: Las cuadrillas tuvieron una actuación muy desafortunada, sólo destacó con los palos Jesús Talaván que le obligaron a desmonterarse en el cuarto. Los picadores por su parte estuvieron muy mal. Picaron trasero, les taparon la salida a los toros, algunos les hicieron hasta la carioca. El aficionado que vive la fiesta sintió ayer pena al ver la inoperancia que existe en los profesionales actuales. Sintió lástima al ver parear, por decir algo, al quinto de la tarde. Tuvieron que pasar cuatro veces por la cara del toro para dejar, donde cayeran, cuatro palos, se dice pronto, enseñándole al toro todo lo que no debía aprender. El mundo al revés. Los toreros que torean habitualmente, que sobre el papel debían tener los recursos para enfrentarse a este tipo de ganado, sale corriendo cuando lo oyen nombrar, y se dedican para salir del susto, a anunciar colonias y trajes, y estos pobres toreros, tienen que estar mendigando en los despachos los contratos y solo les ofrecen este tipo de corridas. 


Era una de las primeras corridas de las denominadas toristas, pues, hubo toros pero no hubo toreros. Todas las cuadrillas mostraron una falta de afición impropia de profesionales que se visten de luces. Se puede entender la falta de oficio en un torero que se ha vestido de luces en pocas ocasiones en la temporada y no tenga los recurso suficientes para enfrentarse a este tipo de ganado, pero es que todo lo que se vio en el ruedo fue una falta total de profesionalidad y los toros que no eran borregos, como los que lidian las figuras, terminaron aprendiendo lo que no debían, y como consecuencia poniendo en apuros a los toreros en la muleta, aunque en este caso en ningún momento mostraron aviesas intenciones.

No sería justo tampoco tratar de eximir a los toreros de este desastre, aunque fueron los que pagaron las consecuencias cuando les tocó enfrentarse a los bureles con la muleta. Ellos también participaron en el caos colectivo y en ningún momento trataron de evitarlo. A pesar de esto hubo toros que se dejaron torear, como exponente de este hecho fue el sexto, un toro con una nobleza impropia de este encaste, pero José María Lázaro se empeño en hacer el toreo moderno, colocándose en la oreja y por ahí el toro no pasó. Estuvo muy por debajo de su enemigo y sin recursos y al final se puso pesado intentando sacar del toro lo que antes no pudo hacer toreando. Su primero manseó en el caballo y blandeó, pero fue muy mal lidiado y el toro aprendió lo que no debía aprender. Con todo eso el torero sacó a relucir unas precauciones impropias de un torero que tiene que venir a la plaza a jugársela. Llegó un momento de la faena que no sabía qué hacer con su enemigo. Una pena. La próxima vez procure rodearse de una cuadrilla que por lo menos tenga afición.

López Chaves en su primero tuvo que enfrentarse a su enemigo, un toro con su gotas de manso, y a su cuadrilla, ya que en ningún momento trataron de hacer la lidia en condiciones y no fueron capaces ni de pararlo. El picador comenzó mechándole el lomo, a continuación los banderilleros le ofrecieron un sainete con la banderillas, y claro, lo antes dicho, estos animales que huelen la jindama a distancia, hay que hacerles las cosas muy bien y estar muy seguros delante de ellos, si no es así, que se queden en casa, que fue lo que debieron hacer todas las cuadrillas ayer. Así que cuando llegó la hora de tomar la pañosa, López Chaves sacó a relucir unas precauciones impropias de este torero, y el animal se hizo dueño de la situación desbordándolo. En el cuarto de la tarde un toro muy serio por delante, lo recibió de capote perdiéndole pasos aunque el toro metía la cabeza muy bien por ambos pitones. El torero no dejó ver al toro en el caballo. Con la franela comenzó la faena al revés, doblándose con el toro y sacando la muleta por arriba, en lugar de someterlo por bajo. Este torero sigue instalado en la inseguridad. El toro continuó metiendo la cabeza con claridad pero el torero no lo aguantaba, faltándole dotes de mando, de lidiador y posiblemente de corazó.. En fin, una pena, torero.

Fernando Robleño, al igual que sus compañeros tuvo en su cuadrilla a su peor enemigo. En el primero le dieron un recital al intentar parear, pero lo peor fue que el torero, curtido en mil batallas de este calibre, no quiso desmerecer a sus peones y cuando le tocó la hora de comprobar lo que le habían dejando sus compañeros de hotel, comenzó su faena como si un torero bisoño se tratara. Así le fueron las cosas. Se intentó doblar con su enemigo sacando la muleta por arriba en lugar de doblarse por abajo. El toro fue un manso encastado y además peligroso, que se dolió en banderillas, pero tenía su faena, aunque fuera lidiarlo dignamente, seguro que la afición se lo hubiera reconocido, pero se equivocó en la lidia, no le bajó la mano, se lo llevó a los terrenos del 5 y allí con cuatro pases trapaceros animó el cotarro. Cierto que el toro tenía un pitón derecho que daba pánico, pero para eso estaba el torero para hacerle la faena que considerara oportuna, y no estar al margen de su enemigo. En el quinto mas de los mismo pero acentuado en todos los terrenos. Fue muy mal picado y con saña. En el tercio de banderillas, dieron un autentico recital de inoperancia, y después, al parecer, le exigieron al matador su paga. No creo que exista en ninguna profesión tanta caradura como en esta, gente que cobra por lo que no hace. Lamentable la actuación de estos toreros de plata. El toro para no ser menos cantó la gallina y se marchó a toriles. Seguramente se preguntaría, ¿para qué mostrar casta y bravura si después no saben qué hacer con ella? El torero repitió la misma función, se lo llevó a los terrenos del cinco y allí ante un público agradecido por el detalle, comenzó con un trasteo por bajo, para seguir con un baile sin compás ante un toro gazapón, que no tenía intención de regalarle nada. ¿Para qué? Se preguntaría el toro.

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