Todos estaban de vendimia, menos los toros

Tarde con rachas de viento molestas y en la que sorprendentemente no se habían echado al principio los papelillos de rigor, quizás eso ya vaticinaba la “ausencia” de cuadrillas de toda la tarde.

Más de tres cuartos de entrada ante la expectación creada por el anunciado mano a mano de dos toreros a los que se les espera en Madrid.

Al final del paseíllo saludó entre una cálida ovación Curro Díaz.

Primer toro: MontesinoI, de 546 kgs. Algo anovillado, con peligro y movilidad, abanto de salida algo propio de su encaste. Peleó en el caballo, puyazo tapándole la salida y picotazo. Silencio en el arrastre.

Segundo toro: Joyito, de 648 kgs exceso de peso, manso, flojo. Topetazo con el caballo y sale al que guarda puerta; picotazo arriba y sale suelto volviendo al caballo sin fijar, sin picar. Algunos pitos en las mulillas.

Tercer toro: Langosto, con 591 kgs. Manso, soso, con las fuerzas justas y abanto de salida; sale al picador de reserva y puyazo trasero, cabeceando contar el estribo, picotazo trasero saliendo suelto. Ligeras palmas en el arrastre.

Cuarto toro: Montesino II, con 560 kgs. manso, sale sin fijeza como todos, flojo de manso, de salida se parte el pitón derecho en el burladero del 10; Deambula a su aire por el ruedo, dos picotazos con carioca incluida sin empujar en el caballo. Pitos al toro en el arrastre.

Quinto toro: Macetero, con 617 kgs. Manso completo con genio que impone mucho miedo a las cuadrillas, escarba de salida con la cabeza gacha y Díaz no se atreve a cercarse. Montoliú va a por él y le enseña al maestro el oficio, despertando al toro. Picotazos bajos, salió suelto poniendo en peligro al picador y claro, tuvo que ir el mono en su ayuda, y el mono no está para eso, señores.

Sexto toro: Langostero, con 619 kgs. Escaso de casta y manso; puyazo empujando el toro y tapando la salida, picotazo trasero empujando el estribo. Silencio. 


  • Curro Diaz, vestido de cereza y oro. Bajonazo degollando al toro, palmas. Cuatro pinchazos, perseguido por el toro pasando apuros serios y descabello, aplausos y saludos desde el tercio. Pinchazo y estocada caída y dos descabellos, saludos desde el tercio.
  • José Garrido, vestido de nazareno y oro. Estocada algo desprendida en lo alto, silencio. Un aviso antes de entrar a matar, voltereta y tras pinchazos y revolcones que le obligan a ir a la enfermería, otro aviso, Díaz da tres descabellos, cae el toro. Pinchazo, dos avisos y estocada, ligeras palmas.

Otra curiosidad, el sobresaliente Jeremy Banti, no había confirmado en Madrid, si llega a tener que actuar… ¿Quién le habría confirmado?, él mismo, claro.


Mano a mano esperado por la afición. Ya sabemos la admiración que se tiene en Madrid a Curro Díaz y las expectativas que había levantado esta temporada José Garrido, aunque en esta plaza todavía no haya desatacado especialmente. Toros del Puerto; sí, un encaste diferente al Domécq ¿y no es variedad lo que venimos pidiendo siempre? Para medir la competencia y rivalidad en el ruedo de dos toreros diferentes en entender el torero. Aunque ese pundonor apenas se percibió en el ruedo, pues el miedo se hizo dueño de la situación. Pero vivimos la emoción que debe tener este espectáculo, sin ella no tiene sentido.

Todo preparado, pero claro en el guión no estaba previsto que esos toros salieran complicados, que hubiera que darles una lidia diferente a cada uno, que fueran mansos con castita, que se vinieran arriba y se hicieran dueños de la situación cuando no veían una muleta firme enfrente…y eso es lo que pasó. Ante esto: el desorden, el caos, el no saber qué hacer, el no estar en lo que se debe por parte de los toreros, convirtió la tarde en un conjunto de despropósitos y desatinos. Cuando salen los toros de lidia y no carretones, lega la emoción y el personal se descompone, de manera más o menos pinturera, como ayer, pero se descompone. Y por si fuera poco, en los tendidos aplaudiendo el miedo y la vulgaridad y algunos de los que se dicen aficionados pidiendo la devolución de los ¡mansos!, Lo dicho, todos a por uvas. Menos los toros. Curro Díaz, pasó miedo, mucho miedo y se le notó. Tiró de destellos de garbo, pinturería y adornos y trincherillas en las que es un maestro, no lo dudo, pero torear dominando las arrancadas de sus reses y sabiendo lidiar, no lo hizo en ninguno de sus toros. A su primero, toro con movilidad, peligro que metía la cara y embestía con codicia de lejos, le ahogó con derechazos sin acoplarse, desde fuera y sin tener ideas claras de cómo dominar al toro; con la izquierda lo intentó pero el toro iba peor y lo dejó para volver a la diestra, con demasiadas precauciones y enganchones continuos; se fue el toro sin torear. En su segundo y cuando tras un trasteo de manos bajas parecía que iba a torear de verdad, se descubrió y el toro le volteó feamente. Muletazos sin rematar muy bien acogidos por parte del personal ¿?, y nada más. A su tercer toro le inició la faena con torería, sentado en el estribo y le dio unos muletazos con clase corriendo la mano, el toro fue a más y el torero a menos cuando lo intentó con la izquierda pues llegó la vulgaridad. El público demasiado generoso le aplaudió en el tercio. Entrecorte de racimo y racimo, quedaron detalles de su arte, solo detalles.

Garrido, lo intentó pero nada más. Este torero adolece de técnica para lidiar toros complicados y ayer se demostró; le falta cabeza aunque le sobre temeridad y saber manejar los tiempos de la lida, excepto con su primero, pasó un calvario con la suerte suprema y a punto estuvo de que le echaran su segundo al corral. En su primero estuvo más acoplado, estatuarios, trincherillas y con la derecha pareció que iba a torear bien, dejándole la muleta colocada y obligando al toro a pasar aunque pronto fue un espejismo, pero con la izquierda se puso fuera de sitio llegando los enganchones y el toro se hizo dueño de la situación. En el cuarto estuvo desbordado por el toro que le exigía y levantaba la cabeza a falta de ser dominado por bajo; toreando al hilo del pitón con el pico, perfilero…le arrolla el toro, le descubre y encerrado en tablas logra sacarle algún pase, alarga demasiado la faena y la muerte se le pone muy cuesta arriba, aviso, y al entrar a matar, es cogido mientras las cuadrillas siguen a los suyo sin salir a quitar al matador. Al sexto, que sale vendado y con una cornada en el glúteo, ¿debió salir así? Le receta una faena carente de mérito. El toro sin dominar da arreones, en sus embestidas, y Garrido se empeña en un toreo encimista de trapazos sin dominio y sin rematar. Otra cruz pasaría en la suerte suprema. Por favor, que le digan a este chico que en ese trance al salir de la cara del toro, no se deben tirar nunca los trastos y echar a correr. Hace muy feo, con todos mis respetos. Se acabó la corrida. Entre que las cuadrillas estaban a por uvas y el personal viendo en el móvil qué pasaba en Ferraz, pasó la tarde. Pero eso sí, toros y emoción hubo en el ruedo, la culpa no fue del ganado que cumplió con su deber, portarse como toros de lidia, mansos, pero toros con orejas que cortar.

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