Recuerdos de Santa Coloma

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Plaza Monumental de las Ventas. San Isidro. Trigésimo primera de feria.

Madrid, 7 de junio de 2018

 

Bajo un cielo nublado y una tarde fresca, en torno a los 20 grados, algo ventosa y con algo menos de media entrada se lidiaron seis ejemplares de varias ganaderías, bajo el cartel de “Desafío ganadero”. Dos de ellos de la ganadería de Rehuelga y tres de Pallarés. Otro de este hierro fue devuelto por inválido y sustituido por el primer sobrero de José Luis Marca.

Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Antonio Medina, puntillero retirado de esta plaza en 2001.

Es cierto que una media entrada puede parecer corta, pero considerando los tiempos que corren y que tanto los toros como los toreros de esta tarde no se incluyen dentro de lo más alto del escalafón, es un número ciertamente apreciable, y más si consideramos que en este tipo de encierros el porcentaje de aficionados de verdad es superior a otras tardes más concurridas. 

Corrida algo justa de trapío en algunos ejemplares, protestados de salida por ser claramente anovillados, de un peso entre 475 y 624 Kg (tres de ellos por debajo de los 500), la mayor parte de ellos justa también de fuerza, exceptuando el quinto (sobrero) y el sexto. En general fueron nobles y bravos, se dejaron torear en las diferentes suertes y de no ser por su notable falta de fuerza y la escasa pericia de sus lidiadores (que aunque dieron pases de mérito, no remataron las faenas), habrían dado muchas mayores alegrías que las que nos dieron. Con todo, dos de los toros (tercero y cuarto) nos dejan un hermoso recuerdo de su comportamiento en varas.

Se debe decir que no es el encaste Santa Coloma propio de toros aparatosos y grandes. Es cierto reconocer también que el mejor toro de la corrida, el cuarto, tenía un peso de 480 Kg y nada tenía que envidiar en trapío a otros mucho más grandes. Era un “toro de Madrid” con todos los honores y como tal fue ovacionado tanto de salida, y más difícil aún, en el arrastre, después de su admirable comportamiento durante la lidia. Sin embargo, del trapío de los tres primeros y de su fuerza, lamentablemente, no se puede decir lo mismo.

Hay que decir que el público se mostró en general pastueño con los toros y con los toreros. Un ambiente positivo, donde se valoró con mesura el mérito de unos toros que, a pesar de su debilidad, se comportaron con nobleza y se crecieron durante la lidia, y acabaron en general aplaudidos en el arrastre, sobre todo cuarto y sexto, que nos regalaron un tercio de varas de otros tiempos, lo mejor de la tarde.

Ambiente plácido que no logró el éxito final en una tarde en la que los toreros no pasaron de una actuación digna.

 

 

­­­­­­­­­­­­­RESUMEN DE LA CORRIDA

Dos toros de Rehuelga (1º y 3º). Cuatro de Pallarés, cinqueños (2º, devuelto, 2º-bis, 4º y 6º) y sobrero de José Luis Marca (5º).  En general bien presentada aunque justos de trapío, algunos anovillados (1º. 2º y 3º). En general bravos en el caballo (salvo el 5º) y manejables en la muleta, salvo 5º y 6º, con dificultades, aplaudido en el arrastre, ovacionados 4º y 6º. Javier Cortés fue cogido aparatosamente por el 5º, sin consecuencias graves.

Iván Vicente (lidió 1º y 3º): Estocada, ovación y saludos sin llegar al tercio. Pinchazo tras estocada tendida y estocada baja, pitos.

Javier Cortés (lidió 2º y 5º):  Estocada, ovación y saludos sin llegar al tercio. Dos pinchazos y estocada muy baja, aplausos recordando la cogida y al ir a la enfermería.

Javier Jiménez (lidió 3º y 6º): Pinchazo atravesado al entrar a recibir, pinchazo y estocada baja, palmas.  Pinchazo y estocada, silencio.

 

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LOS TOROS Y EL TERCIO DE VARAS

1º Carnaval. 499 Kg. Cárdeno oscuro, bragado, meano, axiblanco. Protestado de salida por ser justo de trapío. Bien armado. Flojo. Derriba al caballo más por bravura y también por sorpresa que por fuerza (embiste por detrás). Pierde las manos después de las dos varas que recibe. Arrecian las protestas, y más aún después del cambio de tercio. Pierde de nuevo las manos en banderillas. En la muleta se recupera, galopa bien y con embestidas largas, humilla. Aunque de forma dócil y un tanto anodina, sin emoción.  Tras la estocada recibe justas palmas por morir como un toro bravo al doblar y en el arrastre.

2º Campanillero. 526 Kg. Cárdeno bragado meano.  Devuelto antes de la primera vara por inválido. En su lugar salió el previsto como 5º, Avinado, 525 Kg. También cárdeno bragado meano. Aplaudido de salida por su trapío, semejante a los albaserradas profundos y cuajados.  Flojo de salida, cae tras la primera y tras la segunda vara. Se deja pegar en el caballo.  El picador simula castigar en la segunda vara. El presidente cambia el tercio entre protestas unánimes de la plaza. A pesar de ello, sorprende por llegar boyante a la muleta. Noble pero gazapón, se va parando con las sucesivas tandas y echa la cara arriba. Algunas palmas en el arrastre.

3º Mulerito. 475 Kg.  Cárdeno bragado meano axiblanco.  Anovillado, protestado de salida aunque menos que el 1º. Como sus hermanos anteriores, muy débil. Empuja y se deja, aunque recibe un castigo medido en el caballo. En la muleta galopa y obedece, humilla. Aunque de forma dócil y un tanto anodina, con escasa emoción. Palmas en el arrastre.

4º Turquesito 480 Kg. Cárdeno bragado meano axiblanco. Ovacionado de salida. Luce el toro una figura imponente, a pesar de su peso, y unas velas de campeonato. En la primera vara cabecea y hace sonar el estribo, luego toma otras dos varas galopando desde el centro del ruedo y empuja abajo, recibiendo una maravillosa ovación del público.  En la muleta obedece y embiste largo, aunque va de más a menos a medida que avanza la faena, y acaba doblando las manos. Ovación en el arrastre, que contrasta con los pitos a Iván Vicente.

5º Mulato. 536 Kg. Jabonero. Bien presentado. Cinqueño, sobrero de la ganadería de José Luis Marca, de encaste Domecq, diferente de los hierros titulares en procedencia y también en comportamiento. Tercio de varas mal ejecutado; sale suelto en los dos puyazos que recibe, desiguales y fuera de colocación, hecho remarcable más aún en una corrida de desafío. Cambiado de tercio tras una voltereta. “Revive” tras las banderillas. En la muleta se muestra reservón, bronco, derrota al final de cada muletazo. Se queda corto y con la cara alta. Prende a Javier Cortés sin consecuencias. Muere en tablas. Pitos en el arrastre.

6º Dichoso. 624 Kg: Cárdeno oscuro bragado meano axiblanco.  Gordo y Grandón, el más grande, de todo el encierro, algo fuera de tipo respecto al resto de sus hermanos, cinqueño como el sobrero.  Protestado aunque de forma minoritaria. Algo reservón de salida, protagonizó un emocionante tercio de varas tomando con bravura tres puyazos abajo, empujando y arrancándose largo, aunque tardeó algo más que el 4º de la tarde. En la muleta presentó dificultades, al contrario que sus hermanos de Pallarés y que los de Rehuelga, siempre con la cara alta. Aunque no le faltaba nobleza, tenía mucho que torear y terminó por encima del torero.  Aplaudido en el arrastre.

_____________________________________________________________________________LA LIDIA (LOS TOREROS):

Iván Vicente estuvo correcto en su primero. Tardó en darse cuenta de la bondad y calidad de su embestida, al que la casta y la bravura mantenían en pie a pesar de su debilidad. Cuajó en la última parte de su faena, tras un primera algo cansina, media docena de naturales estimables en tres tandas, mató bien y fue ovacionado. Fue el primero en recoger estos aplausos entre el burladero y el tercio, así como a medio camino entre ambos. En el cuarto, el toro más destacable de la corrida por un tercio de varas que ejecutó bien Héctor Vicente, Iván tras un buen inicio de faena y dos buenas tandas por la izquierda, pasó a otras tandas más anodinas y sin interés ni emoción, que coincidieron con el bajón físico del toro. El público estaba con el toro, y castigó con pitos a Iván, que no mató bien.  A destacar el quite por verónicas de Iván (el único quite de la tarde) al tercero.

Javier Cortés reaparecía en Madrid tras su percance del dos de mayo. En el segundo-bis, se sobrepuso a una embestida algo descompuesta y al molesto gazapeo del toro, que no obstante fue noble y tenía recorrido. Sin embargo, la faena no llegó a romper. Mató de estocada y fue premiado con palmas, igual que su toro. Destacables los dos pares de Antonio Molina. Con el quinto, sobrero de Marca, jabonero, manso lidiado con sobresaltos en el primer tercio, el diestro no se llegó a acoplar a una embestida bronca que acabó con una cogida temerosa (le punteó en el muslo y pareció caer mal, podría tener la muñeca fracturada) que afortunadamente se resolvió sin problemas graves. Mató de un bajonazo después de dos pinchazos, pero el público le aplaudió recordando el percance sufrido.

Javier Jiménez venía a Madrid a intentar reeditar su puerta grande de 2016. En su primero, después de unos buenos pares de Antonio Chacón, desarrolló una faena sin fallos pero una vez más sin chispa. Mató de estocada baja tras un primer intento fallido a recibir y recibió una ovación por su buena disposición. Una vez más, igual que Iván Vicente, recogió la ovación con timidez, entre el burladero y el tercio, a medio camino entre ambos, algo que me parece un detalle a su favor, revelador de una cierta autocrítica.

En el que cerró plaza, un toro más grande y con mucho más que torear, fue desarmado antes de la primera vara. Una premonición, siempre anduvo por debajo de un toro complicado aunque interesante, al que no entendió. Pinchazo y estocada para acabar con una tarde anodina salvo por el tercio de varas del cuarto y sexto (ahora Agustín Romero), la nueva cogida afortunadamente sin consecuencias graves de Javier Cortés y el pequeño placer de ver, aún con fallos, encastes y comportamientos distintos que aún permanecen en nuestro mundo taurino.

 

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PRESIDENCIA:

Don Justo Polo Ramos.

Devolvió correctamente al segundo toro por manifiesta invalidez. Podrá objetarse y con razón que debería haber devuelto al primer y al tercer toro, también muy débiles, aunque ya se sabe que la corrida en su inicio venía ya complicada, no iba para desafío en absoluto y la tendencia en la presidencia suele ser conservadora. Lo visto tantas y tantas veces. Al final, los dos toros que no se devolvieron fueron aplaudidos.

A algunos aficionados nos habría gustado ver entrar al cuarto y al sexto de la tarde al caballo por cuarta vez, lo que fue impedido por don Justo.

Respecto al cumplimiento del reglamento, en algunos toros no se respetaron los terrenos en varas, que también ese asunto no es nada nuevo. Esta tarde, en una plaza pintada con líneas, este hecho es más flagrante si cabe. 

No tuvo problemas ni se encontró ante la necesidad de otorgar ningún trofeo, como ha ocurrido en otras tardes.

Por otro lado y en general puede decirse que no tuvo demasiados problemas esta tarde. 

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COMENTARIO

Se anunciaba una tarde de remiendos. Lo que en un principio era una tarde atractiva porque venían unos santacolomas de dos procedencias similares aunque distintas (Pallarés-Benítez Cubero frente a Rehuelga, triunfador de nuestra feria el año pasado y descendiente directo de la camada de Joaquín Buendía) a una corrida de desafío se convirtió al final en un baile desigual con un claro predominio de la primera por quedar tras el reconocimiento solo dos de Rehuelga.

Se trata de un encaste otrora extendido y demandado por los toreros. Actualmente no está de moda, los toreros no lo quieren y el pequeño tamaño de sus reses desaconseja su lidia en plazas importantes. Los ganaderos, merced a estos y otros factores, han reducido las camadas de una forma preocupante. No obstante, el triunfo del año pasado permitía albergar esperanzas de un renacimiento de este encaste.  

Ninguno de los toreros anunciados para esta tarde es figura. Bien formados, ya con algunos años de alternativa, valientes demostrados, con algunos triunfos sonados anteriores y necesitados de triunfo. Los tres cortaron una sola oreja en sus escasas actuaciones en toda la temporada de 2017.  

En este sentido, nos queda una sensación agridulce después de esta tarde. Por una parte, la brillantez en el tercio de varas y la nobleza en la muleta que hemos visto. En lo negativo, la debilidad de la mayoría de los animales y el trapío de algunos, impropios para Madrid, en gran parte debido al propio encaste y a la escasez de toros a escoger. Por último, la costumbre que hemos llegado a asumir de que para que una faena sea merecedora de premio debe tener una infinidad y variedad de muletazos, como si los toros fueran peleles o borreguitos y como si todos ellos tuvieran la misma lidia, o si los diestros fueran saltimbanquis.  

Es llamativo y a la vez paradójico que precisamente el toro más manso y más peligroso de la corrida pertenezca al encaste mayoritario. Tanto en la evolución de los encastes como en la de la fiesta brava el tiempo nos dirá en qué termina todo, pero hoy hemos visto algunas luces de esperanza. Tardes como estas son lo que necesita nuestra decaída fiesta. Tardes imperfectas. Una alternativa, al menos, frente a un negro futuro.

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Rehuelga

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