Reflexiones sobre el Pentauro

1º Lo positivo es que por primera vez hay una aproximación a los grandes problemas de la fiesta con apoyo institucional; esto que a priori es bueno, refleja en el fondo la incapacidad que han tenido los profesionales hasta ahora y el divorcio y desprecio manifestado ante los aficionados que veníamos denunciando desde hace tiempo la situación. ¿Les han tenido que llamar al orden desde el ministerio asumiendo su incapacidad y que implícitamente están ayudando a una clara rentabilidad política partidista? Al menos, es inquietante.

2º El Plan nace sin financiación específica para lograr objetivos; lo cual hace pensar que muchos de ellos quedarán en papel mojado. Además, ¡cómo se va a controlar la veracidad de cifras y estadísticas!… ¿por los interesados que son un sector caracterizado por el ocultamiento de sus componendas y negocios?

3º A los aficionados nos alarma nuestra falta de participación: tan sólo en dos comisiones y de carácter menor. ¿No deberíamos estar en aspectos esenciales como en los mecanismos de control para la integridad del espectáculo, impulso de una nueva ley, jurados de premios, pliegos de contratación, etc.? Somos dice la ley los “destinatarios finales del espectáculo…” por ello y porque lo mantenemos con nuestro dinero debemos ser más protagonistas en las decisiones. Como siempre los taurinos y la administración nos dan la espalda.

4º El gran olvidado es de nuevo el principal baluarte de esta fiesta, el toro. Cada vez disminuye más la cabaña brava y no vemos más que vaguedades que no llevan a soluciones de verdad. Perder la autenticidad y la variedad de encastes del toro bravo sería acabar con la Tauromaquia, ¿vale en este aspecto el principio de la ley del mercado solamente? Se busca mejorar el toro de lidia pero no se ven actuaciones en defensa de los encastes en vías de extinción, -¿no se protege al lince ibérico?-. Hay que preservar al toro de lidia como animal único y autóctono ante ataques externos; el toro no puede ser tratado como una vaca charolés en materia legislativa. Tampoco vemos medidas serias y eficaces contra el fraude y el afeitado y ¿van a ser los propios taurinos quienes vigilen? Por muchos planes y ejes, como no se preserve y defienda al protagonista de la fiesta, todo empeño será inútil. Y eso parece que se trata de pasada en este Plan. No interesa demasiado, solo cubrir el expediente.

5º. Además un Plan que nace sin marcar tiempos ni plazos de ejecución para las medidas propuestas, sin obligar a su realización, sin vigilar ni controlar que se llevan a cabo… ¿es un verdadero plan, o una lista de buenos deseos y sugerencias…? La famosa CNAT, ¿será capaz de controlar, vigilar, comprobar que se realizan los planes…sin tener capacidad sancionadora ni medios económicos y estar en su seno representados sólo los intereses del sector?, me parece que va a ser inoperante.

6º Tampoco creo que los sectores sean capaces de unir y consensuar planes, si además no hay un organismo que les obligue; las diferentes CC.AA. y sus normativas van a hacer difícil la toma de medidas a nivel nacional. Además hacer una nueva Ley taurina ya ha presentado fuerte rechazo por Andalucía, lograr el consenso es una utopía. 

7º Se habla mucho de la Tauromaquia como patrimonio cultural de España, solicitar a la Unesco la declaración de patrimonio cultural… pero no hay planes específicos para potenciar, incentivar y difundir ese aspecto artístico. Ni siquiera se ha buscado la presencia de expertos independientes que puedan asesorar en este esencial campo a la Comisión. Mucho premio pero nada más.

8º El Plan se preocupa y mucho de aspectos económicos para beneficio de los profesionales: libre competencia, desregularización, modelos de costes etc. Algo ya se ha logrado incluir los cosos en los beneficios del 1,5 cultural. Bien, pero ahí no acaba todo, ¿se preocupa de dotar de medios y laboratorios para analizar vísceras, astas y luchar contra el fraude?… ¿Hay medidas que favorezcan el bolsillo de los que pagamos? 

9º Se habla de modernización del espectáculo, pero eso qué quiere decir, ¿dulcificar y quitar dramatismo a la lidia?, ¿dejar exclusivamente en manos de los taurinos la definición de la autenticidad y la calidad del mismo? Así quieren que sea los profesionales pues en este importante aspecto los aficionados no tenemos voz ninguna. 

10º Es muy preocupante incluso la denominación en el Pentauro de uno de los ejes esenciales, se le llama: “calidad del producto”; no olvidemos que el lenguaje encierra mensajes subliminales importantes: ¿desde cuándo una obra de arte, y la Tauromaquia lo es, se define como producto?, los grabados de Goya, la estocada de Benlluire o los dibujos de Picasso, son obras artísticas que reflejan un instante de arte en el ruedo, no un producto. En esa diferencia está la verdadera y única legitimación de la fiesta. Pero con ello los que hicieron este plan han demostrado que su exclusivo interés es el económico.

Podría seguir… Como aficionada y presidenta de una asociación de aficionados de Madrid que estamos cada tarde sentados en nuestra plaza y pagamos la entrada de nuestro bolsillo, declaro que estamos preocupados y muy enfadados por la casi nula consideración que el nuevo Plan y sus ejecutores nos tienen. Tan sólo les interesa que pasemos por taquilla y a callar. Para ellos la Tauromaquia es cosa de los profesionales y a ellos sólo les corresponde su control y organización. No nos quieren cerca, les molestamos en órganos de decisión, pero ¡ojo! esto tiene un efecto boomerang porque se están quedando solos y el vacío en las plazas es ya desolador. ¿Y eso lo arreglara de un plumazo el Plan? 

Amigos, la historia nos ha dejado claro que hasta ahora la fiesta se basaba en tres pilares: Toro, torero y afición. Pero en este Plan queda demostrado dónde están hoy los poderes: Organismos oficiales, profesionales taurinos y público pañuelero. Y en esto el Pentauro ha dictado doctrina. Mal, mal camino en el que no se defiende al aficionado que es el único que desinteresadamente vela por la verdad de la fiesta. 

En fin, ¡si a Belmonte, Joselito, Lagartijo, Domingo Ortega, Manolete…y a unos pocos más les dijéramos que hoy se necesita un tocho de 51 pags. con 20 programas y 46 medidas para salvar la fiesta!… Se quedarían atónitos y nos dirían perplejos: ¿pero… para torear y crear arte no hace falta sólo un toro encastado en el ruedo y un torero dispuesto a morir toreando con el alma? 

Que Dios reparta suerte.

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