Primera de la feria, primera siesta

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Primer festejo de la Feria de San Isidro. Se lidiaron Novillos de la ganadería de Guadaira de procedencia Jandilla, muy justos en presentación, destacando por su seriedad los tres últimos. El tercero parecía un eral,  indecente para esta plaza que no debería haber saltado al ruedo. En líneas generales nobles, sosos y deslucidos, destacando el segundo con algo más de recorrido y el cuarto con más casta aunque protestón.

Según datos de la empresa, 16.371 espectadores, difícil de creer, éramos menos. La tarde empezó con calor, terminando con fresco y mojada debido a la lluvia caída a partir del cuarto novillo.

Según la tablilla, mentirosa, el peso medio de la novillada fue de  497 kg.
 


DAVID GARZÓN, de grana y oro. Media estocada desprendida (silencio). En el cuarto, dos pinchazos, estocada baja (silencio).

CARLOS OCHOA, de azul celeste y oro. Estocada trasera y atravesada y cuatro descabellos. Aviso (silencio). En el quinto, tres pinchazos y estocada (silencio).

ÁNGEL TELLEZ, de blanco y oro. Estocada entera (silencio). En el sexto, media tendida y un descabello. Aviso (silencio).


Presidencia: D. Justo Polo Ramos, MAL. No debió aprobar en el reconocimiento el tercer novillo, pues ese animal no tiene trapío ni seriedad para lidiarse en esta Plaza. También hay que criticar la labor de los tres veterinarios por permitir su aprobación. En la lidia y desde el primer tercio mostro su invalidez, hecho por el cual debió ser devuelto. El resto del festejo sin novedad.

Suerte de varas: Excepto el segundo y cuarto, el ganado no se empleó en el caballo. El picador Jesús Vicente demostró que está en buen momento y pico al segundo en todo lo alto, en cambio otro buen picador como Marcial Rodríguez nos defraudo por su poco acierto.

Cuadrillas y otros: En el tercio de banderillas destacar a Andrés Revuelta en el segundo de la tarde y a Juan Navazo que puso un buen par en el sexto. Ambos tuvieron que saludar montera en mano.

Comentarios:

Empezó la feria de San Isidro con una novillada. Hacia treinta años que no empezaba con este encierro, de Guadaira, ganadería que ha dado buen juego en esta plaza en muchas ocasiones,  y como resultado, recordamos al  novillo “Grosero”,  premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, o las  buenas actuaciones de Pepe Moral o Gómez del Pilar. La de hoy no la recordaremos, pues el encierro de la divisa andaluza fue un conjunto de animales mansos, nobles y sosos que hicieron, junto a la  poca disposición de los novilleros, que fuera un tostón.

Empezó la tarde con los típicos reencuentros y saludos entre abonados, muchos de ellos debutaban esta temporada y era su primer festejo del año de los treinta y pocos anunciados. Desgraciadamente así es el abono de Madrid actualmente. Mi nuevo vecino de localidad, Carlos, es fiel aficionado de temporada, con un interesante criterio y sobrados conocimientos, los cuales me servirán para ampliar los míos.


Abría el cartel el torero, David Garzón, que se presentaba en Madrid y en la feria de San Isidro. Los aficionados no preguntamos. ¿Por qué? Las razones no las demostró en el ruedo, ya que no se le vio preparado para este envite. Seguramente la respuesta haya que encontrarla en su apoderado, Caco Senante. Oportunidad que el joven novillero ecuatoriano, formado en la escuela taurina de Madrid, desaprovecho. Cierto que el lote no era de garantía, pero en ningún momento mostró maneras, disposición, ganas e ilusión que es como tiene que venir un novillero a Madrid, sobre todo en su presentación. Estuvo toda la tarde  desconfiado y su actuación no tuvo ni un detalle de lucimiento, toreando despegado y acelerado.

Carlos Ochoa hacia su tercer paseíllo en Las Ventas, parecía que iba a ser en esta ocasión donde el joven novillero, con oficio, convenciera al respetable, pero no fue así. Con un concepto clásico del toreo, en esta ocasión pecó  en torear descomponiendo  la figura, escondiendo  la pierna contraria  y abriendo demasiado el compás. Ese toreo no caló ni en el público benevolente. En los quites que intervino se mostró desconfiado, sin clavar los pies en el suelo y sin mostrar soltura con el capote. En cambio en el toreo a la verónica mostró algún detalle de su clasicismo y gusto. Su primero fue un buen novillo, que humilló, con mucha fijeza y repitió, pero no consiguió acoplarse.  Lo más destacado  fue que se tiro a matar con la verdad por delante. El quinto, bien presentado pero sosote, Ochoa intentó colocarse bien para provocar las embestidas cada vez más cortas. En esta ocasión la suerte no le acompañó a la hora de matar.

El tercer novillo fue un impresentable animal indigno para esta plaza, aunque la tablilla, supuestamente mentirosa, mostrase un peso que no se correspondía con el trapío mostrado (460 kg). Ese animal, con ese volumen en Madrid ni hace plaza ni aguanta la lidia, pero los taurinos, poco a poco, se empeñan en meter en Madrid estos novillotes, pero por ahí los aficionados no deberíamos pasar.  Aparte de esto, el novillejo resulto ser un inválido que perdió las manos en bastantes ocasiones.

Ángel Téllez, que en su presentación hace unos domingos gustó, no pudo lucirse.  Cuando apareció el sexto, bien presentado que derribo al caballo,  ya con toda la plaza aburrida y bostezando, el torero dibujo un par de naturales con gusto pero sin ligazón, por lo que ya  fue imposible levantar la tarde.  

Hoy ha sido la primera de la feria, la primera tarde aburrida sosa  y la primera siesta. Me temo que en estos treinta y tantos días aún nos quedan  más tardes como estas porque la sosería, la nobleza y el aburrimiento desgraciadamente abundan en las plazas.


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Guadaira

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