Segunda novillada de la feria de San Isidro de 2026
Ayer se cortaron varias líneas del metro y el tráfico en el entorno de Las Ventas por la inacabable obra de la estación del metro. Tres años ya de obras… El gas fugado, después de agujerear una tubería, obligó a detener media ciudad, por el inequívoco riesgo de explosión. Había, además, que ventilar aquello, para evitar que una chispa produjese una catástrofe. Y el gas fue liberado a la atmósfera venteña… y luego pasó lo que pasó.
No sabe uno a qué carta quedarse; si es peor el criterio del público que asiste masivamente a la fiesta, por su prácticamente absoluta falta de conocimientos, o si aquellos que atesoran los que ocupan el palco presidencial, son aún más paupérrimos. Yo le recomendaría que fueran leyendo aquellos famosos Cuadernos Rubio, en los que te enseñaban a leer y a sumar muy sencillamente, lo más básico. Tampoco se esfuercen demasiado. No cojan el número 3 o el 4, menos aun los últimos de la serie. Comiencen por el Cuaderno Rubio número 1. Permítanme un alarde de erudición. Dos más dos es igual a cuatro, creo. Y la B con la A, es BA, aunque a mí me salga ¡bah!, y remate con H, porque -evidentemente- es lo que opino de lo que está pasando en el palco.
El nivel de plaza pueblerina que esta adquiriendo Las Ventas, merced al beneplácito y obligada colaboración de algunos presidentes y asesores -veterinarios o artísticos, éstos últimos no sé con qué estudios, pero con carreras profesionales acabadas hace décadas plagadas de fracasos en la mayor parte de las ocasiones, y al Cossío me remito-, es francamente lamentable. Han convertido la primera plaza del orbe taurómaco, donde un día brillaron Antonio Bienvenida, Ordóñez, El Viti, Camino, Puerta, Antoñete, Manolo o Andrés Vázquez, Ruiz Miguel o Esplá, Julio Robles o César Rincón y tantos otros, en un remedo del coso de Villatortas del Remedal. Y está muy bien, porque todo obedece a lo que el sistema intenta imponer: una tauromaquia ajena a cualquier tipo de crítica (y para eso nada mejor que tener un público iletrado), triunfalista, consumidor (de entradas y de alcohol y de lo que se tercie en forma de “merchandising”), anulación del toro como impedimento del triunfo del torero, y exaltación de una tauromaquia donde la ética -como en la sociedad en general, ¡muchas gracias a la élite dirigente!- desaparezca como incómodo impedimento para la que la prensa del sistema cante las virtudes de todo… menos del toro. Incluso cuando sale una novillada como la ayer, hay cantores de “Híspalis”, que alzan sus voces en elegíacos cánticos a la bravura, la casta o la presentación de aquellos animalejos. ¿Habrían visto la anterior novillada?
¡Qué importa todo! ¿Qué hubieron de reconocerse una docena de bichos, para aprobar aquéllo? Pues gloria a los veterinarios. ¿Que salieron primero y último con dos plátanos en la cabeza, dignos de la frutería de Villatortas del Remedal? Son las duras y pedregosas arenas de la finca, por favor, o la dureza del enlucido -con papel de lija- de los chiqueros, o el anuncio de desecho de tienta -que por cierto no se pone ya en los carteles-, o.. ¿Que los tres primeros eran unos inválidos que se pegaban volteretas después de perder las manos repetidas veces, incluso antes de entrar a los caballos? Artistas del trapecio, acróbatas del “Circo del Sol y Sombra”, que merecen los mayores elogios. ¿Que llegan mortecinos a la muleta? Y qué más da, si los chicos están sobresalientes, haciendo alardes en la cara, o al lado de la oreja, de las estatuas broncíneas, antaño -debe ser de la edad de piedra- fieras poderosas. ¿Que huyen de los caballos, se dejan pegar, hay que acosarles hasta los medios para colocarles la segunda vara? Bravísimos ejemplares que luego se crecen -no sé cómo- en la muleta, apretando hacia dentro o buscando tablas, buena prueba de su mansedumbre. Todo es disculpable; es docente y orientador para ese público que todo lo aplaude y grita “Bieeeennnn” -y no olé- desaforadamente.
En el Cuaderno Rubio 1 de Tauromaquia -que no existe, como se pueden imaginar, no vaya a ser que alguien pueda leerlo-, no creo que figuren esas cosas tan simples; pero basta con leer -pecado nefandísimo- alguna tauromaquia, la que quieran, del siglo XX -de las del XXI, con sus pasitos atrás, su descolocación constante, su falta de compromiso, sus periferias y tíos vivos, pasamos-, para comparar. Y lo malo, lo peor, lo pésimo, es que están escritas por matadores de toros, dictadas o inefable e infaliblemente asesoradas por espadas que algo han dicho en esto. Así que si yo defiendo el cite en la rectitud, échenle la culpa a Domingo Ortega, Rafael Ortega o Marcial Lalanda, Antoñete o cualquier otro. Si defiendo la casta de los toros -hagan otro tanto-; si propugno la distancia en función de las capacidades del toro -amén de los amenes-; si afirmo que el pase ha de contar con su cite, su embarque, su parar, templar y mandar -Belmonte dixit-, y su remate, sobre todo hacia la espalda y no hacia el más allá, antes de ligar el siguiente muletazo, fusilen ustedes a cualquiera de aquellos matadores que defendían aquellas “barbaridades”. No suelo ver, en mis asistencias a cursos, conferencias, charlas o librerías especializadas más que a los de siempre, a los aficionados que, con alguna diferencia siempre, porque esto no son matemáticas de cuarto del Grado de Ciencias Exactas, acuden para ilustrarse. Nunca a los aplaudidores del sistema que se alimentan de los “Bieeeennnn” de los televisivos retransmisores o del cuento chino exculpatorio, tuerto o interesado -no sé qué es peor- de los comentaristas oficiales. Alguno hay que tiene a gente próxima dentro de las propias empresas ¿taurófilas?; más bien, ¿torerófilas? Sustituyamos la denominación de “fiesta de los toros” por algo así como “espectáculo de toreros” y así sabremos todos a qué carta quedarnos.
Desde el palco, antaño garante del prestigio madrileño, se han propuesto varios de sus componentes, echar su cuarto a espadas, ¡a espadas, qué mala comparación!; poner su chorrito de arena al asunto. Y no sé si asesorados, en connivencia, o dirigidos por órdenes de la superioridad -sea cual fuere ésta-, convertir Madrid en una plaza pueblerina. ¿Para qué una mínima exigencia? Triunfalismo orejófilo, vueltas al ruedo a mansos toreables y ovinos, aceptación de reses para festejos de solteros y casados, viudos y jubilados, prohibición de cualquier análisis postmortem que no garantice que todo ha salido a pedir de boca, y a disfrutar con otras zarandajas. ¡Así nos va! Y lo peor es que engañan y confunden no sólo al público indocto, sino a los propios jóvenes que se inician en el arte, pervirtiéndoles los conceptos, en vez de obligarlos a leer lo que dijeron aquellos maestros que he citado, o tantos otros. ¿Para qué? Como no decirles, activa o pasivamente -mediante recompensas de cualquier tipo- que lo del paso atrás en las series, es mucho mejor que cargar la suerte… Que estar en la oreja al iniciar el segundo lance es más ético que echar la pata “alante” y jugársela, aunque cueste medio segundo más en las tandas -más que ligadas, pegajosamente entrelazadas-, ¡a ver si se van a poner a torear de verdad y descubren el pastel!
Comparar cualquiera de las actuaciones de la novillada de ayer, con el triunfo indiscutible de Álvaro Serrano, es delito peor que el de sedición, traición, malversación o tráfico de influencias. Y eso que tanto Mario Vilau, ¡gloria a su hombría y a su digna postura ante los toros!, como Julio Norte, que es torerillo que tiene ansias de triunfos y de superación, tuvieron cada cuál sus momentos. Pero no se puede aplaudir todo, sino simple, sencillamente, lo bueno. Lo malo es mejor no aplaudirlo, so pena de persuadirles que el camino de la facilidad y del toreo sin ética es mejor que el inverso.
La novillada de Fuente Ymbro nos decepcionó en conjunto; no debieron pasar, por la cabeza, ni primero ni último; no debió salir la raspa lidiada en tercer lugar, que puede servir para una becerrada o clase práctica; debieron mandarse con los bueyes al menos tres de los lidiados. Pues nada. Los del palco a lo suyo. Ya sólo les falta que les pasen la merienda de Mallorca… Todo vale. Si llamar encastado a un novillo que corretea distraído, que se deja pegar o sale suelto del caballo y que se para a la tercera o cuarta tanda y va a morir a tablas, es de ley, cumplióse ayer el Código Penal a rajatabla. El único que la sacó fue el último, pese a la deficiente colocación de Norte, que ligó y mucho, que puso toda la carne en el asador, y que mató muy bien a ese novillo, éste fue digno de aplauso, aunque no cumpliese en los primeros tercios.
Del peruano Pedro Luis, casi no puedo ni comentarles nada, tal fue su labor, ninguneada por el público, que venía predispuesto por la propaganda, oficialista o seguidora, hacia otros menesteres. Su primero, sin ser bravo, se empleó con riñones en varas, tanto del caballo contra querencia, como cuando entró suelto al que guarda puerta. Derribó en primera instancia del topetazo al caballo, porque iba sin fijar, a la carrera, y al piquero se le ocurrió ponerse a caballo atravesado; fantástica manera de hacer la suerte: no se descalabró de puro milagro contra el estribo. ¡La Providencia al quite! Después estuvo el novillo a punto de atropellar a un banderillero antes de pegarse la primera de las tres volteretas que se dio. Como había perdido las manos previo a entrar al caballo, la causa no debemos buscarla en cómo humillaba, sino en cómo se caía, dicho claramente. Los del palco a comentar el resultado del Leganés… Pero… en el tercer encuentro según sintió el hierro, saldría suelto. ¡Bravísimo! El novillo hubiera podido tener calidad en su embestida..., pero lo que no tenían eran fuerzas. Con la zurda no hizo nada el peruano, ¿para qué sirve esa mano?, hubo un desarme y vino el tercer batacazo… Costó levantarlo un cerro de Potosí. Una estocada en paralelo, algo caída y silencio respetuoso. El cuarto novillo también se dio su voltereta tras una buena verónica de Pedro Luis, que nadie, ¡oh sorpresa!, aplaudió y se acabó la cosa. Fue el que mejor se comportó en varas, empujando con riñones y rabo de escorpión en la primera y sobre un pitón en la segunda. Como todos sus hermanos, antes de finalizar las varas, o incluso antes, abrió la boca en demanda del imprescindible oxígeno. La faena fue un conjunto deslavazado de muletazos, a izquierdas y derechas, con el toro acudiendo y yéndose sin problemas, y además se remataba larguito. Hubo bastante enganchón, y anduvo el novillero por debajo de su antagonista… hasta que éste decidió rajarse a tablas: ¡eso es casta y bravura de la buena, sí señor! Varios pinchazos por donde fuese, precederían a dos avisos; no sé cuántos llevamos en esta feria de la neotauromaquia. Yo también necesito el Cuaderno Rubio 2 de aprender a sumar.
Vimos mucho mejor a Mario Vilau en general, y con un compromiso heróico tras su cornada al quinto de la tarde, ¡enhorabuena! Su primero, segundo de la tarde, intentó saltar la barrera después de corretear, ¡eso es casta, y olé! Al menos lo paró el barcelonés hacia los medios, aunque perdiendo terreno. Saldría el toro, trastabillado, flojo, descoordinado del caballo, antes de caerse y acabarse lo que se daba con nuevo batacazo al intentar Julio Norte hacerle un quite. En banderillas apenas ya se movía el animal. La faena empezó en tablas, de rodillas ambos, y cayéndose el “encastadísimo” novillo, aunque cobró más intensidad, ¡por fin!, con la zurda. Pero el novillo había tardeado, cabeceado y enganchado demasiado la muleta antes. Sin fuerzas, acabó por pararse definitivamente, ¡nueva prueba de su encastado carácter!, mientras Vilau lo intentaba encimista ante las casi inexistentes embestidas. Menos mal que lo mató bien, por arriba, de una buena estocada, porque de otra forma, esa oreja con insuficiente petición, hubiese sido un oprobio inaudito al palco y a la plaza. Cuaderno Rubio 1, de aprender a sumar, usía. El quinto le dio un primer susto con el capote, con el que tuvo que hacerse un autoquite y cuerpo a tierra al dar una larga afarolada genuflexa. Y vuelta a la misma película, el toro se cae entre carreras sin fin, unas varas sin más interés que ver cómo un monosabio sujetaba de la rienda al caballo desde dentro de la barrera, el novillo que sale suelto, que rehusa, que le acosan hasta los medios… ¡menos mal que el diagnóstico es bravura y casta! Parado lo parean, y parado y con peligro, ¿eso es casta?, en condiciones lamentables, lo intenta pasar Vilau con más verdad al final que en los comienzos, antes de sufrir una cogida y cornada en el triángulo de Scarpa del muslo izquierdo, que afecta a la femoral. Pero se quedó, heróicamente de verdad, a matarlo, de una estocada entera, un poco contraria, a mi parecer buena. Y cuando habría que haber pedido la recompensa, por el estoque y el gesto ante la cornada… el público sólo aplaude. ¡Vivir para ver!
El primer novillejo, ¡eufemismo evidente!, de Julio Norte lo sueltan en Villatortas para los viudos y jubilados y protestan. Dos pitones por delante y nada por detrás, tal debe ser el canon del equipo veterinario de la tarde. Lo acosaron en varas, ya que tardaba en entrar, el novillo no empujó nada y miró por dónde se salía en ambas ocasiones. Lo dicho, ¡casta desbordante y bravura sin par! Otro que nos sacaba la lengua desde entre las varas… Así que llegó a la franela del salmantino sin ganas de embestir y apenas sin moverse, tardeando bastante. Norte ligó algunas tandas a base de dejarle paso, echando la pierna que debe cargarse atrás, y muchas veces estando en la oreja, porque el encimismo fue una constante ante un animal que no se movía apenas un ápice. Llegó a ponerse pesado ante los gritos desaforados de “bieeeennn”, que le regalaban los oídos los hooligans del 10 bajo, o acaso los del 1. Me remito a la crónica precedente. Una estocada entera, caída, le valdría una oreja de “pichiflús”, que es como en Villasandía llaman a las que no tienen petición. ¡Bien por don González, Yesteras y compañeros mártires presidenciales! En el sexto, el único y verdaderamente encastado de la tarde, al menos le daría una soberbia estocada que valía el trofeo, y hubo petición suficiente. Y eso a pesar de que tomó el olivo al ser desarmado con el capote y que la faena fue de esas post-modernas de paso atrás y toreo muy ligado en plan tío vivo. A su favor cuentan las indudables ganas y afán de triunfo, un comienzo muy aparatoso de la faena, de rodillas, su disposición siempre y un quite variado, espectacular, aunque la réplica de Pedro Luis fuese más limpia. Le sobró acaso alguna tanda final. Puerta Grande, próxima alternativa y futuro incierto, porque para ese toreo, que antes prometía más, ya tenemos a los Perera, Castella, Luque, Manzanares y tantos otros de los de más arriba en el escalafón. Como le coja un apoderado con empresa y as de la torería… dura dos telediarios de los antiguos. ¡Qué grande hubiera sido el seguir de la mano y sabio consejo de José Ignacio Sánchez!
Lope de Molina