A Fausto, “vestido de catafalco y oro”. ¡Va por ti, amigo!

Lo que nadie pensaba ocurrió. Llegó y todos los que te conocíamos nos rebelamos, ¡es tan injusto¡. Cuando aquel 26 de febrero te vimos abandonar “Casa Patas”, el refugio de invierno de los aficionados al toro en tarde de tertulia, te marchabas luchando con tus pesadas piernas hacia tu hogar en Guadalix; pero antes de llegar se cruzó en tu camino el toro que no esperabas y en su arreón de mala casta, nadie pudo hacerte el quite. Todos los presentes te habíamos despedido con un “hasta la próxima…”, pues nadie imaginaba que sería tu última tertulia. Luego, sirenas, urgencias, UCI… días duros para ti y los tuyos y tú valiente, luchando con la soledad de tu mente hasta que la sabia naturaleza te dejó en el desamparo. Pero Fausto, eso no es así, no estás solo. Desde donde estés, nosotros siempre veremos tu inconfundible silueta en el tendido 7 y ese recuerdo permanente será el mejor homenaje que podemos dar a la persona, al amigo que luchó siempre por defender la verdad de la fiesta, “pisando los terrenos del toro, cargando la suerte y toreando para dentro”. Si Fausto, llegó lo que nadie esperaba, pero dejaste un recuerdo en las personas que te conocían imposible de olvidar.

En la plaza de Las Ventas, tu plaza, diste lecciones magistrales con tus críticas a todos los que quisieron aprender; te convertiste en referente esencial del nuestra plaza; con tan solo oir tu voz los jóvenes agachaban la cabeza cuando minutos antes se habían roto las manos aplaudiendo vulgaridades que ocurrían en el ruedo. Tu frase preferida: “Muy mal…”, rompía los silencios benévolos de la plaza cuando la mayoría callaba. Porque la verdad solo tiene un camino y en ese momento se llamaba torear y era precisamente lo que exigías y los que no sabían de esto eran los que desde la ignorancia trataban de silenciar tu voz cabal y exigente. ¡Sin conseguirlo nunca!

En esta ocasión no fue justa la Providencia; esa mano oculta que marca el destino de cada ser en su particular lidia vital. Tú luchaste, primero defendiendo la fiesta a la que amabas y cuando la suerte te dio la espalda, defendiste tu vida hasta el último suspiro. Los que quedamos en esta feria perderemos la referencia de tus atinadas críticas por las que muchos aprendimos a respetar a quienes aman la verdad del toreo delante del toro. Eras firme y serio, pero con un pellizco de socarronería y gracia cuando gritabas tu opinión. Nada te importaba cuando creías llevar la razón en tus decisiones, consecuencia quizás de la terquedad de hombre curtido en la mina y modelando la piedra de Colmenar, y esa misma decisión te llevara a veces en solitario a defender lo que tú creías en justicia, pues el motor que empujaba esas opiniones y juicios elaborados en tu cerebro, era tu inmenso corazón. Un corazón comprometido con la verdad de la fiesta y que nunca dejará de latir en el recuerdo de los que te conocieron…

Amigo Fausto, gracias por tus lecciones de gran aficionado, Las Ventas ha perdido un referente y el 7 está de luto. Descanse en paz.

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