Defraudaron los Adolfos

Festejo del día 09/06/2017

Ganadería
Adolfo Martín. Encaste Albaserrada. De variada presentación. Llena de mansedumbre, sin gota de casta y algunos ejemplares mostraron nobleza. . El quinto debió ser devuelto a los corrales por inválido. El tercero, cuarto y quinto, fueron pitados en el arrastre.


Antonio Ferrera: De turquesa y oro. Pinchazo y estocada trasera que dobla el toro. Silencio. Pinchazo, aviso, metisaca, dos pinchazos, 2º aviso y como remate un bajonazo final. Aplausos generosos.

Juan Bautista: De verde botella y oro. Tres pinchazos y estocada casi entera- Silencio. Pinchazo hondo que vale. Silencio.

Manuel Escribano: De berenjena y azabache. Estocada trasera, tendida y caída. Silencio. Estocada desprendida. Silencio. 


Presidente: D. Justo Polo Ramos.
Se le protestó al presidente la invalidez del quinto de la tarde, al no reunír condiciones para la lida, pero el usía jugó a empresario y se ahorró un toro.
Suerte de varas:
1º Comadrón. 548 Kg. Cárdeno oscuro. En el caballo no se empleó. Manso que llegó con cierto peligro a la muleta. El torero lo hizo todo al revés.
2º Buscador. 491 Kg. Cárdeno. En el caballo se dejó pegar y en la muleta mostró un descastamiento y una nobleza impropia de un toro de esta procedencia.
3º Murcianito. 519 Kg. Cárdeno. En la primera vara acudió suelto y en la segunda se repuchó. Manso en el caballo y descastado durante la lidia .
4º Chaparrito. 531Kg. Cárdeno. Se dejó pegar en la pelea con el caballo. En la primera entrada derribó al montado empujando con un pitón, pero a continuación mostró su condición de manso y sin casta.
5º Aviador. 532 Kg. Cárdeno. En el caballo no fue castigado. Mansote, inválido y descastado.
6º.Tomatillo. 565 Kg. Cárdeno. Manseó en el caballo, salió suelto se repuchó. En fin, manso y descastado como toda la corrida.
Cuadrillas y otros:
Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Ignacio Echeverría, muerto en el atentado del pasado día 3 en Londres. D. e. p.
La plaza no llegó a completar el aforo, en los tendidos 5 y 6 quedaron algunos claros que ni los toros de Adolfo Martín ni la terna consiguió llenar.
En el cuarto el matador Ferrera decidió no parear a su enemigo debido posiblemente a un percance que sufrió en su primero, ya que en el tercero apareció con una venda colocada en la cintura. Su cuadrilla montó el sainete en el tercio de banderillas. Tuvieron que pasar cuatro veces para colocar cuatro palos. Sería que el burel tenía el peligro sordo que a veces sacan a relucir para justificar su labor.



Cuando se lidiaba el quinto, algún aficionado preguntaba. ¿Esto es un toro de encaste albaserrada? Sí, contestó el de al lado. Y así era. Pero lo malo no fue si el quinto lo era o no, ya que toda la corrida tuvo el mismo comportamiento, y fue un simulacro de ganado, que debió confundir el camino y en lugar de llegar al matadero, terminó siendo lidiada en las Ventas. No nos extrañaría.
¿Y los toreros? Lo único que les salvó del respeto de los aficionados fue que se anunciaron con una supuesta corrida de las denominadas duras. Todo lo demás quedará en el olvido. En el primero y tercero lo matadores Ferrera y Escribano decidieron compartir las banderillas. Su labor no pasó de mediocre, como también lo fue el tercio que ejecutó en solitario Escribano en el sexto.
El primero de Ferrera se acostaba por el pitón izquierdo, y desde el principio de faena el toro comenzó a buscar el bulto que se escondía detrás de la muleta. Al natural el animal acudía con la cara alta, y el torero invirtió los papeles y en lugar de rematar los muletazos por bajo lo hacía por arriba. En un momento de la faena le tiró un derrote escalofriante que le hizo reflexionar y tomar el acero. El torero no se acopló a las pocas posibilidades que le ofreció su enemigo. En su segundo y ante un manso y descastado animal comenzó con muchas precauciones, pero las intenciones del toro eran que lo dejaran tranquilo, y en ningún momento mostró señales de ser un marrajo. El torero, tratando de justificarse, recorrió junto al manso todo el ruedo de la plaza, dando un trapazo allí y otro allá. De esta manera casi llegó a convencer a los triunfalistas espectadores que buscaron el triunfo del matador a cualquier precio. Al no matar de manera decorosa se les esfumó la oportunidad de encumbrar al torero.

Juan Bautista al no contemplar en su repertorio el colocar banderillas, dio la impresión que fue un convidado de piedra, y así se portó con sus dos toros. El primero un noble ejemplar le permitió ejecutar algunos muletazos por el pintón derecho, pero al intentarlo por el izquierdo el animal tenía menos recorrido. Ante esta situación tanto el matador como el toro comenzaron a aburrir a la concurrencia y su labor se recordó mientras duró su faena. Su segundo enemigo fue un inválido que perdió las manos en los primeros compases de muleta, y su comportamiento no mostró en ningún momento su procedencia. El fino torero francés se tuvo que ir de vacio al no encontrar en sus enemigos las condiciones que le permitieran lucirse. Otra vez será, torero


El tercero de la tarde lo sacó Escribano a los medios y al segundo muletazo se le coló. El animal pareció venirse arriba en banderillas, pero fue un espejismo, ya que le costaba tragarse los muletazos- El torero sevillano decidió abreviar y después de un aliño, decidió tomar el acero. El comportamiento del sexto no se diferenció de los anteriores y el torero después de sacárselo a los medios comenzó el toreo al natural, pero en lugar de torear de arriba abajo tratando de someter a su enemigo lo intentó invirtiendo los términos. Según transcurría la faena al animal le costaba acudir al engaño, el torero le dio distancia intentando remediar el desastre, pero no consiguió meter a su enemigo en la muleta. Con la derecha solo consiguió justificarse, ya que el toreo posiblemente se le olvidó en el callejón. Al final se puso pesado y el público le pedía a gritos que terminara el suplicio que había comenzado a las siete de la tarde.
Después de algunos años viendo el mal juego ofrecido por esta ganadería, en esta ocasión la realidad supero a la ficción, ningún aficionado esperaba un resultado tan desastroso de una de las ganaderías emblemáticas de la cabaña brava. A mejorar, ganadero.


©Pepeíllo.

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