El sentir de un ganadero

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  • Luis Miguel Encabo. De celeste y oro. Estocada. Silencio. Estocada atravesada que hace guardia, tirándose fuera de cacho y cinco descabellos tras aviso. Silencio.
  • Fernando Robleño. De tabaco y oro. Estocada desprendida y atravesada, Aviso Saludos desde el tercio. Pinchazo y estocada en los bajos tirándose fuera de cacho. Silencio.
  • Alberto Aguilar. De azul y oro. Dos pinchazos, uno en los bajos y metisaca que fue suficiente para acabar torticeramente con el animal. Pinchazo, pinchazo hondo y cuatro descabellos. Silencio.


Dado el juego que ofrecieron sus toros sobre el albero de Las Ventas, la decepción de D. Fernando Cuadri tuvo que ser grande, ya que los aficionados lo consideran uno de los pocos ganaderos románticos del siglo XXI. Aunque se dieron los condicionantes expuestos, los toros no cumplieron a las expectativas que los aficionados habían depositado en ellos. Pesó mucho la divisa en los matadores donde destacó el pundonor que puso Encabo en el cuarto ante un animal que sacó casta y fue muy exigente con el torero. El de Alcalá de Henares estuvo muy digno ante su animal que tardeaba en las embestidas pero cuando lo hacía se comía la muleta. Aunque el torero tenía a los aficionados con el toro, estos pudieron comprobar que estuvo a la altura de las exigencias del astado. Su primero se rajó en la muleta y el torero después de sacarlo a los medios creyendo que en esos terrenos se prestaría al lucimiento, el toro se rajó y no hubo manera de ligarle ninguna serie. Fernando Robleño sacó a su primero a los medios sometiéndolo por bajo y su enemigo aguantó la pelea ya que tenía mucho que torear, pero el torero anduvo sin colocación situándose en la oreja de su enemigo y el animal no tenía mucho recorrido pero el torero tampoco tiraba de él con la muleta, aunque mostró disposición no estuvo a la altura de las exigencias de su enemigo. A su segundo no lo entendió. En los redondos de comienzo de faena el toro le tocaba la tela, y en ningún momento le bajó la mano, rematando los muletazos por arriba, en una palabra, todo al revés. Alberto Aguilar tuvo un buen toro en el tercero de la tarde, pero no lo aprovechó. Anduvo con muchas precauciones, influido posiblemente por la divisa, basando su arte en el pico de la muleta, sin colocarse en su sitio y por el pitón izquierdo se dedicó a bailar alrededor de su enemigo. El toro tuvo su faena, pero el torero no la aprovechó. En el sexto y después del sainete a que fue sometido el animal en banderillas, muy ilusos tuvieron que ser los aficionados para creer que el torero iba a sacarle faena con la muleta. Desde el comienzo se le vio sin recursos, y se limitó a pasarlo por la pañosa pero sin ningún atisbo de acoplar a su enemigo, ya que el animal había aprendido lo que no debía haberle enseñado su cuadrilla. 

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