Vulgaridad

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Seis toros de Victoriano del Río. Encaste Juan Pedro Domecq. Todos protestados, por parte de la afición, de salida por ser anovillados además, salvo el sexto, pésima presentación. El común denominador de la corrida de hoy ha sido la vulgaridad, empezando por los toros, lo que contagió a todos los presentes.


Miguel Ángel Perera, de verde botella y oro: Tres pinchazos y descabello tras aviso, pitos; estocada y dos descabellos, silencio.

Alejandro Talavante, de azul y oro, estocada y seis descabellos, pitos; media estocada y descabello, silencio.

Roca Rey, de verde botella y oro, pinchazo y estocada, silencio; estocada escandalosamente delantera, oreja protestada por parte de los aficionados


Presidencia: Don Justo Polo Ramos. Día tranquilo ya que solo hubo pitos y silencio salvo la petición de oreja en el sexto que fue mayoritaria, dado el público presente. Lleno de no hay billetes. Dicho esto, sí es el responsable de haberse lidiado una novillada, no de edad, sino de tipo, sin trapío ni hechuras, que en esta ganadería es difícil de encontrar. Por no ser rechazada en el reconocimiento. No era la cabeza de camada del ganadero de Madrid. Esto es censurable.

Tercio de Varas:- Nada que destacar, el primer toro al salir de la primera vara fue derecho a toriles, el quinto recibió dos buenas varas tal como dicen los cánones. El sexto no recibió la segunda vara, entró al caballo pero el picador Sergio Molina hábilmente engaño al Presidente. El resto vulgar, una entrada seguida de un picotazo. Y encima se protesta ¡No conocen el reglamento los espectadores! En plaza de primera se debe poner al toro en suerte dos veces como mínimo. Este es un tercio a extinguir


La corrida ya empezó mal desde el paseíllo. Pues de lo que llevamos de feria ha sido el peor formado. Una vergüenza. La estrella del festejo, Roca Rey, que formaba como tercer espada, iba tres metros detrás de los otros dos espadas más antiguos que él, parecía un sobresaliente. Con un aire de prepotencia que, en mi opinión, rozaba la vulgaridad. Es difícil que en el paseíllo un torero sea vulgar, pues en esta ocasión me dio esa impresión. Resumen, paseíllo fatal. Empezamos mal la tarde y eso que todavía ni la lluvia ni los toros habían hecho todavía acto de presencia.

Miguel Ángel Perera, siempre con seriedad, hizo lo que pudo con estos toros, de muy escasa casta y demasiada nobleza, por no decir bobaliconería. La falta de picante hace que los espectadores se aburran y hablen con sus vecinos de la posibilidad de que se repitiera el diluvio del lunes pasado. Dándonos un sainete para matar al animal.

Fue en su segundo toro y en el segundo tercio cuando el subalterno Curro Javier se vio muy comprometido al salir de su primer par y el matador Roca Rey, con su ya mencionada prepotencia, totalmente descolocado, no le hizo el obligado quite. Pudo causarle un verdadero disgusto al subalterno. Otra nota negativa al haber de Roca Rey. No es la primera vez que observo esto de este torero en visitas anteriores.

Esperamos más de Miguel Ángel Perera en su próxima visita.

Alejandro Talavante tras su interesante primera vista el día 16 de mayo, se le esperaba con ansiedad. Era, por ahora el que mejor había estado. Los toros de su lote, perdón, todos los toros de la tarde, no dieron nada de juego. Al no haber casta es difícil que un torero del tipo de Alejandro Talavante, alumno del añorado Corbacho, pueda lucirse. Terminó la tarde con dos silencios lo que no es para este torero habitual en Madrid. Faenas sin nada que reseñar.

Roca Rey, ¡el esperado! ¡Él lo sabe y por eso se cree que todo tiene que ir a su ritmo! ¡Qué equivocación! El ritmo lo pone el toro y en su ausencia, el director de lidia. El tercer matador, siempre ha sido el aspirante del cartel. Ahora como todo se hace al revés, pasa lo que pasa. Un paseíllo fatal, una mala colocación en un quite, que pudo causar un disgusto serio a un compañero, y ahora el diluvio; de esto último no fue culpable. La gente apresurada abandona los tendidos… y él sigue. Bien.

En su segundo sexto de la tarde, sin castigar en el caballo. Hizo una típica faena de pueblo, donde le hubieran dado las dos orejas y el rabo. Pues bien, fue una faena vulgar, sin nada de ritmo y sobre todo pisando unos terrenos que para el público, no entendido, podría gustar, pero solo hubo tremendismo sin cabeza, toreo de verdad, nada de nada Mató con una terrible estocada delantera que produjo a la res gran hemorragia por la boca. La rápida actuación de la cuadrilla disimuló el desastre. Petición mayoritaria y oreja, verbenera y sin torería, pero oreja.


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Victoriano del Rio

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