Ureña y “Pastelero” trajeron la grandeza del toreo

Corrida de toros del hierro de Victorino Martín, de variado comportamiento, alguno encastado y bravo pero de escaso trapío y anovillados, flojeando, alguno muy escurrido, bastante lejos de los “victorinos” que traía el Paleto de Galapagar; a los que costó pasar el reconocimiento en un principio por lo que hubo que ir a por más toros al campo. Las malas lenguas decían que a cierto torero del cartel no le gustaban, ¡vaya Ud. a saber!

Tarde calurosa, se colgó el cartel de No hay Billetes.


Presidencia: En el palco presidió Javier Cano, quien no tuvo demasiados problemas

Cuadrillas: en estas corridas ya salen con unas precauciones previas excesivas; pésima lidia al sexto de Ureña en un tercio de banderillas desastroso. Muy mal la actuación de las cuadrillas en el quinto y sexto toro a los que se les sacó el estoque desde el burladero, espero que haya sanciones.

Tercio de Varas: En general puyazos traseros y bajos, algunos castigos excesivos y otros simples picotazos. Tapando la salida de los toros que no empujaron con bravura Buena actuación de Manuel Burgos al cuarto que acudió tres veces al caballo.

Primer toro: Soberano, de 592 kgs. Manso, soso, descastado, flojo. Puyazo sin empujar y picotazo al relance bajo, se cambia el tercio sin picar. Pitos en el arrastre

Segundo toro: Murmullo,de 517 kgs. Anovillado, flojo, de escaso trapío,  noble y dócil en la muleta que apenas empujó en el caballo. Acude al primer encuentro con algo de fijeza pero el picador no atina, en el segundo no quiso nada de peles y recibe un puyazo trasero. Palmas en el arrastre

Tercer toro: Pastelero de 520kgs. Algo flojo de salida, de escaso trapío pero más victorino que los anteriores. Acudió al caballo y desarrolló casta y emoción en la lidia. Dos puyazos traseros tapando la salida, en los que no vimos la bravura del toro, que empujaba a media altura sobre todo por el pitón izquierdo. Acudió alegre a banderillas. Un toro interesante y de los mejores de la feria. Ovación en el arrastre

Cuarto toro: Buscaplebes, de 552Kgs.Acudió tres veces al caballo demostrando cierta bravura pero llegó soso ya la muleta. Puyazo trasero con cabeceo del toro, ejecutando bien la suerte el picador pero el segundo muy trasero y entra por tercera vez, picotazo trasero, palmas al picador por la ejecución de la suerte. Palmas al toro en el arrastre

Quinto toro: Pesonero, de Kgs. Flojo, bizco del pitón izquierdo, blandea y descastado. Puyazo sin empujar bajo y tapando la salida, puyazo trasero al relance, muy castigado en varas,  muy mal el picador. 

Sexto toro: Bocacho, de 529.Kgs. Toro con escasa casta, más bien raspa, manseando  que cumple a duras penas en el caballo. Puyazo caído rectifica, puyazo muy trasero castigando mucho al toro, tirando derrotes al caballo haciendo la carioca.


Diego Urdiales, vestido de “verde botella y oro”. Pincha en los bajos y tras otros tres pinchazos estocada caída y atravesada, Pitos. Pinchazo y estocada delantera. Pitos

Alejandro Talavante, vestido de “rosa palo y oro”. Estocada desprendida y oreja. Dos pinchazos y estocada. Silencio

Paco Ureña, vestido de “caña y oro”. Estocada tendida y tres descabellos, dos avisos. Vuelta al ruedo.  Pinchazo, estocada y dos descabellos. Silencio


No eran los victorinos de pasadas glorias, esos toros cárdenos encastados con cara de rata que se revolvían en un palmo y hacían pasar las de Cain a los héroes que se enfrentaban a ellos, pero…tampoco eran la tonta del bote. Tarde de expectación con los rumores de no haber pasado el primer reconocimiento los toros traídos del campo y ser aprobada una corrida después de revisar muchos toros. Mal presagio

Tres matadores tres, del gusto de la afición y comentado los mentideros como todo un “gesto”, que una figura como Talavante se atreviera con ese hierro. Mucho cuento que pronto se toparía con la realidad de lo que salía por chiqueros. Sin ser un encierro en tipo “albaserrada” puro con lo que eso conlleva, vimos seis ejemplares de diferente comportamiento que  trajeron interés, y algunos, emoción a los aficionados.  Pero eso sí, tenían casta, en mayor o menor medida pero la tenían y eso en estos tiempos de ramplonería y borreguez ya es un triunfo. Con todo a mi modo de ver la terna estuvo por debajo del ganado, algunos ejemplares eran de claro triunfo y se fueron con las orejas puestas.

Urdiales no venía con muchas ganas al perecer y además pechó con un mal lote, su primero un ejemplar soso y de trote cochinero fue despachado con prontitud, el toro no pasa está gazapón y los trapazos por alto midiendo al toro no hicieron más que empeorar la faena a un toro moribundo. Al cuarto hay que reconocerle su mérito por hacerle entrar tres veces al caballo, pero nada más. Toreo por bajo sacando al animal a los medios y allí con la muleta retrasada le intenta sacar muletazos enganchados y fuera de sitio; muy perfilero y sin dar la distancia adecuada. Nos quedó la duda de si se le hubieran hecho mejor las cosas cuál habría sido el comportamiento del toro. Urdiales está a travesando un momento de debilidad mental para enfrentarse a estos hierros, cuando han sido la base de su ascenso en el escalafón. ¿Se le habrá olvidado cómo se les debe torear?

A Talavante le tocó el victorino bondadoso y noblote que le permite hacer ese torero pausado, elegante, a las afueras, tan de moda y que despierta euforia en los tendidos. Murmullo, toro ideal para la Tauromaquia moderna que permite al matador no descomponer la figura y dar tandas de derechazos templados, sin rematar pero el animal volvía con prontitud permitiendo empalmar, no ligar, los pases. Todo muy estético pero sin verdad, aun así el público estaba con el torero y le pidieron una oreja bastante superficial y muy protestada por un amplio sector de la plaza. Al quinto no lo quiso ver; toro con más complicaciones y más castita revolviéndose por los dos pitones  al que había que dominar y no ponerse bonito ¿podía haber intentado una lidia por bajo a la antigua? Creo que sí pero debió pensar que ya había hecho bastante y despachó pronto a la res. Adios,  Puerta Grande .

Y llegó el tercero, Pastelero, y con él la emoción de la casta y la  fiereza que deben tener los toros de lidia. Y allí estaba un torero con arrojo y queriéndose jugar la vida, Paco Ureña. Unos de los pocos del escalafón que van de verdad, es esconderse, poniéndose en el sitio por donde pasa el toro sin trampas ni cartón. En esa lucha de poder a poder reconozco que estuvo por debajo del toro, pero su esfuerzo y entrega llenó de emoción los tendidos. Comenzó perdiendo pasos, a un toro que le medía y perseguía con fiereza y casta, tandas con la derecha sacando muletazos cargando la suerte y obligando al toro. Con la izquierda de frente dando el pecho logra torear por naturales, pero debe rectificar a cada paso, vuelve a la derecha y pases sin rematar y el toro le busca desarrollando mucho peligro. Faena de gran intensidad y emoción donde vivimos el toreo frente a un gran toro al que no pudo rematar por fallar con la espada. La vuelta clamorosamente pedida tiene más valor que tantas orejitas justitas  y  sin verdad, protestadas por la afición. Ureña se ha ganado el crédito de los aficionados más exigentes por intentar torear ante toros complicados. Me hubiera gustado ver a muchas de las consideradas figuras delante de ese toro.

El sexto, toro mansurrón con genio peligroso,  no le permitió desarrollar su toreo, empezó por bajo a una mano pero pronto, pases destemplados, enganchones. Intentaba torearlo abusando de pico pero el toro daba arreones pues era muy complicado y peligroso colándose por el pitón derecho. Visto lo visto, optó por acabar con el toro.

Pero eso sí, nos había dejado en el recuerdo y la retina una faena llena de torería y verdad. Pastelero y Ureña habían hecho grande el toreo. Después de veintisiete festejos, que se dice pronto… ¡Que paciencia San isidro!

“Pastelero” nº 20 de Victorino Martín

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