Don Juan Antonio Ruiz Román “Espartaco”. Ganadero y Torero

Con un lleno hasta la bandera se celebró la segunda tertulia de La Asociación del Toro de Madrid en el Salón de Actos de Casa Patas. Nuestro invitado, el torero retirado y actual ganadero, Juan Antonio Ruiz Román “Espartaco”, se presentó en el lugar de la cita puntualmente como si de un festejo taurino se tratara. A pesar del lleno los “reventas” no hicieron su agosto, pero algún asistente si hubiera pagado una “suplemento” por un asiento, ya que los más rezagados tuvieron que permanecer de pie durante todo el acto.

Muchos de los jóvenes declaraban no haber visto torear a Espartaco. En unas breves introducciones sobre nuestro invitado por parte de los miembros de la mesa de ponentes, se dijo que debutó como novillero sin caballos en Camas y con ellos en Ondara, Alicante. En la plaza de Huelva le dio la alternativa Manuel Benítez, El Cordobés, con toros de Carlos Núñez y confirmó en Las Ventas, siendo su padrino Francisco Rivera “Paquirri”, con ganado de Matías Bernardos. Después de una larga etapa de torero mandando en el escalafón, lo que no consiguió un toro lo hizo el futbol, que fue retirarle de su profesión debido a una grave lesión en la rodilla cuando participaba en un partido benéfico. Los quirófanos no pudieron devolverle la condición física que exigía el toro en la plaza y en el año 2001 decidió despedirse de los ruedos y dedicarse por entero a su faceta ganadera. También salió a relucir, por parte de nuestro presidente “Rosco”, el flaco favor que la Televisión pública hizo a la fiesta con la retransmisión de la corrida el día 5 de septiembre pasado, donde tres figuras “mandonas” del escalafón se enfrentaron a seis toros astigordos y sin riñones en la suerte de varas. Fue un espectáculo deplorable, donde la más perjudicada fue la fiesta.

Hombre de fácil palabra y claro en sus exposiciones, comenzó declarando Espartaco que su etapa de ganadero le ha permitido comprender lo que no pudo durante su dilatada carrera de torero, refiriéndose al respeto que le profesa actualmente a todos aquellos ganaderos que se dedican a la cría del toro bravo, motivado fundamentalmente por la labor tan ingrata que adorna esta profesión, ya que un error de selección puede echar por tierra la labor de muchos años. Ahora que sobre su presente está la responsabilidad de una ganadería y sobre sus espaldas muchas corridas toreadas, ha llegado a comprender que el éxito o el fracaso como torero dependían de él mismo. Como ganadero, sin embargo, influyen muchos otros factores que no están casi nunca al alcance de la voluntad de su persona. Comentó a modo de ilustración y con cierto laconismo que hace algún tiempo probó un semental y al tentar las hembras y comprobar que no embestían decidió sacrificarlo, sin esperar a ver el resultado de sus machos. Una tarde que lidió en Las Ventas, el novillo que más le gustó, de capa castaño, era hijo de aquel semental, lo que le causó un gran disgusto pero, como expresó el ganadero, “ya no había solución”. Reconoció que se equivocó como ganadero al pensar como torero ¡Ser ganadero es muy difícil!, dijo, recalcando que para triunfar como tal hay que ser muy humilde y a pesar de ello esta condición no garantiza el triunfo. Expresa sus opiniones con pasión, lo vive, intenta cuando habla marcar sobre la mesa sus palabras y aunque se considera “torerista” respeta a los aficionados que muestran su inclinación por el toro.

No es partidario de asistir a coloquios, ya que cree que en la actualidad hay muchas personas por delante que merecen estar más que él, que son las que ocupan la actualidad taurina, pero los que hemos tenido la suerte de asistir a esta conferencia hemos disfrutado de su presencia y de conocer de primera mano los detalles de sus comienzos taurinos. Comentó que se hizo torero sin tener demasiada afición y que fueron las necesidades económicas las que le impulsaron a intentar ser torero. Este hecho marcó un significado especial en su vida, ya que tuvo que dedicarle un esfuerzo muy grande a esta profesión para conseguir ser alguien en el toreo. Después, el éxito le ha permitido convertir sus sueños en realidad, como sacar a su familia adelante y tener una ganadería. La finca que compró la tuvo que pagar a plazos y cuando ya la tuvo pagada, fue cuando adquirió la ganadería.

Declara ser un inexperto ganadero y que después de comprobar las dificultades que embargan a esta profesión, nunca llegaría a faltarles el respeto a los antiguos ganaderos aunque, como dijo anteriormente, de torero llegó a ser algo crítico con ellos, lo cual recuerda con su peculiar gracejo sevillano. Considera que triunfar como ganadero es mucho más difícil que de torero, ya que entran muchos factores en juego. No se puede formar una ganadería pensando como torero, ya que esta condición es la que no le permite conocer los toros en el campo. Ése es el error que han cometido muchos matadores que han formado una ganadería. Como ganadero busca que el juego de sus toros llegue a los tendidos y que ofrezcan espectáculo. La responsabilidad que tiene como ganadero le hace pasar malos momentos, sobre todo cuando comprueba que su ganado no acompaña al éxito de los chavales que los torean.

En la actualidad posee una ganadería de 100 vacas. Compró 30 de procedencia “Los Guateles”, encaste Juan Pedro Domecq en la línea de de María Antonia Fonseca y 70 cruzadas de Núñez y Torrestrella, aunque ha ido cruzando ambos lotes. Cuando la compró comentó que venía de todo, como en botica y tuvo que hacer una selección y quedarse con lo que se ajustaba a sus criterios. Con el cruce mencionado ha conseguido dar más volumen a sus toros.

Le gusta mucho el toro de “Los Guateles”, aunque es muy complicado su manejo en el campo y muestra mucho carácter en la plaza, aunque hay que darle la distancia adecuada y medirlo mucho. Para la temporada venidera cuenta con tres novilladas, aunque la situación del país no está para tener muchos toros en el campo. No busca el negocio con la ganadería, solo que no le cueste dinero.

Sale a relucir el monoencaste, explicando que en su época de matador mataba todo lo que le echaban por chiqueros y hoy la gran diferencia es que un torero puntero mata setenta corridas sólo de tres ganaderías distintas, y claro, del mismo encaste. Este hecho cierra muchas puertas a los ganaderos modestos, a los que les cuesta entrar en muchas plazas. A pesar de esto se considera un ganadero con suerte, ya que en Madrid se le tiene mucha consideración y esta distinción le sirve para seguir luchando con ilusión.

Ya en la rueda de preguntas, el torero/ganadero considera también al toro de “Los Guateles” muy listo, para lo cual narra algunas experiencias producidas con toros de este encaste, que rayan la línea de la ciencia ficción. Recuerda que un toro en su finca se escapó de dos corrales sin que nadie, hasta la fecha, conozca cómo lo hizo, ya que las puertas de las corraletas donde se encontraba el toro estaban cerradas con los cerrojos. También puso el ejemplo ocurrido en Las Ventas, cuando a Vicente Barrera le aparecieron dos toros por toriles. Uno de ellos era suyo, del encaste de “Los Guateles”. Nadie dio nunca una explicación convincente de este hecho. Otro dato anecdótico, pero que en esta ocasión lo adornó con la mala suerte, fue en una ocasión en que lidió en Las Ventas y llevó ocho toros al reconocimiento; los veterinarios le aprobaron los ocho. Ante esta situación le pidieron al ganadero que retirara dos del lote y los dos que él mismo eligió fueron los que más embistieron de los ocho, pero en otra plaza, claro.

Sobre los métodos de selección destacó que al toro de “Los Guateles” le exige bravura en el campo y sobre los cruces llevados a cabo, dijo que echó sementales de “Los Guateles” a las vacas que tenía cruzadas de Núñez y Torrestrella y que a las vacas les exige mucho en la tienta y la que consigue pasar la prueba es porque ha demostrado ser extraordinaria.

Sobre los trasiegos de ganado que llevan a cabo los ganaderos en la compra y venta, narró Espartaco el caso de la venta de un punta de ganado que le hizo a los hermanos Centeno Guerra, y que había comprado con anterioridad a Luis Aguado. Resultó que cuando el nuevo ganadero tentó lo que le había comprado, se quejó al torero de que le había vendido un desecho, lo que sorprendió a Espartaco, ya que él conocía lo que vendía y eso no se ajustaba a la realidad. El problema estuvo en que su padre había estado tentando la noche anterior a la venta la punta de ganado y había apartado lo mejor y estos señores se llevaron realmente el desecho. Al rejoneador Leonardo Hernández también le vendió ganado de la misma procedencia, pero este no le protestó.

Continuando con las preguntas que manaban del grupo de aficionados asistentes, comentó que se ha considerado un torero muy poderoso no exento de técnica, lo que le permitió poder con todos los toros que salían por toriles. En su etapa con Pablo Lozano como apoderado comentó que fue una persona en la que confió mucho, ya que le hizo ver la realidad de la vida, incluyendo su condición de torero. Nada más conocerle éste le pregunto: “¿Qué toreros te gustan?” A lo que Espartaco respondió: Curro Romero y Rafael de Paula. La respuesta fue clara: “Pues olvídate de ellos. Simples curiosidades”.

Sobre el toreo actual, criticó el control que llevan a cabo los toreros en la fiesta, destacando que hoy se torea como nunca, pero sin emotividad, ya que con la perfección ha llegado el aburrimiento a los tendidos. Los toreros llevan todo muy aprendido, restándole originalidad al toreo. Destacó a varios toreros: Miguel Ángel Perera, Sebastián Castella y El Juli, pero criticó que siempre torean las mismas ganaderías y de la misma procedencia. El tan manido monoencaste. En cuanto a su etapa de torero comentó que su técnica era diferente, pasaba miedo y ese hecho hacía que sus actuaciones fueran sorprendentes. Tampoco llegó a pisar los terrenos que se pisan hoy toreando. A pesar de ello, vuelve a destacar la poca emotividad que hay, al haber perdido el toro su principal atributo: ”la casta”, pero, a pesar de todo, no escamoteó elogios para los toreros actuales. Sobre las ganaderías, dijo que la de Núñez del Cuvillo está comenzando a dar problemas y en cuanto los toreros dejen de encontrarse a gusto con ella la dejarán en el olvido, como han hecho con otras de mayor abolengo del panorama taurino.

En cuanto al reconocimiento de su toreo, reconoció que le debe más a Sevilla, pero la fuerza que tiene Madrid no la tiene ninguna otra plaza.

Un tertuliano planteó la siguiente cuestión: ¿Cómo se siente mejor, cuando sus toros se caen o cuando los toreros tienen que perderles pasos debido a su acometividad? El ganadero respondió que como torero se sentía mejor con el primer ejemplo y como ganadero con el segundo. No hay duda que los toreros y los ganaderos siempre han defendido intereses distintos.

También dijo que a los tentaderos de vacas procura llevar a toreros modestos ya que, aparte de darles una oportunidad que no tienen en otras ganaderías, con ellos ve mejor las condiciones de los animales, porque toreando utilizan su verdad. Sin embargo, con la figuras hay muchos casos en que tapan las verdaderas condiciones de las reses.

En cuanto a las plazas de toros, cada plaza exige un trapío diferente y dependiendo de esto se elige el ganado. Y por pura superstición, en los herraderos no utiliza el número trece, recalcó con gracia. En base a la pregunta que le dirigió un tertuliano, comentando que la técnica tapa la mentira del toreo, el torero respondió que cada toro tiene su faena y hay toros a los que no les puedes cargar la suerte ni cruzarte con ellos. Y en cuanto a la técnica, dijo que bien administrada es buena y que cada uno debe tener la suya propia, pero no aplicar la misma a todos los toros, aunque como humanos que somos, hay muchos toreros que utilizan la técnica para sus ventajas. No tiene nada que ver la técnica con el poder que pueda ejercer un torero. Consideró a Curro Romero el torero que mas técnica ha atesorado, pues cuando no le gustaba un toro lo aviaba en dos minutos. Y añadió que, para él, lo fundamental es el temple. Los toreros actuales tienen más conocimiento de los toros que torean que de su técnica. Sigue considerando al toro como el mejor amigo del torero y cree que a algunos toros hay que mostrarles miedo para que embistan y testifica que nadie puede ser figura del toreo si no tiene algo especial que le distinga de los demás toreros. Destacó a Paco Ojeda y su famoso “parón”, pisando terrenos inverosímiles. En alguna ocasión habló con él de este caso y Ojeda le comentó que no sabía como lo hacía, pero lo hacía. Lo que ocurre es que con este tipo de toreo no podía durar toda la vida. Y por eso Ojeda duró poco. Antes los toreros ni se despeinaban toreando y hoy si no se manchan de sangre el traje de luces no te reconocen nada de lo que hagas en el ruedo. A pesar del éxito alcanzado como torero, comentó que ha pasado mucho miedo. Recuerda que en una ocasión toreaba en Sevilla con Curro Romero y pasó más miedo que el torero de Camas y que después de haber pasado varios años desde su retirada, aún mira debajo de la cama cuando se acuesta para comprobar que no hay ningún toro debajo. Seguro que alguno de los presentes lo consideró, cariñosamente, un “exagerao”.

Respecto a las novilladas que se lidian en Madrid, consideró que son desproporcionadas hoy día, pero sobre todo por el poco bagaje que traen los chavales que suelen enfrentarse a ellas, pues cuando él suele lidiar en Las Ventas los novillos tienen que pesar más de 500 kilos, con el fin de que no se los rechacen en el reconocimiento, ya que durante el viaje y el cambio de entorno a que se ven sometidos, suelen sufrir una pérdida de peso considerable.

Respecto a la pregunta de qué objetivos trata de conseguir en sus toros, si beneficiar al torero o al aficionado, el ganadero contestó que desea que el toro obedezca a los toques del torero, exigiéndoles movilidad y fijeza, aunque sea malo. Al toro lo criaría para el torero pero, bien interpretado, a pesar de pensar de esta manera, está dejando ganado que no le hubiera gustado torearlo como torero. Con elocuencia y buena disposición para el dialogo y respondiendo a las preguntas de los tertulianos, algunas de ellas comprometidas, el torero fue desgranando su saber a través de su opinión sobre este mundo tan complicado y comentó que si tuviera que volver a torear tendría que adaptarse a los nuevos tiempos, ya que todo es muy distinto a cuando estaba en activo, pues dos orejas de hace 20 años hoy no valdrían ni una vuelta al ruedo. Reconoció que lo pasa muy mal en los toros y por este motivo no acude con frecuencia a las plazas, admitiendo que un chaval en las Ventas se juega su futuro en siete minutos y un ganadero también. Incluso en su etapa de torero reconoció que ha sufrido alguna lipotimia en la plaza. Y le gusta cambiar impresiones con aficionados que sepan lo que dicen o defienden, pero no le gusta comentar con aquellas personas que sólo conocen de este mundillo el nombre de José Tomás.

Respecto a la situación actual de la fiesta comentó que no desaparecerá, pero que el toreo ha cambiado mucho y el público también y que los ataques que recibe la fiesta provienen de fuera de ella. En cuanto a las relaciones con su padre cuando era torero, comentó que fue muy exigente y duro con él y aún guarda algún recuerdo imborrable, pero reconoció que sin él, posiblemente, no hubiera sido lo que fue. Adorna este comentario con la anécdota de un rabo que cortó en Linares a un toro de Baltasar Ibán y cuando estaba dando la vuelta al ruedo, al pasar por un tendido, observó a un señor que le negaba con la mano el trofeo concedido. Ese señor era…su padre. Considera que, de aquellos tiempos a los actuales, las relaciones padre e hijo han cambiado mucho. Terminó diciendo que su padre en la actualidad dirige una escuela taurina en Espartinas y espera que no sea tan exigente con los alumnos como lo fue con él.

De esta manera, distendida y como suele ocurrir en las mayorías de las tertulias que celebra La Asociación del Toro de Madrid, el reloj marcó la hora de la despedida, no sin antes agradecer al torero su sensatez, su buena disposición a los elogios y a las críticas recibidas, sin un gesto de rechazo, al contrario, defendiendo su opinión y su forma de entender la fiesta, tanto como lo hizo de torero como ahora de ganadero, hecho que los aficionados le agradecimos de la manera más noble, de corazón. Hasta siempre, amigo.

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