Una vara y una estocada


  • El Capea Silencio con aviso y silencio.
  • Alberto Aguilar silencio y oreja.
  • Sebastián Ritter Silencio y bronca tres avisos.


A los aficionados de hoy nos sorprendió que no pasara la corrida completa de Agustín Montes, pues la mayoría de las veces no tiene problemas en el reconocimiento. Una pena que la Empresa y la Autoridad no quieran explicar los motivos por los que se rechazan toros a los aficionados.

Sin duda alguna, el momento más emocionante de la tarde fue el tercio de varas del segundo toro, sobre todo la primera vara protagonizada por el picador Fco. Javier Sánchez. Llevábamos tiempo sin ver como un toro empujaba así, echándose a los lomos al caballo y varilarguero, encelándose con el equino sin obedecer al coleo, ni a los golpes que recibía. La vara duró casi unos dos minutos. Una pena que Alberto Aguilar no quisiera volver a poner el toro en suerte y se le llevara al picador que hacia puerta, donde quedó demostrado que no eran los terrenos del toro, por lo que salió suelto. Si este toro, de nombre Lirio, hubiese recibido otra lidia, no capea, sin duda habríamos visto otra cosa.

El otro momento de la tarde fue la estocada de Alberto Aguilar al quinto de la tarde, una señora estocada, arriba, en todo lo alto y de gran eficacia, le valió una oreja que no se había ganado durante la faena, ni de capote ni de muleta. Pues el joven madrileño en su primer enemigo estuvo digno con el capote, tanto en el saludo a la verónica donde se gustó, como en un quite por chicuelinas, aunque luego con ese oponente poco pudo hacer por la mala lidia que recetó. En este quinto, era la oreja del domingo. No importó esa “maldita y reincidente” condición del destoreo, de la mala colocación, el esconder la pierna y llevar el toro largo y hacia afuera, el público de domingo ya se sabe que es facilón. Lo mejor de su actuación la estocada que le despachó.

Abría el cartel El Capea, que pasó sin hacer ruido, tristón como es él, y es que con esa cara de pena contagia a la afición y al público de domingo. Y eso que parecía que empezaba con garbo y arrebato porque lanceó a la verónica en su primer toro con algo de aire continuó con un quite por chicuelinas muy vulgar pero hasta ahí difundió el gas. Torero con oficio, ventajas, facilidad que nos aburrió a los presentes con multitud de pases y pases sin decir nada.

Sebastián Ritter no tuvo su tarde, sustituía no sé porqué al herido y esperanzador torero murciano Paco Ureña. En su primero, se palpó su gallardía con ganas y asentado, pero demasiado mantazo sin clase ninguna. El sexto tenía peligro ya que era un poco bronco y en vez de poderle y someterle por bajo, Ritter lo hizo todo al revés, para colmo mató mal, de una estocada atravesada siguiendo un sainete con el descabello, hasta veinte intentos le hicieron falta y no consiguió acertar con el golpe de verduguillo para darle muerte al animal, por lo que el presidente ordenó el tercer aviso pero el toro se rindió ante tanto calvario y aburrimiento como muchos de los domingueros que fueron a pasar la tarde a los toros.

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