Volvimos a la cruda realidad

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  • Alberto Aguilar, en tarde de confirmación lidió al 1º y al 5º vestido de blanco y oro. Estocada caída y atravesada después de tres pinchazos, un aviso; ligeras palmas. Pinchazo y estocada en dos tiempos trasera, tendida y atravesada Saludos desde el tercio.
  • Diego Urdiales, vestido de turquesa y oro. Estocada atravesada y contraria. Silencio. Estocada casi entera atravesada y dos descabellos; silencio.
  • Miguel Tendero, vestido de turquesa y oro con cabos blancos; Estocada baja, atravesada y un descabello. Silencio. Estocada atravesada y contraria. Silencio.

No me pregunten porqué pero según subía las escaleras del Metro de Ventas y oteaba el ambiente ya intuí que la tarde no presentaba buenos augurios. ¿Sería por los nubarrones y el ventarrón que arreciaba a las 5 en punto de la tarde?, no creo; en tardes así hemos vivido faenas grandiosas. Pero sin saber cómo me fue invadiendo una desgana ante lo que iba a presenciar sentada en mi grada del 7. Y a fe que se cumplieron con creces, mis pronósticos más agoreros. La tarde anterior se había vivido en el ruedo la faena más a ley de toda la temporada; Juan Mora, un torero añejo, como los buenos brandis, había dado toda una lección de verdadera tauromaquia en dos tandas de muletazos y un estoconazo en los rubios de su primer animal y maravillados vimos alejarse al torero sabio andando con pasos llenos de majeza y torería. Todavía pesaba el arte grandioso en el aire el día después y parecía que el viento se lo llevaba en sus vuelos a raudales. Por eso la fiesta de toros es tan grandiosa y tan difícil de explicar la afición y emoción que sentimos los auténticos aficionados, pues pasamos del éxtasis de la gloria a la máxima vulgaridad en pocas horas. Y eso es lo que yo, y muchos más, vivimos cuando al final de la tarde salimos del coso lamentando lo visto y vivido sintiendo tan cerca aún la emoción de pocas horas antes. Las comparaciones son odiosas. ¿Y qué pasó para que todo se conjuntara en desastre?, pues en primer lugar que no hubo toros. Ya he mencionado el escaso juego, la blandenguería, la pésima presentación y descastamiento de los toros. Pero los toreros tampoco estuvieron a la altura. Aguilar que venía precedido por su bien ganada fama en ruedos franceses y al que esperaba expectante la afición, en su primero, al que recibió con lances muy toreros, se quedó sin toro muy pronto, lo intentó por ambos pitones dándole distancia pero el animal se quedaba al tercer muletazo y estuvo rectificando terrenos y perdiendo pasos toda la faena. No se puede dudar de su valor y ganas. En el quinto, un verdadero toro de lidia, se le vio nervioso y arrebatado; empezó en los medios dando distancia, pero toreando al hilo del pitón sin cruzarse y acelerado hizo que el toro estuviera por encima del él, sin bajar la mano y acortando terrenos se le vio desbordado, aturrullado, sin saber qué hacer; aún así, seguimos esperando ver a este torero digno y valiente. Diego Urdiales no tuvo su tarde; este torero necesita otro toro con más fuerza y casta para desarrollar su toreo de poderío En el segundo se vio que no había toro después de trastear e intentar con la izquierda dar pases, al final se dio el arrimón y en pases sueltos para decidirse acabar cuanto antes dada la inutilidad del esfuerzo. En el cuarto a un toro que se rajó muy pronto el riojanote toreó a media altura con la derecha sin continuidad, reculando en chiqueros se acabó la faena. Otra vez será, con otros toros. Miguel Tendero, nos demostró que está en la línea del pegapases pueblerino donde haciendo el destoreo corta orejas; le aconsejo que vea el video de la corrida de ayer si quiere seguir en esto. En su primero no empezó mal con una tanda de derechazos obligando al animal a repetir la embestida pero después nos dio un recital del unipase, rectificando, pasitos atrás, sin rematar a un torillo sin casta que iba y venía sin entrega; por el pitón izquierdo el toro no tenía un pase; eso sí, variedad en trincherillas y adornos pero toreo de verdad, nada. Al sexto, un toro largo en hechuras y malas intenciones, nada pudo hacer, sino quitárselo cuanto antes de en medio. Un macheteo por la cara como castigo que obligó al toro a caer y entrar rápido a matar. Al salir se hablaba del Atleti, del fresco que corría, que ya era de noche, que si vas a venir a ver a los Gracilianos el día del Pilar, que te cuides el catarro, que …pero de toreo nada de nada. ¡Igualito que ayer¡, esa es la grandeza de la fiesta.

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