Tarde de rehileteros

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  • Miguel Maestro: De azul claro y blanco. Estocada caída. Aviso. Después de tres descabellos se echó el novillo. Silencio. Pinchazo, estocada y ocho descabellos tras aviso. Silencio.
  • Mario Palacios: De rojo pasión y oro. Tres pinchazos saliéndose de la suerte y estocada desprendida y descabello tras aviso. Silencio. Dos pinchazos y estocada caída y trasera. Con este bagaje se le ocurrió salir a saludar al tercio.
  • Aitor Darío, El Gallo: De lila y oro. Estocada baja. Petición del autobús. Saludos desde el tercio. Pinchazo sin soltar saliéndose de la suerte y estocada casi entera y perpendicular. Se echa el novillo. Silencio.


Continúa lloviendo sobre el enfangado coso de la tauromaquia. Las cogidas que se han producido esta temporada en Las Ventas han levantado la polémica en el taurinismo que manda en la fiesta. Algún empresario, con un cártel de dudosa honorabilidad profesional, algún torero que desconozco si ha toreado un toro en puntas en toda su carrera y algún documentado periodista en la nómina de la verdad subjetiva, han tratado de echar leña al fuego poniendo en evidencia la pureza inexistente de la fiesta, de donde ellos son los principales beneficiados, calificando a esta plaza de inhumana en cuanto a la selección del ganado lidiado. Que manojo de sandeces hay que oír, pero siempre buscando el beneficio propio con el mal ajeno. Que cruel es esta fiesta con los que no tienen el amparo de los grandes empresarios. Hay un señor próximo a mi localidad que cuando ve salir un novillo con trapío comenta, ese tiene más cuajo que los toros que mata El Juli. Lo malo no es eso, es que en muchos casos lleva razón. Siempre lo he dicho y lo mantengo, los verdaderos enemigos de la fiesta no están fuera. La novillada de Adelaida Rodríguez defraudo, salvándose de la quema de la mansedumbre el quinto y el sexto, aunque tampoco mostraron un caudal de casta. En el quinto Mario Palacios comenzó la faena con muchas dudas, el novillo metía la cabeza pero había que llevarlo toreado y eso es lo que le faltó al torero cacereño, mostrando con ello la ineficacia de su rodaje. El torero no remató ningún muletazo sacando las bambas de la muleta por debajo de la pala del pitón, los remataba por arriba, dejándose marchar un novillo al desolladero con las orejas puestas. Una pena torero. El primero de su lote debido a la escasez de fuerzas tuvo muy poco recorrido, pero el torero solo sacó de su muleta una serie de posturas no venían a cuento dado el toreo que estaba desarrollando. Si por lo menos hubiera presentado la muleta planchada, los aficionados hubieran comprobado la voluntad de intentar hacer las cosas bien, pero estuvo metiendo el pico en toda la faena, y eso restó peso a su labor.  El Gallo en el sexto no entendió a su enemigo. El novillo puso a disposición del torero unas tandas para que triunfara, pero el matador creyó que aquello sería el maná y se dedicó a dar trapazos sin bajarle la mano en ningún muletazo. El animal se fue quedando corto y cuando se dio cuenta se había esfumado la oportunidad de torear, dedicándose a acompañar las embestidas de su enemigo. Al comienzo de la faena al tercero comenzó sometiéndolo por bajo, pero finalizó rematando por arriba. Con la izquierda no se acopló a su enemigo y los muletazos con la derecha no llegaron a los tendidos, aunque el novillo tenía una embestida incierta el torero tampoco consiguió dominar. Su enemigo terminó acudiendo al engaño con la cara alta y el torero dando trapazos. El primero de la tarde, que le correspondió a Miguel Maestro, llegó a la muleta con las fuerzas justas, el torero le recetó una serie de redondos al comienzo de faena con algún detalle en su haber. Al continuar con redondos confundió la cantidad con la calidad, el novillo en cuanto le bajaba la muleta perdía las manos y cuando lo intentó al natural no transmitió ni el novillo ni el torero. En el cuarto lo sacó a los medios y no tuvo fortuna, con ello mostró a los espectadores las carencias y los mantazos. Se le vio desconfiado y la manera de tomar la muleta del extremo del estaquillador, fue la señal de su desconfianza. Cierto que su enemigo llegó a la muleta avisado debido a la nefasta lidia que había recibido. 

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