Espectro de Resurrección. Esfumantes Montealtos y detrimento torero


  • Curro Díaz, de azul marino y oro. Estocada atravesada (saludos). En el tercero, pinchazo en el costillar y media atravesada (silencio). En el quinto, infame bajonazo (saludos con cierta división de opiniones).
  • José Garrido, de sangre de toro y oro. Estocada perpendicular y caída (silencio). En el cuarto, estocada caída y degollado (silencio). En el sexto, estocada muy tendida que escupe, pinchazo y descabello. Aviso (silencio).


Hoy la resurrección se ha quedado en espectro. Ni toros ni toreros nos han sacado de nuestra indiferencia en el asiento. Son de los días que el campo bravo refleja la cara fea de la moneda y exhibe por chiqueros animales sin ningún tipo de casta ni codicia, los pobres se apagaban antes que el puro de mi compañero de tendido. Y es que un ganadero es un criador de reses bravas y que te salga por chiqueros una mansada de libro como la de esta tarde es muy decepcionante. Tampoco los toreros han destacado por su innovación en el toreo y ambición de triunfo.

Los piqueros fatal, en resumidas cuentas venimos diciendo que todos los novilleros parecen salir del mismo sitio porque su forma de torear es similar, pues hoy parece que todos los varilargueros se han puesto de acuerdo para picar TRASERO y lo magnifico porque es bochornoso el daño que pueden hacer en esa localización al animal y la fuerte repercusión que tiene sobre la posterior lidia. Quiero pensar que no son totalmente conscientes de la responsabilidad que tienen.

El mano a mano anunciado, comenzaba con el veterano diestro linarés Curro Díaz. Torero de mucha personalidad, con gusto propio y torería de los pies a la cabeza. El lote que le correspondió fue en líneas generales manso y descastado. El primero, un barbudo bien presentado, no empujó en el caballo y resultó muy tardo en la muleta quedándose muy corto cuando se decidía a arrancar, eso sí, el diestro estuvo muy despegado todo el tiempo y terminó con una estocada trasera para quitárselo de encima. El tercero, poco armónico, descapota de salida tirando derrotes a diestro y siniestro. En la lidia, tampoco se le enseña a humillar. Con la cara muy arriba y las dudas de Curro, está claro que el toro no tiene un pase. La ejecución de la espada consiste en un feo mete y saca en las costillas que remata con una media atravesada. Es en su último en el que acariciamos el peculiar toreo de este torero. El jabonero que más bien un toro parecía un tosco deshecho de tienta, sale bizco y manso a espuertas. Se duele mucho en banderillas clarificando tal condición. Aunque rozamos la esencia. Curro Díaz deja unos muletazos de la casa, de los que se para el tiempo y se desmaya con total soberanía. Es una tanda en el que abandona su cuerpo racional para dejar volar la espiritualidad del fenómeno conocido como arte de torear, eso sí con dominio extremo. Al pestañear, enseguida se acaba el sueño heorico y volvemos a la realidad con la pesadilla de los enganchones y su aventajada posición al hilo del pitón. Le despacha de un infame bajonazo que acaba degollando al jabonero.

José Garrido, la otra mano de la terna, tampoco nos ilusiona mucho. Es un buen capotero como plasma con unas mecidas verónicas al segundo de la tarde pero, y que vaya por delante todos mis respetos, es un diestro que en la muleta es muy encimista y ahoga a los toros antes de ver sus condiciones de desplazamiento. Quizá esto lo haga para apaciguar a toros que salgan soberbios y con ganas de movimiento, pero a los de hoy que se apagaban en un suspiro, esta actitud es un erróneo estímulo para cualquiera que pretenda sumar algo. A mi entender, un toro que sale y continua con muchos pies y humilla en el capote es merecedor para citarle de largo. No obsante, Garrido lo ve claro, le cita de cerca, eso sí, muy preocupado por su posición ante él, sin ligar ni un pase haciéndonos ver que tiene delante a un animal insulso, parado y adomesticado que termina parándose y pidiendo a gritos que lo maten ante semejante aburrimiento. Una estocada habilidosa hace doblar al animal aunque sendos puntillazos lo levantarían después. Qué pena no haber visto un tanteo dando distancia al toro para ver si realmente se hubiera debilitado tan pronto o hubiera servido como acicate en la embestida. Corrido en cuarto lugar, sale Bordador, la estampa bonita del encierro, apretando con la penca levantada. Aunque humilla, otro que a medida que avanza su lidia se esfuma como vino y el torero sin acoplarse hace que la corrida vaya realmente deprisa. El escarbador sexto tiene hechuras de Cuadri, un portento de animal muy hondo y badanudo que huye del caballo dándole pal’ pelo finalmente en líneas del tendido 6. Escarba y repuchea hacia toriles pero es el que más se mueve de la corrida. Sin embargo, al igual que con su primer toro el diestro pacense está muy vulgar con toreo puebleril agobiante y encimista. La espada cae tendida y descabella no consiguiendo matar al toro por arriba.

Y yo me pregunto, ¿y los quites? ¿dónde se quedó esa rivalidad tan grande en los mano a mano donde el ofrecimiento al público de lo que uno lleva dentro puede ser mejor que lo de su adversario? En fin, seguiremos soñando con la del 96 aunque ya haya llovido.

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