Segunda tertulia del ciclo, de la Asociación El Toro de Madrid, celebrada el 13 de noviembre pasado, y como la anterior nos deja unos comentarios del invitado que nos han parecido reseñables.
Florencio Fernández Castillo Florito, ha sido desde 1986, cuando llegó de la mano de D. Manuel Martinez Flamarique, Manolo Chopera, hasta el fin de la presente temporada, el Mayoral de Plaza, de Las Ventas, habiendo ejercido, aparte de sus funciones naturales, custodiar, guardar y controlar los corrales, recibir, supervisar y cuidar los toros hasta su salida al ruedo y dirigir la parada de bueyes de los corrales; ha desempeñado también la función, en distintas épocas, de veedor, encargado por las empresas concesionarias, de elegir y negociar la compra de reses de distintas zonas ganaderas.
Luis Nieto Manjon, en su Diccionario de Términos Taurinos, define Mayoral de Plaza, como “Encargado del ganado en la plaza de toros”.
El Mayoral de Plaza, Florito, en nuestra Plaza de Las Ventas, es el receptor en esta, de ese toro, animal pacifico y libérrimo, que ha gozado durante toda su vida de las anchuras del campo, al que han sacado de su piara, encerrado en la corraleta de embarque, lo encajonan, le transportan dando tumbos y curvas por carreteras, en un angustioso cajón hasta llegar a los corrales de la plaza, donde padece, el encierro, reconocimiento veterinario, sorteo y posterior enchiqueramiento, hasta que sufre su primera herida, la puesta de la divisa por nuestro invitado en la tertulia. Esta ha sido su responsabilidad con todas y cada una de las reses que se han lidiado en Madrid. Todas estas circunstancias que pasa el toro antes de ser lidiado influyen en gran manera sobre el comportamiento y su posterior desarrollo y pelea en el ruedo. Suya ha sido la responsabilidad hasta que se abre la puerta de chiqueros, “el portón de los sustos”, y el toro salta a la arena.
“Madrid es el espejo del toro. El día que Madrid fracase, no harán falta los antitaurinos”.
El público de Madrid, y sobre todo sus aficionados, tenemos preferencia por el toro, y así lo exigimos, un toro de lidia, encastado y con trapío, el toro serio, bien hecho y con la envergadura que corresponda a su encaste.
Es a partir de la gestión de Chopera, y la contratación de nuestro invitado, cuando de una manera seria y responsable se impone el toro de trapío, bronco y de peligrosa lidia, ante la insatisfacción de buena parte de los profesionales del toreo, los taurinos.
La emblemática Plaza de Madrid, aún a pesar de sus avatares, está considerada como la primera plaza del mundo, y esto no es por ser la de mayor aforo de la península, ni por su arquitectura neomudejar, ni por sus instalaciones, ni tan siquiera por estar enclavada en la capital española, está así considerada por la calidad de sus públicos, de sus aficionados, conocedores estos de los secretos de la tauromaquia, de su amor y respeto por la misma, y como mencionaba el antiguo mayoral, por su pasión y exigencia. El apercibimiento de ganado y lidiadores en esta plaza se nota de forma ostensible en los tendidos, gradas y andanadas, produciéndose una entrega de tal naturaleza que logra estremecer a los actuantes. El aficionado madrileño escruta la fiesta, analiza y razona las sensaciones, aplaudiendo o criticando la labor de ganaderos, toreros, empresa e incluso presidencia de la corrida, constituyendo y formando parte del espectáculo. Por eso es la primera plaza del mundo, la “catedral del toreo”, la que da y quita.
“¿Sospechas con las fundas?, hagan ustedes una comisión y vayan a desenfundar a las ganaderías”
Al tan manido asunto de las fundas, el invitado es rotundo a la pregunta, lo que nos aporta ciertas pistas sobre el mismo. Es indudable que con el manoseo al que se somete al actual toro de lidia, y sobre todo a la hora de retirar esos apósitos que desde unos años para acá “lucen”, podemos abrigar la firme sospecha de arreglo, no, afeitado de los toros. Urge un estudio en profundidad que lo aborde y que se vea plasmado en una normativa a nivel nacional para tratar la manipulación y los desenfundes de los cuernos.
“Igual dentro de tres o cuatro años hay hierros anunciados ahora que ya no estarán. Pero en Madrid no van a faltar toros”.
La Plaza de Toros de Las Ventas de Espíritu Santo, ha cumplido esta temporada su XCIV aniversario desde su inauguración, celebrándose en ella casi siete mil espectáculos taurinos.
Dice el dicho taurino, que el hombre propone, Dios dispone, y llega el toro y lo descompone.
A lo largo de estas ultimas cinco décadas, por centrarnos en estos últimos años, ha habido hierros del prestigio de Murube, Carlos Núñez, Atanasio Fernández, Joaquín Buendía, Felipe Bartolomé , Sayalero y Bandres, Guardiola, Galache, Osborne, Aldeanueva, Conde de la Corte, Concha y Sierra, Los Eulogios, Sepúlveda, Carriquiri, Gavira, Torrestrella, Villamarta, Aleas, Hernández Pla, Cura de Valverde….hierros que fueron asiduos en Madrid, y que con el paso de los tiempos, o han desaparecido o han caído en el ostracismo.
Es el acontecer del tiempo y sus circunstancias, el que efectivamente marca el ir y venir del producto ganadero de bravo, pero se da la circunstancia que Madrid, es mucho Madrid en el terrero tauromáquico y como comentamos, mientras exista esa afluencia de públicos a la corrida y el prestigio que le da la aportación a la misma de la afición madrileña, a Madrid no le faltarán ganaderos que vengan a reclamar reconocimiento, antigüedad y renombre de su ganadería.
“El cinqueño está más hecho, cuajado, con cara de hombre. El que embiste, da igual su edad. Que tengan peores intenciones por viejos vale. Pero el que es malo lo es de eral, novillo o toro. La personalidad del cinqueño es diferente a la del toro cuatreño”.
Aunque Paquiro en su tratado apunta que el toro para ser lidiado deberá tener entre cinco y siete años, no es hasta 1923/24 cuando se establece que la edad de lidia para los toros “deberá ser de cuatro años para cinco y no exceder de siete”, recogiéndose en el primer reglamento de carácter nacional del año 1930, en el que se fijó “cuatro años cumplidos y menos de siete”, y ya por el reglamento de 1962 cuando se establece que el toro deberá lidiarse de cuatro a seis años.
Es por RD de 1968 de fecha 5 de abril, cuando se legisla, el acuerdo de la Administración con los ganaderos y sus Unión, Asociación, Agrupación, etc.. por el que al herrar al becerro, marcar en su paletilla el guarismo del año ganadero, con el fin de evitar el abuso existente en épocas anteriores de la lidia de novillos en los festejos mayores; que el toro debe lidiarse de cuatro a seis años (reglamento de 1962), quedando definitivamente asentado por los reglamentos de 1992 y 1996 artículos 46 y 45.
El toro de hoy con cuatro años está perfectamente formado y puede ser lidiado.
Esta Asociación El Toro de Madrid ha sido una férrea defensora, que en la Plaza de las Ventas deberían los ganaderos premiarnos con un ganado no solo de trapío excepcional, sino regalarnos un año más en la edad de los toros que aquí se lidien, pero tenemos que tener en cuenta que el ganadero para venir a Madrid con todas las garantías, deberá apartar entre 8 y 10 reses de la camada.
Tras la pandemia sufrida y dado el parón al que nos vimos sometidos, nos encontramos en la temporada 2022, que todos los ganaderos tenían animales herrados con el guarismo del 7, y por tanto cinqueños, que nos presentaron y lidiaron.
En esa Feria de San Isidro 2022, más del 85% del ganado que vimos fueron cinqueños, encontrándonos con reses con trapío si, pero feas, aplomadas, resabiadas pero sin esa movilidad que tanto añoramos.
A lo largo de estas tres ultimas temporadas hemos comprobado cómo determinadas casas ganaderas han ido introduciendo esta fórmula con el fin, espero, de ganarse la confianza de los públicos venteños; confiemos sigan por esta línea marcada por el gran aficionado que nos ha demostrado ser D. Florencio Fernández Castillo, que se nos ha presentado “con el corazón abierto”, y al que tenemos que agradecer su gran afición y la labor ejercida en estos últimos treinta y nueve años de profesión, deseándole todos los parabienes en su nueva singladura.
Felicitar a nuestro Secretario, D. Alberto Herrero González, por la magnífica y poética introducción y presentación del invitado de este jueves.