DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas. Jueves, 01 de octubre de 2026. Primer festejo de la feria de otoño. Novillos de El Retamar, desigual en presentación y juego. Destacó el sexto, un toro de cualquier plaza de primera y primero y quinto que tuvieron movilidad, nobleza y transmisión. El resto más sosotes y descastados.
La edad media de los utreros se sitúa de 3 años y 10 meses.
Según la tablilla mentirosa, la novillada acusó un peso medio de 510 kg.
El Mene, de de azul cielo y oro, pinchazo, estocada caída (silencio); pinchazo, estocada (silencio).
Nacho Torrejón, de rioja y oro, estocada trasera y tendida, descabello, aviso (palmas); pinchazo, estocada muy trasera y caída (ovación).
Sergio Rollón, de blanco y plata, estocada buena, aviso (ovación); media estocada, aviso (silencio).
Tercio de varas y cuadrillas. Destacar en negativo las actuaciones de Pedro Iturralde y sobre todo de Héctor Piña que masacraron a sus oponentes. Fernando Sánchez puso el mejor par de banderillas de la tarde, sin ser sobresaliente, al cuarto ejemplar.
Presidente: Juan Carlos González Carvajal. Correcto y sin complicaciones.
Incidencias y otros. Según los datos oficiales ofrecidos por la empresa Plaza 1, asistieron 17.340 espectadores, que son incorrectos pues hacen recuento de venta y regalos de abonos pero no de asistentes. Tarde de temperatura agradable.
El reencuentro en los tendidos de Las Ventas siempre alivia el alma del aficionado, especialmente en una tarde como esta, primera de la Feria de Otoño, donde volvimos a coincidir con esos amigos que solo aparecen en las grandes citas. No es poco mérito que se mantenga el abono en Madrid, visto el escaso interés y la alarmante falta de emoción que padecemos tantas tardes sobre el albero.
Repetía la terna del final del certamen cénate Las Ventas ya que ese día con la novillada de Guadaira no tuvieron opciones. El destino hizo que Mario Vilau no pudiera comparecer y sirviera para la presentación del abulense Sergio Rollón.
Desde la sierra madrileña se envío una novillada desigual, tanto en sus hechuras como en el juego que ofreció sobre el albero. La tarde viajó entre la sosería y el descastamiento de varios de los astados, pero guardó sus mejores cartas para momentos puntuales. Tuvieron interés el primero y el quinto por su noble movilidad y transmisión, virtudes que permitieron hilvanar los momentos más vibrantes de la novillada. Sin embargo, el gran protagonista del encierro fue el sexto: un novillo con el cuajo, la presencia y la seriedad imponente que exigiría cualquier plaza de primera, y que cerró la tarde subiendo el listón de la exigencia.
El Mene, a las puertas de su alternativa, estuvo muy mal. Recibió a su primero con varias verónicas con empaque y gusto, y eso fue todo. Con la muleta, estuvo muy aliviado ante un ejemplar chico pero muy repetidor, y El Mene se empeñó en vaciar las embestidas hacia afuera y en colocarse fuera de cacho constantemente. Así, en Madrid, no se dice nada. Ante el cuarto, un ejemplar soso y noble, se contagió el sentimiento; el joven diestro no consiguió nada de lucimiento. Su paso como novillero por Madrid ha decepcionado, pues se esperaba mucho de él y en todas sus actuaciones solamente ha dejado detalles. Veremos qué rumbo lleva en el escalafón superior.
Nacho Torrejón firmó los momentos de mayor consistencia de la tarde. No se lo puso fácil el segundo de la tarde desde el mismísimo saludo capotero. El madrileño quiso estirarse a la verónica, pero el astado ya sacó a relucir su aspereza inicial. Así se desarrolló toda la faena: ante un novillo duro, incierto y exigente, que miraba una enormidad y convertía cada embestida en un desafío.
Todavía mayor continuidad tuvo su actuación frente al quinto, otro ejemplar que no concedió facilidades, pero destacó por su movilidad. El de El Retamar colocó la cara abajo, pero su transmisión exigía lanzar la moneda al aire en cada muletazo. Había que pasar el trance y Torrejón demostró que tiene gusto toreando muy derecho, como gusta en Madrid. Afrontó el trasteo con aplomo y terminó sometiendo la movilidad del utrero. Lo mejor brotó en el toreo diestro, ligando series limpias y profundas porque el astado la tomaba muy abajo. Lástima que el novillo perdiera recorrido, la faena se diluyera en el tramo final y la espada emborronase un premio que ya se mascaba en los tendidos.
Sergio Rollón se presentó en Madrid con una voluntad innegable pero acusando la falta de oficio ante la exigencia de Las Ventas. Aunque demostró actitud y valor para sobreponerse a las dificultades, a su actuación le faltó madurez técnica.
Ante su primer oponente planteó una faena intermitente, anduvo atropellado y dilató en exceso el trasteo, aunque dejó una buena tanda de naturales aislados antes de agarrar una estocada en la yema que le valió para saludar una ovación.
El sexto, serio y cuajado tuvo el defecto de soltar la cara. Rollón apostó por el efectismo al recibirlo de rodillas con el capote para posteriormente darle un manojo de verónicas con empaque, gusto pero sin ajuste. Con la muleta en mano le ganaron las prisas ante la brusquedad del novillo. Aunque aguantó los derrotes con firmeza y no se arredró, careció de los recursos y el sometimiento necesarios para que la faena tomara vuelo, quedando todo en una voluntariosa declaración de intenciones.
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