La oportunidad de El Montecillo se fue sin ser aprovechada


  • IMANOL SÁNCHEZ: Silencio (Aviso)y Saludos tras petición (Aviso).
  • EMILIO HUERTAS: Vuelta al ruedo tras fuerte petición (Aviso) y Silencio (Aviso).
  • JUAN MILLÁN: Saludos (Aviso) y Silencio (Aviso).

Suerte de varas: En general se ha picado fuera de los rubios, algo habitual, en cada lidia se detalla la pelea y ejecución de cada una de las suertes del festejo. Como nota positiva añadir, que el picador vallisoletano Pedro Iturralde, en su turno como picador que guarda puerta, en el tercero de la tarde, se colocó a la derecha de la puerta de caballos, es decir justo frente a su compañero, que es donde han de estar colocados al hacer puerta, enfrente del picador de turno, en terreno de querencia, por tanto hacia chiqueros y no hacia el tendido 5 como suelen hacer por sistema.


Rompía plaza Planeador, que hizo una salida algo fría, estando el debutante aragonés Imanol Sánchez aseado en el recibo aunque sin llegar a fijar al animal. Por ello se fue suelto hacia el caballo de turno nada mas asomó por la puerta, allí metió riñones, empujando con gran pujanza sobre una vara muy trasera y caída. En el mismo sitio se agarró el picador al entrar la res en contraquerencia, se le tapó la salida y se dejó pegar con fijeza en el peto; quitó por chicuelinas Emilio Huertas y le replicó el aragonés con poca quietud. Banderilleó el espada, dejando ver un novillo que iba llegando al último tercio algo bruto en su embestida y apretando hacia los adentros en tres pares reunidos pero aliviados en ejecución, clavando un tiempo antes o un tiempo después del embroque. Inició por bajo la faena de muleta, ganando terreno desde las tablas del 7; el animal no había quedado sobrado de fuerzas y ya en los medios, dándole distancia, por ambos pitones firmó una labor sin gran sabor artístico pero cargando la suerte y sin dudar, llevando la embestida, demostrando oficio y valor aunque menor calidad estética. El animal mantuvo su punto de casta y no fue sencillo el hilvanar los muletazos, la firmeza le hizo meter la cara al ser obligado. Dejó caído el estoque tras tirarse muy de frente, por no obedecer el astado al toque y por tanto no humillar.

Por segundo salió Bohemio, también abanto de salida, mostrando algo de falta de fuerzas; suelto salió de ambas varas, en las que fue poco castigado. Juan Millán quitó por tafalleras y las remató con una media. En banderillas anduvo el bicho tardo, pero acudía con buen tranco; José Otero realizó una brega extraordinaria, mientras que saludó su hermano Ángel tras dejar un gran par de banderillas. Muy noble, templado y con gran suavidad embestía el novillo por ambos pitones. Emilio Huertas lo llevó con temple y con largura pero ejecutando una tauromaquia de poca profundidad, que para nada llegó a calar en los tendidos. Antes de que se viese y notase más cómo el animal tenía una calidad para el toreo bueno mucho mayor de la que él ejecutaba, cogió la tizona y mató de estocada caída. Hubo petición aunque no mayoritaria y el manchego optó por darse la vuelta, tras la ovación con que se despidió a Bohemio.

Juan Millán debutaba en Madrid con Fregonero, que salió con pies y se astilló una de sus puntas de un golpe muy fuerte contra la tronera del burladero de matadores, al asomarse un capote a destiempo, cuando el toro iba muy fuerte y venía muy cruzado. Pareció quedar algo descoordinado, pero antes de cambiar el tercio se recuperó. La primera vara cayó muy trasera, además de caída y el animal tuvo fijeza en la pelea, Millán quitó con gusto, antes de que al novillo lo dejasen prácticamente más que señalado en la segunda entrada, en la que metió la cara abajo pero salió suelto. En banderillas anduvo con poca fijeza y buscando el terreno de tablas; inició el trasteo el alcalaíno desde las tablas del 7, ganando terreno hasta los medios; allí el utrero humilla con nobleza, con la cara algo suelta, sin mucho galope, pero metiendo el hocico, obediente por el derecho, pero soso y no fue capaz ni era fácil ponerle a este novillo la sal que le faltaba, a pesar de que el muchacho anduvo correcto y aseado. Mató de estocada algo atravesada y en el lado contrario.

Imanol Sánchez completaba su debut con Habanero que, aunque frío de salida, en la primera vara, trasera, empujó metiendo riñones, muy fijo, con síntomas de bravo, la cara abajo y salió del caballo con muchos pies hacia los medios, humillando y galopando con todo. No lo lucieron en la segunda vara, ya que tardeó y el picador no logró torear para provocarlo, de manera que dejándolo cerca, volvió a hacer buena pelea. En banderillas se dolió, empezando a aparecer la mansedumbre que evolucionó en su condición a lo largo del desarrollo de su lidia; a pesar de todo, siguió mostrando fijeza, yendo con todo en los muletazos de inicio en los medios, que tuvieron vibración por la trasmisión del astado. Pero es una vez que se vio podido cuando cogió gran afán en rajarse a las tablas y todo cambió por completo. Imanol mostró oficio en el tercio, sacando algunos derechazos que convencían, no por su belleza estética ni perfección ortodoxa, sino simplemente porque el animal tenía lo que hace que lo que se le haga tenga importancia; además, el espada volvió a estar firme y sin dudar. En tablas la cosa empezó a bajar, allí el animal ayudaba menos, su sitio era el tercio, donde hacía el avión por el pitón izquierdo y es tras esta buena serie con la zurda cuando se dispuso a ejecutar el volapié, resultando una estocada baja en su ejecución.

Jactancioso tenía por nombre el que hacía quinto; fue bien recogido de salida por José Otero, empujó en una primera vara, trasera pero rectificada. En la segunda fue meter cuerdas y salir suelto. En banderillas el animal mostró movilidad sin mucha fijeza y nuevamente los hermanos Otero estuvieron en su línea de grandes banderilleros, desmonterándose. En terreno de los medios el animal humilla por ambos pitones, con nobleza y la fijeza que atesoraba, era necesario poderle pues si no su gazapeo constante se hacía molesto. Exigente pero noble, Emilio Huertas no llegó a poderlo, aunque lo templó a media altura. Se aturulló el manchego al coger el estoque, entrando sin colocar bien al morlaco hasta en tres ocasiones. Dejó una media y se volvió a tirar, pinchando, nervioso y atacado terminó por resolver con un bajonazo.

Pocasbromas cerraba la tarde. Juan Millán lo recibió a portagayola, sin llegar a fijar al novillo de salida. Recibió un puyazo fuerte en terrenos del 10, tomando la segunda vara ya en contraquerencia, siendo bien cogido por el piquero y empujando, cumpliendo el utrero. Poca fijeza mostró durante el segundo tercio y en el último embistió a media altura, evidenciando su falta de fijeza, pero sacando un buen fondo de nobleza. Millán nuevamente tuvo difícil el ponerle la sal al guiso; tan solo dejó algún detalle de gusto, de pellizco, en los empacados remates, que no terminaron de calar en los espectadores. Pinchó bajo por dos veces y finalmente mató de estocada desprendida.

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