Elogio de la brevedad y un bombón de La Quinta


  • Manolo Vanegas, de lila y oro. Estoconazo en el primero (saludos). Otra gran estocada en el cuarto (petición y saludos, pitado al intentar dar una vuelta al ruedo por su cuenta) y otra estocada hasta la gamuza en el sexto (ovación)..
  • Ángel Sánchez, de rosa palo y oro. Dos pinchazos y estocada (petición y saludos) y en el quinto pincha hasta tres veces y descabello tras estocada (vuelta al ruedo).
  • García Navarrete, de azul pavo y oro. Prendido al entrar a matar a su primero, lo finiquita Vanegas sin más historia.


Cuando Manolo Vanegas – que en 2016 toreó él solo más que los otros dos novilleros dos- se abre de capa con Hurón ya asoman en sus maneras el oficio aprovechando cómo descuelga por el derecho este primero novillo, quizá el más terciado de toda la tarde. Bien cogida la primera vara, más de largo la segunda, sale suelto de la suerte. Después de ser Talaván ovacionado tras un gran par de banderillas Vanegas brinda al público, iniciando su argumentario con doblones que hacen que el novillo se caiga. Lo intenta luego a media altura, en los medios y Hurón empieza a colocar la cara, como dicen ahora los taurinos. Vanegas nunca pisa los sitios de peligro, y aunque el cárdeno rebosa nobleza y boyantía Vanegas crea una faena sustanciada en un guion ya escrito frente a un toro que sin ser un leviatán necesita de otros resortes. Tirando líneas y tras los manidos ayudados por alto cobra Manolo un estoconazo de ley, incluso saliendo trastabillado del embroque, rodando el novillo sin puntilla. Lo mejor de Vanegas.


Molinero hace de segundo. Cojea de salida y el presidente dudó poco en cambiarlo, saliendo el primer sobrero, Cigarrón, de San Martín, también Santa Coloma por lo de Buendía. Con pies de salida, se gusta Ángel Sánchez con el percal, al que Cigarrón acude pronto pero descompuesto. Cojo también este novillo apenas empuja en la primera vara, la segunda es un refilonazo. Muy muy protestado Juan José Leiro. Ya en banderillas una colada a Fernando Téllez hizo que fuese el primer visitante de los dominios de García Padrós. Salió más tarde Téllez a lidiar el quinto. Ya en la muleta, incierto y punteando siempre, principia Ángel Sánchez su trasteo en el tercio del nueve, volviendo a colarse constantemente Cigarrón. Pases estimables de Ángel al trote bonancible e inofensivo de Cigarrón, que se fue consumiendo de a poco. Siempre fuera del terreno de encuentro, sustentando en la mano derecha, con la zocata tantea y, desconfiado, vuelve a la diestra. Cortando los viajes Cigarrón, va a por los aceros Ángel, donde pincha por dos veces deja una estocada con la que cae enseguida Cigarrón. Saludos desde el tercio, y pitos en el arrastre. Ni por asomo nos imaginábamos lo que podía llegar a ocurrir en su segundo.

En el tercero, Coletero de nombre, salpicado y careto de capa, inédito en el capote de García Navarrete, ya en varas tras un puyazo trasero entró con alegría a una segunda acometida donde ha sido un metesaca. Ya en banderillas algunas han sido traserísimas, y junto a un porrón de capotazos en la colocación para los pares hacen que Coletero acuse la lidia, o la ausencia de ella, al llegar al último tercio. Brinda al público García Navarrete, y para rematar las inclemencias se empieza a levantar un aire molesto y permanente que sólo consigue que el toro tire tornillazos y se cuele por donde no quiere Gª Navarrete. Amontonado sin fijar los terrenos de su obra, yendo y viniendo a capricho del de La Quinta, sin gas, es este Coletero el que antes se apagó en la muleta. Afloran pintureros algunos pases sueltos, sin llegar a ser maciza la faena. Al echársela a la izquierda Coletero le desarma. No titubea más García Navarrete, y ya en la suerte suprema sucede lo peor de la tarde: un palizón al entrar a matar augura un cúmulo de malos presagios, prendido feamente por el toro, zarandeado por los aires, otra vez ya en el albero ensañándose el novillo con el novillero, sin escapatoria posible, cornadas en el cuello y en el muslo, y un frío polar en los tendidos que anunciaban lo peor. Vanegas lo pasaporta sin más que contar. Pitos para el novillo en el arrastre, y el pensamiento de todos con García, Navarrete.

No corrió turno Vanegas y a Fontanero, zancudo y el más gacho que hacía cuarto, lo recibió rodilla en tierra, intentado que su tarde cogiese vuelo, por eso galleó saleroso para llevar a Fontanero al caballo. Tras una buena primera vara, incluso poniendo más largo al novillo en la segunda, fue cogido con buen tino por Ney Zambrano – el que más y mejor honró esta tarde a los de oro que van a caballo- aunque como casi todos los puyazos estos fueron inofensivos y laxos. Le saca a los medios Manolo y doblándose con él, fiándose Vanegas más de su técnica que de su alma, no consigue calar en los tendidos ni un miligramo de la emoción, que es la que da sentido a todo esto de los toros. Noble y con fijeza el novillo, le saca una y otra vez el venezolano para fuera, sin el compromiso suficiente para que su obra trascienda. Se tira con todo al entrar a matar, como en el primero. Mérito incuestionable. Tras leve petición, donde el presidente don Jesús Mª Gómez acertó de pleno no haciendo caso a los que vinieron en autobuses, queriendo Vanegas dar una vuelta por su cuenta, lo que fue recriminado desde los tendidos –¡¡aún queda algo de afición, oiga!!- se tuvo que tapar tras saludar desde el tercio.

Cuando ya nadie confiaba en llevarse algo para el recuerdo inopinadamente se dio lo que tarde tras tarde, como un cometa que sólo pasa cada cien años por delante de nosotros, como un buchito de agua en medio del desierto, una señal que sacie esta afición tan dura, durísima, que nos quita casi tanto como lo que nos da. Pavito –así se llamaba el santacoloma- y Ángel Sánchez tuvieron la culpa. Ya fue aplaudido en el recibo capotero, y aunque en el caballo se le administraron sendos e inocuos picotazos el buen son, que dicen los revisteros, de Pavito lo entendió Sánchez desde que genuflexo lo recogió en el tercio y lo fue sobando hasta llevarlo al platillo. Enseguida se lo echó a la izquierda, y al natural dejó Ángel Sánchez la prueba fehaciente de que la teoría existe por algo, y que la práctica pone a cada uno en su sitio. Pavito es un bombón y el novillero lo sabe, así que Ángel planta sus zapatillas de frente al novillo y sin enmendar la posición –no en paralelo, de frente-, adelantando la femoral, cargando la suerte, con el compás abierto y con la muleta –ayudado siempre con el estoque- echada por delante le liga un ramillete de tandas casi calcadas: tres naturales, y el pecho obligado. Doce pases, tres tandas, una trincherilla de cartelazo y un pase de la firma. Y ya. Ahí ha telegrafiado Sánchez lo que Vanegas en cien pases no ha logrado. Mas lo que vino después ya fue desilusión y rabia. Pinchó una vez Ángel. Y otra, y hubo una tercera. Y cuando llega el descabello Ángel ya ha despertado del sueño. Ni la vuelta al ruedo que unánimemente se le pidió podrá aplacar el desengaño de Ángel. Dicen que vuelve en feria con una de Flor de Jara. Sólo puede cambiar la moneda el que la tiene, y Ángel Sánchez hoy lo ha cogido la suya.

Cuando salió el último, el de Rehuelga, mucho más serio que los de La Quinta, como con más plaza, ya sólo había cuchicheos en los tendidos tras el golpe de autoridad de Ángel Sánchez. Con el calamocheo de Jarduo, soltando gañafones, con un descalzaperros de lidia en los dos primeros tercios, Vanegas se vio con un novillo desmadejado y sin fuerzas que se quedaba cortito en cada muletazo. Como había hecho antes, Vanegas porfió con su destreza, sin exponer un alamar con la pastueña embestida que le regaló Jarduo. Recurrió al arrimón como último recurso, ceñidas y casi inconscientes las bernadinas que anticiparon otra gran estocada, que nos dejó a todos imaginando que ojalá una de ellas hubiese sido ejecutada por Ángel Sánchez con Pavito.

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