Lo que no te contarán las crónicas oficiales

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Vigésimo octava corrida de la feria San Isidro con toros de Saltillo, procedencia original del propio Marqués de Saltillo, el mismo que un día le dijo a Miura: “desengáñese usted, don Eduardo, en España ya no quedan más que dos ganaderías de postín, la mía, de toros mansos, y la de usted, de bueyes bravos”. Y así, en tarde racheada han salido seis mansos de Saltillo, pero no los tontos de todos los días: los mansos con casta (más buena que mala, pero casta que hay que lidiar). Veletos todos ellos remangaditos en las sus cuernas, vareados sin llegar a estar escurridos, con poco menos de 500 kilos, para que luego digan que hace falta romana en Madrid para tener trapío. Como se suele decir, “en el tipo de la casa”. Los humores cambiantes, los comportamientos imprevistos y esa reminiscencia antigua, tan vilipendiada en nuestros días, de un toro que no se deja frente a un hombre que lleva al límite sus facultades. Esto existe, está latente, y obviarlo en las crónicas oficiales es tanto como mutilar un cachito de la verdad de todo esto: la condición atávica e imprevisible de un animal no se puede maquillar. Y mucho menos ocultar pensando que así desaparecerá. Hoy queda claro que, guste más o menos, hay toros que exigen enfrente toreros machos, y que la emoción no viene siempre por la estética. Hoy el toro listo, de pezuña dura y boca cerrada estaba en el ruedo, y el público de gin-tonic, malas contestaciones y de peticiones sin sentido estaba en su casa. Y esto es posible que no lo cuenten en los portales, ni españoles ni del mundo.

Octavio Chacón, de turquesa y oro con cabos negros. Estocada algo tendida y trasera tras aviso: fuerte petición de oreja y vuelta al ruedo. En su segundo estocada arriba: saludos desde el tercio.

Esaú Fernández, de azul marino y oro. Pinchazo a paso de banderillas y estocada; silencio tras un aviso. En el quinto hemos contado casi una docena de pinchazos para terminar con una media estocada atravesada y tendida y estocada baja: pitos tras dos avisos.

Sebastián Ritter, de grana y oro. Una casi entera en su primero: saludos. En el sexto, pinchazo y estocada arriba algo atravesada; saludos.

Presidente: D. Gonzalo Julián de Villa Pardo. Se llevó una descomunal bronca por conceder la vuelta al ruedo al primero de la tarde, Asturdero, y dejar sin oreja tras fortísima petición al matador que lo lidió, Octavio Chacón. Actuación en sintonía con las decisiones presidenciales, ya no tan ocasionales, que jalonan el pulso de la feria, polarizando lo que se decide en días de público de aluvión y días de aficionados como hoy.

Suerte de varas:

1º Asturdero, cárdeno bragado meano corrido, 517 kilos, de 12/2013. De largo la primera vara, el puyazo aterriza en la paletilla, a pesar de lo cual derriba al pica. La segunda de largo también, y va Asturdero. Le agarra bien Santiago Pérez, mas rectifica y vuelve a picarle... Hay una tercera entrada solicitada por Octavio Chacón, siempre de largo, el cual con un gesto de mano indica a su varilarguero que lo marque “un poquito”, sin castigo. El toro, ya tardeando, acude sin emplearse, y el pica vuelve a meter las cuerdas.

2º Vibillo, cárdeno bragado meano corrido axiblanco, 518 kilos, de 04/2014. En su primera venida se le receta un picotazo en la parte trasera del costillar derecho. Picado en contraquerencia por Ney Zambrano, donde se le zurra de lo lindo, vuelve Vibillo a terrenos del siete y le pegan ahí todo lo que no le dieron a la Cuvillo, con saña y alevosía además. Desangrado como si no hubiese un mañana es despedido con duras recriminaciones el picador de tanda, Nicolás Martín.

3º Galguito, cárdeno bragado meano corrido axiblanco, 499 kilos de 12/2013. En su primera visita al negociado de Israel de Pedro pasa inédito Galguito. Entra dos veces más pero regateando al caballo y sin apenas empleo en el kevlar del jaco Israel de Pedro.

4º Consejote II, cárdeno, 607 kilos de 01/2014. Primera vara testimonial. Segunda que vez acude al caballo ya es con más alegría pero sin emplearse. Hay una tercera entrada, pero ya es picotazo como en una analítica.

5º Cazarrata, cárdeno bragado meano corrido axiblanco, 522 kilos de 10/2013. Al relance la primera vara, se parte el pitón en la segunda. Acude una vez a la llamada del aleluya, pero como si no hubiese ido: nada de nada.

6º Saladora, cárdeno bragado meano corrido, 524 kilos de 02/2013. Se empleó en el primer puyazo, pero le tapan la salida y ahí ya se desfonda. La segunda vara cae en el pescuezo, acción que acusa este Saladora ya para el resto de la lidia. Aún hubo una tercera entrada, pero fue tardeando y sin empujar apenas.

Cuadrillas y otros: con cuarto y mitad de aforo (que hoy, mirases donde mirases, sí nos poníamos cara y nombre) destacamos a Alberto Carrero, que protagonizó dos quites de providencia en el tercero de la tarde (su tercio de banderillas al primero también fue digno de mención). Quede aquí constancia de la inefable dirección de lidia de Octavio Chacón, medrando en cada brega, acompañando al picador de tanda cuando salía desde el callejón al ruedo y, en definitiva, haciendo todo eso que no se ve pero que mejora la condición de los toros para su lidia y muerte.

El propio Chacón pechó con el toro protagonista de la tarde. Echó un cable el presidente con la decisión final al blandir el pañuelo azul, pero nos quedamos con el inicio capotero a su primero, Asturdero, al que le enjarretó unas verónicas mandonas, abrochadas con una media abelmontada, que tiran por tierra eso de que con estos toros uno no puede expresar su tauromaquia. Noblón en la muleta, le principia por bajo, y tras dos lucidas tandas por la derecha se la cambia de mano pero el saltillo por ahí sólo va al bulto y al gañafón. Es un toro pronto pero con el pitón izquierdo apuñala. Peligrosísimo por ahí, orientado y enterado, se apagó después de eso. Octavio se tira a matar con todo. La estocada cae arriba pero algo tendida; el toro, con la boca cerrada, parece que se va a echar y al intentar apuntillar se rehace otra vez y se levanta Así un par de ocasiones. Llega el aviso y ahí Asturdero ya se rinde. Hay una fortísima petición de oreja que no fue concedida, pero para más inri lo que sí se concede es una cuestionadísima vuelta al ruedo al de Saltillo. Pero ahí queda el aldabonazo de Chacón.

Con su segundo, Consejote II, el menos asaltillado de la corrida, el más grandullón con 607 kilos, poco pudo desplegar Chacón. Tras un pobre tercio de varas el toro se hace el amo en banderillas (en el que Vicente Ruiz se desmontera por exposición y por redaños) sembrando el pavor en el ruedo (como han hecho el resto de sus hermanos) fijando su mirada más en la silueta de Chacón que en el estímulo de la muleta. Imposible articular faena o algo parecido, eso es un quinario. Desiste Octavio, que tras una estocada con puntilla recibe la ovación desde el tercio. Deja el gaditano su particular toque de atención y el regusto de querer verle de nuevo en nuestra plaza.

De Esaú no podemos compartir nada bueno. Mientras todos en los tendidos se preguntaban qué hacía un chico como él en una plaza como ésta, Esaú expuso lo poco o nada que puede llegar a desarrollar con toros de casta como los de hoy, toros de pedir la documentación, de torear con las piernas y no de salón, de doblarse por bajo y no de tirar de pico por alto, y así fue como pasó de puntillas frente a Vibillo, un toro orientado y avieso desde que asomó por toriles, que junto con el aire que se levantó por momentos aumentaron la desconfianza de Esaú. Peor fue con Cazarrata, que si bien parecía el más muletero de la tarde enseguida se enseñoreó del ruedo, y Esaú no pudo, ni supo, por dónde meterle mano. Así que tras intentar matarlo cerca del siete, y tras pasar por tres o cuatros tendidos más, acabó finiquitando el toro tras casi una docena de pinchazos. No está Esaú para venir así a Madrid, aunque mucho nos tememos que tampoco está Esaú para decir que no cuando le llaman para torear.

Y de Sebastián Ritter ponderarle su disposición, sus ganas incluso de entrar a los quites (¿?) y demandarle algo más de inventiva para salirse de la faena de escuela taurina, romper con el molde de (intentar) torear a todos los toros por igual y buscar un sello personal que no nos haga ver en él un clon de toooodos los toreros que parecerse a alguien. Galguito fue su primero, el más escurrido de toros, pero igual de serio que el resto. Tras probarlo en el cinco se lo trajo al siete y ahí no pasaba el toro. Galguito sólo va a derrote fijo. Desarma a Ritter en varias ocasiones, que en cuanto quiso ponerse bonito dos veces las dos veces fue atropellado. Al final volvió al cinco, que es donde quiso Galguito. Luego cerca de chiqueros no le quedó otra que entrar a matar. Y con una estocada casi entera (también llevaba la boca cerrada este Galguito) se echa el toro, y cuando le intentan apuntillar vuelve a levantarse (como el resto de toros de hoy!!). Al final cae en terreno del cuatro, y tras meter la mano recoge la ovación de los abonados.

Con Saladora, badanudo y guapo, aplaudido de salida, poco pudo argumentar Ritter. El saltillo codificó cada uno de los elementos externos que intentaron agredirle durante la lidia y desde entonces se orientó de tal manera que sólo arremetía contra aquello que tenía localizado en su cabeza. Por momentos hubo pánico en el ruedo, azarosos fueron los dos pares de Rafa González, en los que Saladora hizo hilo con arteras intenciones, continuando con esa conducta torva y fiera en la muleta, con un arrancada espeluznante tras Sebastián Ritter al que estampó contra el estribo del 5, saliendo milagrosamente ileso de ese envite. Lo pasaporta con una estocada que escupe y luego otra en todo lo alto; aun así, con el estoque dentro, Saladora llega hasta la boca de riego, tarda en echarse, y cuando le sacan la espada se reincorpora y vuelve a derrotar todo lo que se encuentra a su paso, vendiendo tan cara su muerte que uno no puede por menos pensar que estos toros, comparados con los de otros días, parecen otros animales.

Y quizá sea así: animales distintos para fiestas distintas. A ver quién dura menos.


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Saltillo

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