Tampoco Cuadri nos redime


  • Javier Castaño (blanco y oro): Estocada caída –Silencio-. Estocada y descabello –silencio-.
  • Iván García (grana y oro): Tres pinchazos y descabello –Silencio-. Bajonazo y descabello –silencio-.
  • José Carlos Venegas (fucsia y oro): Confirmaba alternativa. Pinchazo y estocada –saludos con protestas-. Pinchazo hondo y tres descabellos –saludos-.

Durante el resto de la tarde nada reseñable en este aspecto, en gran medida por el deficiente comportamiento de los cuadris en los caballos, donde incluso se repucharon tercero y quinto, presentó flojedad el segundo y se dejó sin más el cuarto negándose a acudir a una tercera vara a la que fue puesto en suerte… ¡qué importante es el tercer puyazo!

En cuanto a las cuadrillas de a pie, destacaron como viene siendo habitual los tres a las órdenes de Javier Castaño aunque sin alcanzar las cotas de anteriores ocasiones. Mejor en banderillas Fernando Sánchez que David Adalid y de alta nota las dos bregas realizadas por Marco Galán.

Presidencia: Presidió D. Justo Polo. Cometió un gravísimo error cambiando el tercio de varas en el sexto de la tarde tras la esperpéntica actuación de Santiago Rosales sin que el toro estuviera mínimamente castigado. La manía de cambiar el tercio tras los dos encuentros con el peto sea cual sea el resultado parece también instaurada en este nuevo inquilino del palco. En este caso algo muy grave pudo ocurrir más tarde, y gran parte de la responsabilidad fue suya… ¡Hay que picar a los toros!


A medias tintas. Así nos hemos quedado tras comprobar el juego de la corrida de Cuadri, que siempre nos hace albergar esperanzas al aficionado. Y es que el comportamiento de los toros onubenses tampoco nos ha redimido del pobre bagaje ganadero que llevamos en la feria aunque se haya cacareado lo contrario para alguna de las tardes anteriores desde los medios oficiales. Contadas excepciones podrían salvarse… El toro bravo parece que también está en crisis.

Hoy y al igual que el año pasado, Fernando Cuadri tampoco se habrá ido contento porque su corrida ha estado por debajo de lo demostrado en anteriores comparecencias. Y aunque para no faltar a la verdad, alguno se dejó como gusta decir ahora.

Tal fue el caso del primero del lote de Javier Castaño, segundo de la tarde, ante el cual el salmantino nos demostró lo que en la mayoría de las ocasiones, muchos más defectos que virtudes. Ante la nobleza del animal, los muletazos se sucedían de abajo hacia arriba, en línea recta y dejándose tropezar la muleta en varias ocasiones. Además la falta de colocación y pérdida de pasos fue una tónica general en su faena. Ante el cuarto, que renegó de un tercer puyazo tras las dos primeras varas aceptables que tomó, toro y torero se diluyeron entre la falta de motor del burel y la vulgaridad de su matador. Lo más destacable de ambas lidias corrió a cuenta de su cuadrilla. Ya no es novedad. 

Iván García por su parte se topó con el peor lote. O al menos, el de menores posibilidades. Animoso en quites cuando le correspondía, se topó con un tercero de apariencia muy en cuadri. Hondo, serio, muy bien presentado pero manso y descastado que llegó a repucharse durante el tercio de varas. Sin humillar durante toda la lidia, reservón y defendiéndose en la muleta, contribuyó a que la actuación del madrileño pasara sin pena ni gloria. Tres cuartos de lo mismo sucedería en el quinto, otro que no quiso caballo, que se quedaba mirando al tendido y sin celo ninguno. Ante tal descastamiento pareció que Iván se contagiara de tanta sosería para quedar todo en un silencio decepcionante.

Confirmaba alternativa José Carlos Venegas. Y a fe que no se le olvidará tan señalada fecha. En suerte le cayeron dos toros de muy diferente comportamiento. El que abrió plaza fue un toro con posibilidades. Se desplazó bien en el saludo capotero y presentó buena condición en la muleta, pero claro, para esas alturas ya acusaba y de qué manera, el sangriento tercio de varas al que fue sometido. La fuente que manaba del pico de la paletilla del animal aceleró, como era normal, que se fuera apagando en el último tercio, no sin antes mostrar alegría en sus arracadas y nobleza en los embroques, condiciones que no fueron aprovechadas, a pesar de su voluntariosa actitud, por el confirmante. Arena de otro costal fue el sexto. Discreto de presentación para lo que es habitual en la casa pero con un carbón en su interior que nos hizo pasar verdadero miedo en el tendido durante la faena. Eso sí, no podemos obviar que la casta geniuda del cuadri se vio aderezada por un esperpéntico tercio de varas interpretado por Santiago Rosales donde se quedó sin picar con apenas dos rasguños y la aquiescencia del señor Polo, ocupante del palco, que al cambiar el tercio con el toro tan entero como cuando salió por toriles demostró un desconocimiento y una irresponsabilidad intolerable. Con estos condicionantes, la tragedia sobrevoló la Plaza. El animal era un vendaval de embestidas sin clase y el dominio por parte de su matador inexistente. El examen se antojaba de nivel muy avanzado y así, asistimos al milagro cuando fue prendido en una de las acometidas de forma espectacular, voltereta de la cual salió simplemente con el palizón a cuestas. Bisoñez absoluta pero valor a raudales como contrapunto. La impresión era de estar totalmente a merced del destino pero a pesar de ello algún muletazo incluso resultó destacable por la emoción que se palpaba. Irreprochable su actitud y un éxito salir por su propio pie ante la situación planteada. Aunque pasamos mucho miedo.

Te Recomendamos

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas su uso. Aceptar | Más información