Reflexiones de la Feria de San Isidro 2026
Antes de entrar en el balance propiamente dicho, celebrado el pasado 14 de junio en la Sala Antonio Bienvenida, la Asociación El Toro de Madrid compartió una serie de reflexiones generales sobre algunos aspectos que considera fundamentales para el presente y el futuro de la Plaza de Toros de Las Ventas.
La primera reflexión tiene que ver con el riesgo que siempre entraña la Fiesta. En una feria tan larga, con tantos festejos, tantos toros lidiados y tantos profesionales jugándose la vida cada tarde, cualquier percance grave nos recuerda la verdad de lo que sucede en el ruedo.
Desde la Asociación El Toro de Madrid queremos tener unas palabras de afecto para quienes han sufrido percances durante esta feria, desearles una pronta y completa recuperación, y subrayar el respeto que merecen todos los profesionales que se ponen delante del toro.
La segunda reflexión tiene que ver con el modelo de plaza que se está construyendo en Las Ventas. Madrid sigue teniendo una afición exigente y una historia que pesa, pero resulta cada vez más evidente que se está favoreciendo, desde distintos ámbitos, un tipo de público cada vez más alejado del criterio, la personalidad y la exigencia que hicieron grande a esta plaza.
Las Ventas no puede convertirse en una plaza de consumo rápido, aplauso fácil y simple entretenimiento de temporada. Ese camino no ensancha Madrid: la empequeñece. Es la primera plaza del mundo, con una historia, una responsabilidad y una manera de entender la Fiesta que no se puede diluir sin consecuencias.
En este punto resulta obligado señalar responsabilidades. Esta transformación no se produce por casualidad. Responde también a un modelo de gestión que parece más preocupado por llenar, vender, promocionar y rentabilizar la plaza como un espacio de ocio más que por preservar la identidad taurina de Madrid. Cuando la gestión de Las Ventas se mide solo por la taquilla, la promoción y el ambiente, el riesgo es evidente: la plaza puede llenarse de público y vaciarse de Madrid.
La empresa tiene derecho a buscar el éxito de la feria, pero no a confundir ese éxito con la simple ocupación de los tendidos. Las Ventas no es un recinto multiusos ni una marca de temporada: es una plaza con historia, con liturgia, con jerarquía y con una afición que no puede ser tratada como un obstáculo comercial.
No tenemos nada contra que la plaza se llene. Al contrario. Ojalá Las Ventas esté llena cada tarde. Pero llenar la plaza no puede hacerse a cualquier precio. Llenar Las Ventas es importante; vaciarla de criterio es gravísimo.
Junto a la empresa hay que señalar también a la Comunidad de Madrid y al Centro de Asuntos Taurinos. La Administración no puede limitarse a adjudicar, mirar las cifras de ocupación y presentar la feria como un éxito de gestión. La Comunidad de Madrid es titular de esta plaza y, a través del CAT, tiene la obligación de velar por su seriedad, su categoría y su identidad.
Mientras Las Ventas conserve su condición de bien de titularidad pública, sus legítimos propietarios son los madrileños. Y precisamente por eso, la Comunidad de Madrid y el Centro de Asuntos Taurinos no pueden ejercer una tutela meramente administrativa o formal, sino real, efectiva y acorde con la importancia cultural, simbólica, patrimonial y social del coso madrileño.
Si Las Ventas se desliza hacia un modelo cada vez más festivo, más complaciente y menos exigente, la responsabilidad no es solo empresarial. También es institucional. El CAT debe velar por la seriedad de Las Ventas: vigilar, exigir, corregir y, cuando sea necesario, sancionar. No basta con acompañar el éxito de ocupación; hay que defender la categoría de la plaza.
Madrid necesita una plaza seria, libre, incómoda cuando tenga que serlo y fiel a sí misma. Porque si Las Ventas deja de exigir, no se moderniza: se desnaturaliza.
La tercera reflexión, como no podía ser de otra manera en esta Asociación, tiene que ver con el tercio de varas. Y aquí debemos ser especialmente firmes: el tercio de varas en Madrid no puede seguir siendo un trámite, una simulación o un peaje incómodo que se despacha deprisa para llegar cuanto antes a la muleta.
El tercio de varas es una de las claves esenciales para medir la bravura del toro y para entender la lidia. Sin un tercio de varas serio, medido y exigente, la Fiesta se falsea desde su raíz. No existe un termómetro alternativo ni un sistema mejor para medir o verificar la bravura del toro. La muleta puede expresar muchas cosas, pero no sustituye la prueba del caballo. Sin el tercio de varas, la bravura queda incompleta, interpretada a medias o directamente falseada.
Hemos visto demasiados puyazos traseros, demasiados encuentros mal planteados, toros colocados de cualquier manera y demasiadas prisas por cerrar un tercio que debería ser decisivo. Se ha instalado una costumbre muy preocupante: reducir el primer tercio, disimular sus carencias y pedir luego premios como si la bravura pudiera inventarse en la muleta.
La bravura no se decreta al final de la faena. La bravura se mide desde que sale el toro por chiqueros y, de manera muy especial, en el caballo. Madrid no puede premiar como bravo a un toro que no ha sido probado con seriedad o que apenas ha sido medido en el primer tercio.
Defender el tercio de varas es defender la verdad del toro. Lo contrario es aceptar una Fiesta cada vez más cómoda, más abreviada y menos verdadera.
En este sentido, también queremos señalar un avance que consideramos importante. Después de muchos meses de trabajo, insistencia y reivindicación, se ha conseguido que se publiciten las actas de pesaje de los caballos y que, en los vídeos de los toros difundidos por la empresa, se anuncien los toros reconocidos y finalmente aprobados.
Es un avance, sí, pero no puede presentarse como punto de llegada, sino apenas como punto de partida. La transparencia debe servir para que la afición conozca mejor lo que sucede, para que se explique qué se aprueba, qué se rechaza y por qué, y para que esa información tenga consecuencias reales.
De poco sirve publicar actas si luego no se corrige lo que esas actas revelan. La transparencia no puede ser un escaparate para aparentar normalidad; debe ser una herramienta para garantizar seriedad.
La cuarta reflexión tiene que ver con la presidencia y con los asesores. Y aquí debemos ser especialmente claros, porque una parte importante del deterioro que venimos denunciando nace precisamente en el palco.
La presidencia de Las Ventas no puede limitarse a administrar la tarde, contar pañuelos o dejarse arrastrar por el ruido del momento. Presidir Madrid exige aplicar el Reglamento, sostener el criterio de la plaza y tener independencia suficiente para no confundir la presión ambiental con la justicia taurina. Pero exige algo más: exige afición, conocimiento de la plaza y conciencia exacta del lugar que se ocupa.
Esta feria ha vuelto a dejar actuaciones presidenciales muy preocupantes. Decisiones que, a juicio de esta Asociación, no son simples errores aislados ni tardes desafortunadas. Son síntomas de algo más grave: falta de afición, de criterio, de conocimiento de la plaza y de autoridad para sostener Madrid cuando Madrid más lo necesita.
Cuando esa falta de criterio se repite, cuando las decisiones no son una excepción sino una línea, cuando el palco contribuye a la pérdida de prestigio de la plaza, ya no basta con lamentarlo. Hay que señalarlo y exigir responsabilidades. La autoridad que no corrige acaba formando parte del problema.
Por eso, la Asociación El Toro de Madrid ha solicitado formalmente el apartamiento inmediato de los presidentes don Pedro Fernández Serrano y don José Antonio Rodríguez San Román de los equipos presidenciales de la Plaza de Toros de Las Ventas.
Entendemos que se ha sobrepasado una línea incompatible con el rigor que exige Las Ventas.
No hablamos de gustos, ni de matices, ni de tardes más o menos discutibles. Hablamos de autoridad, de criterio y de responsabilidad. Quien no esté a la altura de la primera plaza del mundo debe dejar el cargo.
También ha llegado el momento de revisar con seriedad el papel de los asesores artísticos. Su función no puede ser decorativa ni complaciente. Están ahí para asesorar con rigor, no para acompañar decisiones equivocadas ni para mirar hacia otro lado.
Además, el sistema actual merece una reflexión profunda: asesores propuestos por la empresa, designados por el Centro de Asuntos Taurinos y pagados por la propia empresa. Es un sistema que, como mínimo, plantea dudas razonables sobre la independencia que debe rodear al palco de Las Ventas.
Quienes intervienen en la designación, supervisión y funcionamiento de los equipos presidenciales deben asumir también su responsabilidad. No basta con nombrar equipos y dejar que las tardes pasen. Hay que evaluar, exigir y corregir. Si un presidente demuestra reiteradamente que no está a la altura, debe ser apartado. Si un asesor no cumple con la función que se espera de él, también debe revisarse su continuidad.
La seriedad de Madrid no puede quedar al albur del ambiente ni de la conveniencia de cada tarde.
Por eso reclamamos presidentes con autoridad, conocimiento, firmeza, independencia y afición. Y reclamamos asesores que estén verdaderamente a la altura de la plaza a la que sirven. Porque Las Ventas no puede permitirse una autoridad débil, confundida, condicionada o ajena a la sensibilidad de Madrid.
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