Cierre de temporada para olvidar

Festejo del día 12/10/2017. Corrida del día de La Hispanidad. Último festejo de la temporada. Tarde agradable en lo climatológicamente hablando y con un cuarto de plaza (6.919 espectadores, según la empresa, aunque parecieron bastantes menos). Se jugaron seis toros de Gavira, procedencia Marzal y Salvador Domecq. Serios, bien presentados aunque descastados, mansos, blandos y sosos a excepción del buen segundo.


Daniel Luque, de negro y oro. Buena estocada. (Silencio). En el cuarto, media en buen sitio. (Oreja barata con protestas)

Sebastián Ritter, de catafalco y azabache. Pinchazo, otro igual, media tendida y dos descabellos. (Silencio). En el quinto, pinchazo, estocada. (Vuelta al ruedo por su cuenta con muchas protestas).

Javier Jiménez, de verde y oro. Estocada desprendida y tendida al encuentro. (Silencio). En el sexto, pinchazo y estocada. (Silencio).


Presidente: D. Jesús Mª Gómez Martín. Mal toda la tarde. No devolvió al inválido que hizo primero debido a su manifiesta falta de fuerza, cambió de tercio en casi todos los toros sin picar y concedió una muy barata oreja a Luque del cuarto de la tarde.

Suerte de varas: Se picó poco y como suele ser norma, mal. En esta corrida se demostró una vez más la falta de afición de los picadores y de los toreros, sin querer lucir ni un solo toro en el caballo.

Incidencias: Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por Iván Fandiño y Victorino Martín Andrés y el primer toro lució divisa negra —a petición del ganadero— en señal de luto.


El que abría la última tarde del año debió ser devuelto debido a su manifiesta invalidez en el primer tercio, donde tras ser muy poco picado perdió las manos en repetidas ocasiones. En la muleta volvió a dar buena cuenta de su invalidez en embestidas sosas, descastadas, bobaliconas y sin emoción. Luque, lo intentó en una faena excesivamente larga y sin momentos de apenas brillo. Faltó mucho toro. Tampoco tuvo suerte con el que hizo de cuarto de la tarde, otro animal descastado, bobo, soso y sin emoción. Pero en este el torero pisó terrenos de cercanías, lo que algunos celebraron en exceso. Dio realmente sensación de que el torero estaba abusando de un animal sin poder y que no oponía dificultades. Cerró Daniel la vulgar faena con luquesinas y media estocada en buen sitio, lo que desató la petición de oreja que el presidente —desacertadamente— concedió. Parece mentira que estando en Madrid baste con hacer una faena sin redondear ni una sola serie, abusando del toro al meterse en terrenos de cercanías y con una media estocada baste para cortar una oreja. El nivel al que se está poniendo la plaza es ya más que preocupante, los buenos aficionados que antaño la ocupaban se han ido y han sido sustituidos por un público nada conocedor del toro ni de la lidia y que disfruta viendo triunfar al torero, al que no le exige nada. Lo primero que debe haber para triunfar en Madrid debe ser TORO, y en este caso no lo hubo.

El mejor toro del festejo cayó en manos del colombiano Sebastián Ritter. Fue este el que hizo de segundo de la tarde, un toro que no hizo nada destacable en el caballo, donde se le picó en la paletilla, pero que en la muleta demostró su buen tranco, repetición, nobleza, duración y transmisión. Fue este un toro que muchos desean que les salga en esta plaza. Sebastián no lo supo ver e hizo el destoreo al que últimamente nos tienen acostumbrados muchos toreros, a veces fuera de cacho, sin ajuste, perfilero en muchas ocasiones, toreando con el pico y sin rematar los muletazos. Su única preocupación fue ligar los muletazos de cualquier manera. Dejó escapar un toro importante, que recibió una ovación en el arrastre, mientras él fue silenciado.

Si no hizo nada con este, mucho menos podíamos esperar de él en su bastante peor segundo toro, que embistió sin casta ni emoción. En un momento de la faena el toro le prendió muy feamente por el pecho y muchos en la plaza nos temimos lo peor al verle desplomado en el suelo, pero cuando le llevaban a la enfermería ordenó que le dejaran, en lo que fue una demostración de puro teatro —al no llevar nada serio— ante la angustia de todos los que estábamos en la plaza. Se aprovechó del percance para dar una vuelta al ruedo por su cuenta, después de acabar con el toro de una buena estocada tras un pinchazo, que fue muy protestada. Hay que tener un poco más de vergüenza torera y no aprovecharse de los percances para dar una vuelta. Dio la sensación de que el torero se rió de todos los aficionados, que ni siquiera le aplaudieron para saludar una ovación y acabó dando la vuelta.

El sevillano Javier Jiménez tampoco tuvo suerte con su lote, su primero fue un toro muy manso, que no embestía si no que pasaba y no puso a su matador en apuros en ningún momento, el cual estuvo mal colocado, sin arrimarse y toreando con el pico. El encargado de cerrar la tarde y el año fue un toro complicado, que reponía y se movía mucho. El torero se acopló en ningún momento y compuso una faena excesivamente larga y aburrida.

Con este festejo se acabó la temporada en Las Ventas, la primera de Plaza 1 y una de las peores gestionadas que se recuerdan. Esperemos el año que viene sea mejor y que no conviertan la plaza de Madrid —por culpa de la reforma— en un recinto que se parezca a cualquier cosa menos a lo que debe ser: una plaza de toros, más concretamente, la más importante del mundo.

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