DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Jueves 25 de junio, Santa Orosia, patrona de Jaca. En tarde veraniega pero agradable se ha verificado un encierro de la divisa albaceteña de Los Chospes, de procedencia D. Juan Pedro Domecq y Díez vía Daniel Ruiz. Bien presentado en su conjunto, destacó el serio quinto y bajó por su escasa encornadura el segundo. Muy mansos, descastados y blandos. Sólo se salvó el cuarto, que desarrolló genio y mantuvo cierto interés. Asisten 10.147 espectadores según la empresa.
ÁLVARO DE CHINCHÓN, de azul cielo y oro, con cabos blancos: pinchazo arriba en la suerte natural; estocada trasera y tendida en la suerte contraria (silencio). Pinchazo en la suerte contraria; estocada en buen sitio en la suerte contraria (silencio).
EL MENE, de tabaco y oro con cabos blancos: Pinchazo y estocada caída contra las tablas en la suerte contraria (silencio). Buena estocada de efecto fulminante en la suerte contraria (oreja).
FÉLIX SAN ROMÁN (presentación), de azul noche y oro con cabos blancos: dos pinchazos en la suerte contraria –aviso –; pinchazo y estocada trasera en la suerte natura (silencio). Pinchazo en la suerte contraria en terrenos de chiqueros; pinchazo en la suerte contraria pegado a tablas en terrenos del tendido diez; estocada atravesada en la suerte contraria pegado a tablas en el siete (silencio).
Presidente: Don José Antonio Rodríguez San Román. Mal al cambiar el tercio en el primer novillo de la tarde tras un simulacro de segunda vara; debió haber obligado a una nueva entrada. Cambió el tercio en el segundo ejemplar de la tarde, de condición mansa, con solo tres palos prendidos y sin haber probado los peones ninguno de los recursos existentes en la lidia para banderillear a un toro de dicha condición. Concedió una oreja de muy poco peso para la plaza de Madrid, lo que devaluó, un día más, el valor del premio en Las Ventas. Mal.
Tercio de varas: La mansedumbre del ganado no propició tercios de varas vistosos. Sin embargo, con este tipo de comportamiento es muy interesante comprobar los conocimientos sobre terrenos y recursos, tanto de los de plata como de los de oro (a pie y a caballo). Resultó interesante, en la lidia del manso segundo, cómo Pedro Iturralde intentó torear bien con el caballo en la segunda entrada, dando el pecho en el cite. Una vez vista la condición mansa del burel, El Mene lo llevó con acierto —a mi entender— al caballo que guardaba la puerta para que recibiera allí el castigo. Aunque también pudo haber intentado picarlo previamente en terrenos del cinco. Por lo demás, los ya habituales puyazos traseros y caídos. Muy mal Luciano Briceño al castigar con excesiva dureza al novillo con genio que saltó en cuarto lugar.
Cuadrillas: Nada reseñable en las actuaciones de los hombres de plata.
1. CORTÉS-1: colorado ojo de perdiz de 520 kg de peso y nacido en el 07/22. De aceptable presentación; astifino. Blandea de salida. Cabecea en la primera vara saliendo suelto del peto. Picotazo saliendo suelto en la segunda. Manso nobletón. Silencio en el arrastre.
2. INDOMABLE-16: castaño de 452 kg de peso y nacido en el 11/22. Mal presentado. Justo de remate y sin cara para Madrid. Muy suelto de salida. Pronto en la primera vara, pero sale suelto. Colocado en suerte, rehuye a entrar en la contraquerencia y se va al caballo que guarda la puerta donde es picado. Aplomado desde el tercio de banderillas, se acula en tablas en terrenos del tendido uno y de ahí no se moverá hasta su muerte. Manso descastado. Pitos al ser arrastrado.
3. SEVILLANO-27: negro de capa con 525 kg de peso y nacido en el 04/23. Bien presentado: alto y largo. Se deja pegar en la primera vara y se repucha en la segunda. Manso y descastado. Silencio camino del desolladero.
4. JANETERO-62: negro listón de capa con 499 kg de peso y nacido en el 07/22. Serio. Bien presentado. Abanto de salida. Colocado en suerte, quiere irse aunque acaba entrando en jurisdicción del pica; sale suelto del encuentro. Se deja pegar en la segunda. Saca genio en el segundo tercio, condición que va a más en el tercio de muerte. Manso, con genio. Palmas en el arrastre.
5. FULANO-9: negro chorreado de capa con 523 kg de peso y nacido en el 01/23. Alto, largo y serio; bien presentado. Manso de salida. Sale suelto de la primera vara. Se arranca con brío en la segunda pero sale suelto del caballo. Manso que se acaba aburriendo. Silencio en el arrastre.
6. HORCHATITO-4: castaño de 497 kg de peso y nacido en el 07/22. Aceptable presentación, pero muy al límite. Empuja en la primera vara pero sale suelto del peto. Comportamiento similar en la segunda vara. Manso descastado. Silencio al ser arrastrado.
Permítame el lector que empiece por el final, pero no quiero dejar de denunciar el «antro» en el que la empresa adjudicataria, con la connivencia de la Comunidad de Madrid a través de su Centro de Asuntos Taurinos, ha convertido nuestra tan querida plaza. Tan desagradable o más que el bullicio de la discoteca montada en las terrazas de los tendidos altos —que obliga al sufrido aficionado venteño a abandonar casi a empujones la puerta de entrada de su tendido en dirección a las escaleras de bajada hacia la calle— es el olor a fritanga de las galerías, provocado por las planchas que asan chorizo, panceta y hamburguesas; como si la plaza de toros más importante del mundo —en la que han derramado su sangre tantos toreros en este rito ancestral que constituye una corrida de toros— fuera un recinto ferial de cualquier pueblo de nuestra piel de toro. Esto sucede, un año más, con la excusa de un ciclo de novilladas nocturnas bajo el nombre de «Cénate las Ventas», que ilustra a la perfección el enfoque principal que empresa y responsables políticos quieren dar a dicho ciclo.
Y como ya se ha descrito qué es lo principal para los organizadores, lo secundario —los toros— pasa a un segundo plano. Y como pasa a un segundo plano, el aficionado acude a la plaza con pocas esperanzas de vivir allí, emocionado, el milagro del toreo. Para la primera novillada del citado ciclo, la empresa nos ha confeccionado un cartel poco atractivo con una ganadería que ya estuvo en las nocturnas del pasado año y que, pese a la buena presentación de los astados, repite el escaso juego ofrecido en el ruedo. Animales mansos de solemnidad y muy descastados —principalmente esta última cualidad, incompatible con el toro de lidia—. Solo el quinto ejemplar corrido, un animal que sacó genio, mantuvo el interés en la piedra, con el público cavilando sobre cómo ser capaz de vencer en la arena las dificultades que presentaba el novillo.
Respecto a los de luces, abismal fue la diferencia observada entre el nivel de El Mene y el de sus compañeros de terna. El zaragozano, que debutó con picadores hace dos temporadas, tuvo un impacto muy grande en aquel año, lo que le llevó a ser una de las grandes esperanzas en el escalafón novilleril. De esta manera, la pasada temporada llegó a trenzar el paseíllo en Madrid hasta en cuatro ocasiones y lideró el escalafón menor con 36 festejos. Pero su nivel no fue el de la temporada anterior, llegando a caer —cosas de los taurinos— casi en el ostracismo en la temporada actual. Así, venía Iker Fernández «El Mene» con la obligación de dar un aldabonazo en Madrid que cambiara la dinámica de una carrera cuesta arriba y, pese a que su lote no le ha permitido lucirse en lo estético, sí ha hecho posible que el aficionado atisbe cualidades interesantes de quien puede llegar a ser torero. Ante un encierro de condición tan mansa como el vivido, cobra especial importancia el conocimiento de los terrenos por parte de los de luces. En ese sentido, El Mene ha dejado algún detalle interesante a lo largo de la tarde que, creo, no ha pasado desapercibido para los aficionados que han asistido al coso venteño. En el segundo novillo de la tarde, primero de su lote, después de que Pedro Iturralde moviera el caballo con dominio y citara dando el pecho en la estricta contraquerencia, el mansazo de Los Chospes dio media vuelta y se fue derecho al caballo que guardaba la puerta. El tercero de la cuadrilla, de manera correcta, evitó que el toro acudiera al caballo, y fue en ese momento cuando El Mene, ante un toro cuya condición había sido ya dirimida y para evitarle capotazos innecesarios, decidió mandar picar al toro a favor de querencia. Puede que hubiera sido más correcto hacer girar los caballos e intentar picarlo en terrenos del tendido cinco o seis, pero ese gesto del novillero confirmó que tiene conocimiento y que está a lo que tiene que estar. El novillo, sin raza alguna, se aplomó en banderillas y fue de agradecer que El Mene abreviara, macheteara y entrara a matar al manso; otro punto a su favor (lástima la escasez de recursos de su cuadrilla para banderillear a un manso).
Con el quinto, cuya mansedumbre mostró sin reservas —o con todas ellas— en los primeros tercios, El Mene intentó buscar los terrenos en los que sacar ese puntito de genio que se intuía que llevaba dentro el novillo. Inició la faena en terrenos del nueve, pasó por el siete y por los medios de la plaza, pero no consiguió en ningún momento encelar un poco la embestida de un animalote desentendido. Creo que en este caso equivocó el planteamiento: más cerradito en el tercio y con un toreo más paralelo a tablas, tal vez le hubiera ayudado más; o no, quién sabe. Ya en la recta final de la faena, el de Zaragoza buscó componer la figura y, con dos naturales templados pero sin ajuste ni profundidad, encendió a los públicos más bondadosos. Eso sí, en el epílogo de la faena, dejó una trincherilla de cartel. Mató de una estocada fulminante y cortó una oreja cuya concesión volvió a desprestigiar a la plaza de Madrid.
La diferencia de El Mene respecto a Álvaro de Chinchón y Félix San Román fue abismal. El primero fue incapaz de templar lo más mínimo y de rematar un lance por bajo, incrementando así la ya complicada, por mansa, condición de los novillos que le tocaron en suerte. Con su segundo novillo —el único interesante de su lote—, no tuvo recurso alguno para imponerse al genio y la acometividad que desarrolló el astado. Félix San Román, que hacía su primer paseíllo en Madrid, mostró una imagen muy pobre. Para ser torero también hay que parecerlo y el madrileño no anduvo en torero. Muy mal con los aceros.