Tarde de matices

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  • Eduardo Gallo. De grana y oro. Estocada baja tirándose dando mucha distancia. , aviso y descabello. Silencio. Estocada baja y delantera. Silencio.
  • Sebastián Ritter. De malva y oro. Pinchazo recibiendo, estocada muy baja y contraria entrando recibiendo, 2 pinchazos y bajonazo infame, aviso. Silencio, Estocada baja y delantera. El toro se echa y vuelve a levantarse para morir en los medios. Silencio.
  • Rafael Cerro. De blanco y oro. Bajonazo perdiendo la muleta. Silencio. Cinco pinchazos y dos descabellos tras aviso. Tímidos pitos.


Los aficionados salieron ayer de la plaza con ese sabor agridulce que genera el que tres matadores modestos no supieron enderezar su carrera a pesar de haber tenido la oportunidad en sus manos. Estamos en un dilema sempiterno, las figuras huyen de estos encastes y los modestos tienen que anunciarse con lo que estas dejan en los carteles, después ocurre lo de siempre, que cuando un toro encastado mete la cabeza no tienen los recursos suficientes para poderles con la muleta. El comportamiento del ganado arrojó sobre el albero muchos matices, a la vez que manseaban en el primer tercio, varios de ellos se vinieron arriba en banderillas y llegaron al último tercio metiendo la cabeza con claridad, poniendo en bandeja el triunfo a los que les tocaron en suerte. El quinto fue un claro ejemplo, un manso que no se entregó en la muleta y sin embargo fue a morir a los medios como si de un toro bravo se tratara. El que peor lote se llevó fue el salmantino Eduardo Gallo. Su primer enemigo no fue castigado en el caballo y llegó a la muleta metiendo bien la cara en la pañosa pero se quedaba corto en la embestida, y el torero se mantuvo a distancia de su enemigo pasándolo en redondos sin colocarse en su sitio. La faena no llegó a los tendidos, y su enemigo se acordó de su condición de manso y comenzó a buscar el amparo de las tablas. En su segundo, otro manso de escuela, lo sacó al tercio comenzando la faena con la mano derecha, pero al no encontrar el animal el mando de la muleta se fue rajando hasta conseguir llegar al amparo de las tablas, dándose el torero por enterado que con eso terminaba su faena. Sebastián Ritter por su parte, tuvo en su primer enemigo un toro que se vino arriba en banderillas y el colombiano se limitó a pasarlo por la muleta como podía y sabía, terminando su enemigo ganándole la partida. Comenzó la faena citándolo desde los medios y el toro acudió con tranco, pero cuando comenzó el toreo por el pitón derecho el toro estuvo por encima de sus intenciones artísticas, donde solo se pudo apreciar una tanda de derechazos aseados. Al natural se limitó a acompañar la embestida y aunque el animal acudía al engaño con la cara alta, el torero en ningún momento lo sometió por bajo En una palabra, no pudo con su enemigo. Su segundo fue de distinta catadura, no tenía recorrido y el torero en lugar de lidiarlo y prepararlo para la muerte, intentó el toreo bonito a través de trapazos, hasta que el público le avisó que todo tenía un límite, ya que llegó a ponerse pesado. Rafael Cerro se sacó a los medios a su primer toro y allí comenzó a pasarlo en redondos sin someterlo limitándose a acompañar la embestida. Al natural y motivado por la falta de oficio, estuvo desconfiado, el toro terminó aprendiendo lo que no debía y terminó desarrollando sentido. Es lo que tiene el toro encastado. Su segundo le sacó los colores al torero. El animal se dejó torear, pero el torero se dedicó a acompañar el viaje y en lugar de bajar la muleta lo hizo todo por arriba, evidenciando con ello una falta de oficio, propio de un torero poco placeado. Fue una pena, y como dije antes, la tarde fue una tarde de matices, lástima que la actuación de los coletas rayaran del lado del monocromo de la vulgaridad. Pero hay que destacar que tuvieron la valentía de anunciarse con una corrida dura y sobre el papel exigente, donde los aficionados no dudan que posiblemente las figuras hubieran conseguido indultar algún toro, digo posiblemente, pero para eso hay que anunciarse en los carteles.

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