Modelo de corrida moderna

29 de Septiembre. Tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Se han lidiado 6 toros de Núñez del Cuvillo, muy justos de presentación, flojos, sin interés en los primeros tercios pero en general, con duración y posibilidades en la muleta. El quinto descastado y a la defensiva resultó el más complicado. El primero fue arrastrado bajo una ovación.


Sebastián Castella (rosa y oro): Estocada trasera y atravesada –Silencio-. Estocada trasera y tendida –silencio-.

Paco Ureña (caña y oro): Estocada caída ( aviso) –Oreja-. Estocada defectuosa –saludos-

Luís David Adame (blanco y oro): Bajonazo –división-. Dos pinchazos y media estocada –silencio-


Tercio de varas y cuadrillas: Comentar los tercios de varas en una tarde como la de hoy es volver a repetir, sin ir más lejos, la reseña de la corrida enviada por D. Álvaro Núñez Benjumea este San Isidro. Pero no sólo aquella tarde, o la de hoy, sino la mayoría en la que los toros procedentes de “El Grullo” saltan al ruedo. Toros que entran al caballo, que se dejan pegar sin emplearse y que salen de allí sin dejar la más mínima huella en el tendido de lo que allí haya pasado. Ni los matadores se preocupan por lucir la suerte, ni el ganadero parece basar su selección en varas (como él mismo tiene reconocido), y lo que es peor, ni al público moderno parece interesarle lo más mínimo el primer tercio.

En banderillas, tan sólo destacó Miguel Martín en el sexto.

Presidencia e incidencias: Presidió D. Trinidad López Expósito sin complicaciones en el desarrollo del espectáculo pero en su debe queda la aprobación de una corrida muy justa de trapío para Madrid.

Paco Ureña sustituía a Antonio Ferrera herido hace unas fechas en Albacete.


La “Corrida Moderna” parece consumada. Por más que nos pese a algunos y aunque lo venimos anunciando desde años atrás, la corrida de toros ha evolucionado y lo que se presencia en la actualidad, salvo en muy contadas ocasiones, ya poco tiene que ver con ese espectáculo emocionante, íntegro en todos los tercios que componían cada lidia y basado en su principal protagonista, el TORO, que nos hizo amarlo desde niños. Hoy en día todo se basa en que el animal alcance el último tercio para aguantar, y si puede ser de la forma más dócil posible, los innumerables pases de muleta que el matador de turno tenga a bien propinarle. Lo de ordenar la lidia desde la aparición del toro en el ruedo, fijarlo y no dejarlo remolonear por todo el albero, guardar la colocación en la plaza de todos los intervinientes, o darle la importancia esencial que siempre tuvo la suerte de varas por ejemplo, ya sólo parecen cuentos de viejos nostálgicos. Ah por cierto, y aunque hablemos de Madrid y el trapío tampoco responda a lo que siempre fue exigible en esta plaza, tampoco nos alarmemos. ¡La “Corrida Moderna” es así!

Claro ejemplo hemos presenciado esta misma tarde. En el cartel, los pupilos de Núñez de Cuvillo, ganadería “top” que suele ser garantía para que una “Corrida Moderna” llegue a buen término. Y a fe que ha cumplido su misión. Hay que reconocerle al ganadero la capacidad de selección para que sus animales, una vez cumplidos los dos primeros tercios con más pena que gloria, saquen ese punto de codicia y duración en la muleta que permiten larguísimas faenas, e incluso en algunas ocasiones ofreciendo embestidas de calidad. Pero eso sí, lejos generalmente de un comportamiento verdaderamente exigente donde el matador deba ejercer un poder y dominio sobre la res previo a la búsqueda del lucimiento. Aquí la nobleza aflora a raudales, que es el paradigma del “Toro Moderno”.

Quizás el que mejor ha cumplido con esta máxima ha sido el primero de la tarde, con el que Luís David Adame ha confirmado su alternativa. Tragándose sin ningún estilo los dos puyazos (traseros, por cierto) que le han propinado, pero llegando con una movilidad a la muleta y una largura en las embestidas que ponían en bandeja un sonado triunfo al nuevo “Doctor” en Tauromaquia. Pero el mexicano, lejos de haberlo aprovechado, le ha recetado muchos pases pero de nula calidad. Siempre descolocado, toreando hacia afuera, retorciéndose en exceso, en definitiva muy por debajo de las posibilidades que se le presentaban. Como resultado, ovación al toro en el arrastre y división para su matador. Con el que cerró plaza, que perdió las manos en el primer tercio y que protestaba las embestidas por su justeza de fuerzas, nos mostró su capacidad para enlazar pases -que no ligar- a troche y moche, todos bien despegaditos, y aderezándolo con rodillazos, pases por la espalda, pases de pecho con una y otra mano… En definitiva, todo un compendio de “Torero Moderno” pero ni atisbo de toreo caro.

Aunque si de “Toreo Moderno” hablamos, el padrino de hoy es máximo representante. Resulta tan repetitivo contar sus actuaciones como presenciar sus faenas. Sebastián Castella es siempre igual. Y hoy no ha sido diferente. Mismos planteamientos tarde tras tarde, el mismo toreo de perfil, la misma concatenación de muletazos sea cual sea la condición del animal… Ante el descastado e insulso que hizo segundo no dijo nada y ante el cuarto, con más movilidad, pero al que no se le picó, faltó temple, sobraron banderazos y el tedio lo inundó todo.

Se anunció Paco Ureña como sustituto de Antonio Ferrera mostrando claramente su fuerte apuesta en esta Feria de Otoño. Torero el de Lorca, con un buen cartel en esta Plaza, donde se ha ganado merecidamente el respeto durante las últimas temporadas. Se le agradece que haya venido a dar la cara, y se marcha habiendo dejado una buena actuación en su primero y una no tan buena en el que hizo quinto. En éste segundo de su lote, manso, al que no se le castigó en varas y que llegó a la defensiva al último tercio le logró enjaretar Ureña una serie de naturales sometidos, de gran mérito, pero a partir de ahí, y quizás por los nervios de verse con la Puerta Grande entreabierta, la faena se embarulló y las ideas parecieron desvanecerse, hasta incluso llegar una voltereta al final del caótico trasteo. Antes, en su primero, feo y sin trapío para Madrid, y que se mostró descastado y flojo desde su aparición, la versión del murciano fue mucho más positiva. Con un material muy pobre delante, estuvo muy centrado, mostrando su concepto honrado en cuanto a colocación, conduciendo las embestidas al natural todo lo que el animal permitía y siempre por encima de las condiciones que se le presentaron. Bien Paco Ureña realmente. Otra cosa es que se le otorgara una oreja tras estocada caída, que sin quitarle un ápice de mérito a lo realizado, deja también a las claras la pérdida de exigencia y rigor que habita en Las Ventas últimamente. No hace tantos años todo se habría saldado con el reconocimiento sincero, importante y riguroso de Madrid porque una oreja era algo muy, pero que muy serio. Pero es que en la “Corrida Moderna” el triunfalismo es la vía utilizada para vendernos la buena salud de la Fiesta… De la “Fiesta Moderna” porque la “Fiesta Eterna” prácticamente agoniza.

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