Castella por la puerta de atrás

Ampliar Portada

Tercer festejo de la Feria de Otoño. Se lidiaron seis toros de Núñez del Cubillo, de procedencia Domecq, Núñez y Osborne, de desigual presentación en general flojos y de muy justo trapío para esta plaza; variados de capa, anovillados, el primero y segundo, que se salvaban por la cara, con muy poca casta a excepción del tercero de la tarde que mostró bravura y boyantía; el sexto muy flojo. Todos con nobleza y bastante movilidad.

Primer toro, “Tramposo” de 527 kgs; flojo, anovillado, descastado, bien armado. No se emplea en el caballo y recibe dos puyazos el primero al relance y trasero, sin fijar, sale suelto , a punto está de doblar las manos; el segundo también trasero, el toro manseando huye de la pelea. Silencio y algunos pitos en el arrastre.

Segundo toro, “Juguetón” de 534 Kgs. anovillado, muy flojo y manso; el primer puyazo trasero aprovechando el encuentro del toro, derriba la caballo; el segundo trasero y sin empujar. Silencio.

Tercer toro, “Ventanero” de 536 kgs; gran ejemplar, bravo en el caballo, noble y con una gran boyantía en la muleta. Pelea en varas recibiendo un puyazo trasero en lo alto y el toro empuja hasta derribar al picador en los medios; el segundo, un picotazo trasero. Ovación en el arrastre pero creo que no era de vuelta al ruedo al no haber entrado al menos tres veces al caballo y comprobar su bravura.

Cuarto toro, “Lanzafuego” de 554 kgs. con poca casta, muy flojo de los cuartos traseros. Mal picado en dos puyazos traseros. Silencio en el arrastre.

Quinto toro, “Aguaclara” con 523 kgs. manso de salida, flojo, de escaso trapío. El toro acude con ligereza al caballo, recibe dos puyazos el segundo muy trasero. Silencio en el arrastre.

Sexto toro “Ganador” de 558 kgs. noble pero inválido, se protesta de salida; en el primer encuentro con el caballo pierde las manos, protestas; puyazo bajo y picotazo simulando la suerte; clara embestida en la muleta. Ligeras palmas en el arrastre.


Julio Aparicio: vestido de “catafalco y azabache” con chaleco de oro; Estocada entera atravesada; silencio. Estocada caída y atravesada; algunos pitos.

Morante de la Puebla: vestido de “nazareno y oro”Estocada entrando a paso de banderillas, trasera y atravesada; silencio. Pinchazo sin soltar y estocada casi entera, atravesada; silencio y ligeros pitos.

Sebastián Castella: vestido de “verde oscuro y oro”; estocada baja. Dos orejas. Pinchazo hondo tendido y atravesado, al cuarto descabello el toro cayó; un aviso. Palmas.


Presidió el festejo Manuel Muñoz Infante que tuvo una pésima actuación al otorgar la segunda oreja a Castella en el tercer toro, después de matar al toro de una estocada baja. En la primera plaza del mundo no se puede consentir que el presidente ceda a los gritos y presiones de petición del público sin tener en cuenta que el segundo trofeo se debe dar después de una faena completa por ambos pitones y matar según los cánones, ¿para qué están los asesores y el reglamento?. Al finalizar el paseíllo se tributó una ovación a la terna dirigida sobre todo a Morante de la Puebla por el recuerdo dejado en esta plaza con su magistral toreo de capa en el pasado San Isidro. Tarde soleada, lleno en los tendidos. A la entrada se repartió el boletín de nuestra asociación correspondiente a la feria de otoño. Resaltar la labor de los rehileteros, Curro Molina en el tercero que le obligó a desmonterarse y sobre todo el gran par al cuarto de Ángel Otero, de poder a poder, que sin embargo no saludó montera en mano, paradojas de la lidia.


Eran las cinco de la tarde y la expectación se sentía en los aledaños de la plaza. Toreaba Morante y el recuerdo de aquella memorable tarde del 25 de mayo alentaba la esperanza de los que entrábamos en el coso ansiosos de revivir el pasmo milagroso de aquellas verónicas de ensueño.¡Qué quieren...de ilusión también se vive! sobre todo los verdaderos aficionados a este mundo a pesar de tanta vulgaridad y desprestigio que hoy invade a la fiesta de toros. Tarde soleada de otoño en Madrid, el run-run nervioso sacudiendo los tendidos. Paseíllo como mandan los cánones y al finalizar la ovación cerrada que comienza en el siete y se extiende por toda la plaza hacia la terna pero es a Morante a quien van dirigidos los aplausos. Y sale el primer toro y Aparicio que es un torero de duende y magia no se acopla de salida. Empezamos mal, viene como sin ganas, el comienzo de faena muy torero nos hace despertar la ilusión pero nada. El toro andarín, sin mando del torero trae de cabeza al matador que en continúo movimiento deja ver el miedo que le impide fijar las zapatillas y torear; no puede con el toro, fracaso. En su segundo más de lo mismo; desbordado, sin ganas lo despacha pronto. Hay que agradecerle que no eternice con trapazos su incompetencia. ¿Otra vez será? cuidado, no se puede seguir viviendo del crédito de aquella memorable faena al de Alcurrecén de hace tantos años. Morante parece cansado, arrastra una larga temporada, viene con una mano lesionada y a pesar de algunos destellos con la capa nos deja con la esperanza intacta. Verónicas templadas de salida a su primero pero no es el Morante de mayo: barbilla hundida en el pecho y la espalda cargada de todo el arte torero acumulado en el corazón y meciendo la capa en un balanceo eterno... Hoy no es su tarde pero aún así es el torero que mejor mueve las telas, larga el percal y remata atrás llevando la furia del toro dirigida a dónde no quiere ir. Lo mejor, unas chicuelinas en su quite que nos hacen presagiar algo bueno. Con la muleta está perfilero, no torea se limita a componer la figura, algún dibujo de derechazo. Faena breve, menos mal. En el quinto está a merced del toro; Morante es el Morante apático de otras tardes. Sin pena ni gloria no importa, Madrid siempre le espera y le respeta. ¿Y Castella? puerta grande con minúscula. Tuvo el mejor lote, sobre todo el tercero con un pitón izquierdo con muchos cortijos y glorias a regalar. El problema de este torero es su monotonía; cuando empieza su faena ya sabemos que va a hacer: pies juntos estatuarios, pases cambiados, ligazón con trampa pues siempre descarga la suerte con la pierna retrasada, citando en la pala del pitón contrario, perfilero. Valor no se le puede negar pero Don Tancredo también tenía un valor a raudales y no era figura del toreo. En su primero fue de más a menos, faena desigual a un toro que acudía de lejos empezó dándole distancia y acabó ahogando al toro, encimista aprovechado las embestidas cortas y dando el arrimón final para calentar al personal; toreo de pueblo a un gran toro que merecía otra faena; en mi opinión le faltó hondura y verdad sin citarle de frente, aprovechando el viaje y metiendo pico en demasía aunque he de reconocer que le sacó buenos naturales pero creo que el toro pedía y se merecía más; es decir, estuvo por encima del torero. Además mató mal, baja la espada y por ello me pareció un exceso las dos orejas: una de acuerdo, pero ¿cuándo en Madrid se daban dos orejas matando así y con una faena desigual?. Esto no es lo que era y el presidente se dejó llevar por una euforia excesiva del público aplaudidor que ovaciona todo: pares de banderillas caídos, puyazos traseros, bajonazos...y en cambio demostró su más completa ignorancia al pitar a Aparicio por querer hacer el quite del perdón al sexto toro, teniendo todo el derecho a algo que tanto ha apreciado siempre el aficionado de Madrid. En el sexto faena vulgar, de nuevo el tancredismo, dos buenos pases naturales y el unipase acortando el toro los terrenos; si no es por el fallo a espadas, le habían dado más orejas. Vergonzoso. En fin, Francia tiene su torero y Madrid una plaza desprestigiada atacada por el virus del orejismo. Esa es la peor enfermedad, incluso la fiesta puede morir de éxito.

Comparte esta publicación

Te Recomendamos