La agudeza a lo “romero” para triunfar con “Adobero”

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17 de mayo de 2015 | Escrito por Esther Arribas González | Fotografías de Constante

Corrida de toros en la Plaza de Toros de Las Ventas. Décima corrida de la Feria de San Isidro. Se lidiaron seis toros de la ganadería de El Montecillo, procedencia Juan Pedro Domecq, serios y bien presentados en general, a excepción de tercero y cuarto más bajos de trapío. Destacan en su comportamiento 2º y 6º.

El 1º, abanto de salida y despistado, con movilidad y noble en la muleta; 2º, abrochado, estrecho de sienes con entrega y repetición; 3º, lesionado durante la faena y protestón; 4º, descastado; 5º, toro hondo, alegre y el único que se ha llevado tres puyazos en lo que vamos de temporada aunque se acabó rajando en tablas; 6º, gran toro sin embargo no se le pica. Menos de tres cuartos de entrada en tarde calurosa.

El peso medio de la corrida fue de 551 kg.


JUAN BAUTISTA de caldera y oro. Estocada (silencio). Estocada caída (silencio)..

ALBERTO AGUILAR de verde esmeralda y oro. Costillazo infame con aviso y descabello(silencio). Estocada (silencio).

JOSELITO ADAME de lila y oro. Tres pinchazos y estocada caída (silencio). Estoconazo espectacularmente ejecutado aunque algo desprendido (una oreja).


Presidencia: Trinidad López-Pastor Expósito preside sin complicaciones, aunque no está de más recordarle que los delegados de callejón de turno podían enjuiciar mejor la suerte de varas y calibrar dónde debe colocarse el caballo para ejecutarla con la más verdadera pureza y autenticidad que debe denotar.

Suerte de varas: Ahora además de picarse trasero, se pica muy poco y no nos enseñan las verdaderas virtudes o defectos del toro. Se está convirtiendo en una pantomima de sacar el caballo a dar un paseo por el ruedo venteño haciendo de la suerte de varas un innegable simulacro.

Cuadrillas y otros: Nada especialmente reseñable.


En el momento actual de descastamiento de la cabaña brava que estamos padeciendo quizá sean pocos los toros que puedan apechugar esta diferente forma de matar. Cuando en el punto final de la lidia y en el máximo momento de agonía, el animal tiene aún fuerzas y se puede arrancar para acudir al cite de muerte, la suerte suprema que puede ser venidera, es matar recibiendo. Y se puede distinguir entre matar recibiendo y matar aguantando. Esencia Pedro Romero.

En el último tramo del festejo y con un escandaloso aburrimiento con gentío susurrando como estaba siendo el desenlace de la liga de fútbol y el transcurso de la final de la Copa de Europa de baloncesto, se abalanzó sobre el ruedo un animal que transmitía. Digo transmitía porque pudo llegar la emoción hasta el tendido.

Adame se plantó a porta gayola a recibir a “Adobero”, un animal alto y muy bien presentado. Un auténtico Gasol. Un buen saludo capotero y una mala, malísima, suerte de varas marcaron su lidia. No se le picó. ¿Cómo se puede medir la bravura de un animal si cuando sale alguno, no nos dejan ver la pelea que desarrolle en varas? en fín, con dos picotacitos traseritos fue servidito. Aunque se adolecía en banderillas, el toro tenía algo reservado. Algo que se llama movilidad, querer estar ahí, midiendo cada pase en la lucha contra su enemigo.

Un comienzo de muleta por estatuarios con tres apabullantes pases de desprecio con muñeca le dirigieron a los medios. Largo y codicioso embestía por ambos pitones. Allí, el toro iba y venía al toque con una absoluta fijeza estando siempre alerta del siguiente muletazo. Una máquina de embestir que no supo utilizar Joselito porque siempre estuvo fuera de sitio. Sabía que el toro había estado por encima de él y eso no podía quedar así. Quiso terminar con unas manoletinas para concluir con un toro que pedía más faena porque hasta cerró la boca en este último trance. Esto se llama irse UN TORO SIN TOREAR.

Y aquí llegó el momento de la tarde, el aliño de un astuto matador.

La suerte creada y perfeccionada por Pedro Romero fue el aderezo para “Adobero”. Un estoconazo a recibir supuso el triunfo. Probablemente el mejor que llevamos de feria porque ahora la moda está en cortar orejitas muy asequibles con aceros caídos. El toro resistiéndose a morir se levantó y cayó después como maroma sobre el ruedo.

Alberto Aguilar no ha mostrado ser el torero con arrojo y valentía que hemos visto en comparecencias anteriores en esta plaza. Ha estado muy por debajo con el segundo de la tarde dando medio-pases amortiguando las embestidas a un animal que repetía con largura. La inseguridad y falta de conocimiento quedó sellada al matar a ese astado a suerte contraria, qué barbaridad.

A su segundo le colmó de aburrimiento dándole muletazos hacia fuera despreciando su rivalidad aunque fuera certero con la espada.

Juan Bautista ha estado tan abúlico, distante y apagado como su lote, que ya es decir. Una faena muchas veces vista y sin resolución de acople.

El caldo de cultivo en el que hoy se ha embebido el público de Madrid, ha sido una oreja por la estocada probablemente de la feria, con un torero inteligente e inconformista a irse sin apéndice del coso y un toro fabuloso en la muleta. El interrogante es ¿y en el caballo? ¿cómo hubiera sido su comportamiento si le hubieran picado? Así, nadie lo sabe.

 

Montecillo

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