¡Ay, si don Francisco levantara la cabeza...!

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  • ANTONIO FERRERA (de azulete payaso y oro, chaleco verde guardia civil y ridículas zapatillas azul celeste). Bajonazo trasero. SILENCIO. Estocada trasera caída y atravesada, OREJA.
  • MORENITO DE ARANDA (chaquetilla y taleguilla rojas y negras de spiderman, con ridículas medias negras a lo cura). Delantera atravesada. OREJA con alguna protesta. Estocada corta atravesada, AVISO, 6 descabellos y al 7º se autodescabella. SILENCIO.
  • ALBERTO AGUILAR (blanco con adornos de globos negros y esperpénticas medias negras también). Media atravesada, AVISO y descabello. SILENCIO. Estocada defectuosa, trasera y atravesada y descabello. OREJA con alguna protesta.


Si don Francisco el de los toros, el sordo genial de Fuendetodos, hubiese levantado la cabeza y asistido a la corrida de Las Ventas de Madrid no habría entendido nada y se hubiese vuelto tristemente a su tumba. Porque además de la necesidad de QUITAR LOS PETOS a los caballos en este esperpéntico espectáculo de disfraces que soportamos cada año y mal llamado corrida goyesca, hay otras dos cosas que deberían hacerse también si es que queremos que lo sea: QUITAR LOS BURLADEROS, inexistentes en tiempos de don Francisco y OBLIGAR A MATAR RECIBIENDO a la mayoría de Ios toros, pues hasta que Joaquín Rodríguez “Costillares” no inventó el volapié (y lo hizo sólo para los toros quedados) ésa era la única forma de hacerlo. Este año, como hacía buen tiempo, nos dejaron de nuevo hollar el albero, con lo que pudimos comprobar que ha disminuído el desnivel que hay desde el platillo a la barrera. O al menos es lo que nos ha parecido. Todo sea para favorecer que se note menos la falta de fuerzas de los toros en Las Ventas...y no digamos ya en el resto de plazas.  Antonio Ferrera en su primero estuvo como siempre, acelerado, incapaz, penoso con los palos y en pegapases con la muleta. Para colmo lo remató de una puñalada trapera bajísima. Con el cuarto, sin embargo, un manso al que no se pudo picar, se lo llevó a terrenos de chiqueros, donde el manso se encontró a gusto, desarrolló casta y a base de porfiar llegó a ligarle de forma casi milagrosa algunos naturales, dos de ellos extraordinarios, lentos, majestuosos, rematados con el obligado de pecho, lo mejor que le hemos visto jamás en este coso en toda su carrera. Al matar rápida y contundentemente se pidió mayoritariamente la oreja que nadie protestó. Una verdadera sorpresa pero que nos hace preguntarnos que si sabe torear así por qué no deja de hacer el saltimbanqui en banderillas y se pone en serio a la faena. Podría funcionar para el toreo clásico y eterno que exigimos unos pocos. Claro que luego, al verle más de cerca, dando la vuelta al ruedo con esos “zapatitos azules y brillantes” de “príncipe de las hadas”, pensamos si este hombre está en sus cabales o recibió de pequeño algún golpe en la cabeza y por eso siempre nos intenta sorprender con algo distinto. Esta vez citó a banderillas lidiando con el capote y con los palos cogidos. Al citar en el primer toro dejó la tela de pie pero en el cuarto no se sostuvo y no pudo completar hacerse el quite con el capote porque éste no debía estar muy tieso ¡Qué cosas inventa el Ferrari!  Jesús Martínez “Morenito de Aranda” comprobó que se le sigue queriendo y esperando en este coso. Lo mejor los lances de recibo al segundo de la tarde, mostrando que es un excelente capotero, de los mejores de los actuales. Con la muleta estuvo en moderno, sin embraguetarse, toreando con vulgaridad al hilo del pitón. Pero como entró a matar saliendo trompicado y el toro cayó de inmediato, los orejeros pidieron el trofeo que el del palco estaba como loco por conceder. Orejilla pueblerina protestada por los escasísimos aficionados que estábamos en familia y en minoría. En el otro, el manso más descastado de la corrida, nunca encontró la manera de meterle en la muleta y es penoso ver cómo aburren al personal al ponerse en “pegapases” ¡Que no es cuestión de cantidad, hombre!  Alberto Aguilar es otro torero muy querido en Madrid por su entrega, pundonor y por no esconderse nunca, aunque a veces queda a merced de sus oponentes. O evoluciona o no creo que pase de un cierto nivel. En su primero, un manso que nunca se entregó y tampoco humilló, no pasó de valentón y porfión, pero nada más. El sexto, para muchos de nosotros fue el mejor de la corrida, aunque también manseó en varas pero se vino arriba en banderillas y se encontró con un torero que le presentó batalla en todos los terrenos, aunque el toro terminó rajándose y al final donde se encontraba más a gusto era hacia los adentros. Sus embestidas fueron boyantes y creemos que el diestro no terminó de acoplarse ni de dominarlas, estando a veces a merced del astado. Pero eso aún provocó más la emoción en sus partidarios que le jalearon al barruntar el peligro. Le costó igualarlo para entrarle a matar de estocada defectuosa pero arriba y al despenarlo a la primera sus seguidores pidieron ruidosamente el trofeo que el dadivoso señor del palco otorgó generoso y feliz, aunque algunos creemos que en Madrid se debería exigir más. Pero así está el cotarro.  En resumen, caricaturescos y esperpénticos disfraces pero entretenido festejo en general. Aunque alguien se creerá que una corrida de tres orejas en Madrid debió ser un corridón. Pues no, señores, para los aficionados dos naturales, uno de pecho, dos verónicas, una media, más un par de banderillas de un subalterno no es para tanto. Pero en este desierto actual...puede que sí, que para algunos fuera un corridón.

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