Tengo que reconocer que estoy muy, muy enfadado. No entiendo la postura del Presidente de plaza, de hoy 26 de mayo, D. Juan Carlos González Carvajal.
Y ya van cuatro, el Sr. Fernández Serrano, el Sr. Rodríguez San Román, el Sr. González González y hoy el Sr. González Carvajal.
Ya está bien señores Presidentes.
En mi último comentario aconsejaba a esta Asociación, que no solicitara el apartamiento de presidentes, pues deberían ser más … porque no puedo entender la falta de valoración y la poca actitud de estas presidencias en pos de mantener una actitud seria y coherente con la afición de la Plaza de Toros de Madrid, y con el respeto que ella se merece.
No hablo de los despojos concedidos hoy, dos, por una faenita vulgar y un descarado bajonazo; ya lo analizará nuestro compañero D. Luis Blázquez; pero a tenor del asesor del presidente, el denostado banderillero D. José Cabeza Porra Joselito Calderon, del que algunos guardamos antiguas reminiscencias, no nos extraña tal decisión.
Pero tengo, que volver a reincidir en la impropia y escandalosa vuelta al ruedo, al que se le ha sometido, esta vez sin incidencias muleteriles, al novillo Babieco, del Conde de Mayalde, que ligeramente empujó en su primera entrada al caballo, saliendo suelto, para confirmar su mansedumbre en su segunda entrada. ¿Novillo para azulear señor Presidente?
Bien es verdad que el titular de la presidencia, no tiene porque ser un aficionado a los toros, su función se limita a cumplir el Reglamento vigente; Art. 79 Ap. 3 “El Presidente, a petición mayoritaria del público, podrá ordenar, mediante la exhibición del pañuelo azul, la vuelta al ruedo de la res que por su excepcional bravura durante la lidia sea merecedora de ello”.
Pero para ello, D. Juan Carlos González Carvajal estaba hoy auxiliado, aconsejado, por un reconocido veterinario, D. Renne Alonso Menéndez, en el recae directamente, bajo mi punto de vista, la responsabilidad del azuleo del novillo.
Ya está bien, los aficionados de la Plaza de Toros de Madrid estamos en la obligación de mantener, exigir, a las presidencias, primero, el estricto cumplimiento del Reglamento y segundo la defensa de la especial idiosincrasia de la misma.
Pero a tenor de los hechos acontecidos esto nos lleva mucho más lejos. Creo que estamos sumidos en lo que denominan “tauromaquia moderna”, y pongo un ejemplo.
El gacetillero y editorialista D. Carlos Ruiz Villasuso de ese desacreditado digital taurino Mundotoro, dirigido por D. Javier Jiménez García, en su artículo de opinión del pasado 23 de mayo, a tenor del toro de. D. Victoriano del Río, Cantaor, exhorta a sus lectores sobre la conveniencia del indulto en la tauromaquia, y en especial del indulto en la Plaza de Toros de Las Ventas “La cuestión de imbecilidad suprema es la siguiente: un toro cumbre sale a Las Ventas condenado a muerte. Las Ventas es el corredor de la muerte de toda excelencia”, y continúa : “Vamos a decirlo claro. Y sin trampas al solitario. Las Ventas no va a indultar a un toro jamás porque no hay cultura de vida. No hay cultura de indulto. Es un tabú. Un intocable. (…) somos un sector leal con la estulticia. Sordos. Ciegos. Pésimos comunicadores y lentos de vida. Quizá por eso tenemos una inmensa tolerancia al corredor de la muerte”.
A primeros de marzo, comienzo de la temporada, ya expresé mi opinión sobre el indulto: “.no estoy de acuerdo con la concesión del indulto por la sencilla razón que no ha completado, como toro de lidia, el fin para el que ha sido creado, el culmen de su vida, la muerte, muerte en leal y sincera lid con su adversario de lidia, el torero. La muerte del toro es la razón de la culminación del ritual de la lidia (…) Si justificamos el indulto y por tanto justificamos no matar, atentamos contra el rigor ético de la tauromaquia.(…) El indulto del toro no es ético, desnaturaliza la corrida y pervierte la selección genética del toro y los parámetros de su criador, el ganadero”.
Mundotoro adalid de lo que ahora ellos y sus seguidores llaman “tauromaquia moderna”, aparte de insultar al aficionado cabal madrileño, pretende acabar con el propio sentido de la lidia de los toros. Una corrida de toros hace de la muerte una ceremonia formal, importante, esencial para el concepto de vida, pues se hace de esta un complemento imprescindible de la vida.
Tenemos que considerar que la lidia del toro es la preparación para su muerte, con la espada, si no existiera la estocada, nada de lo que se hubiera hecho, todos aquellos movimientos y prácticas que se llevan a cabo en los ruedos cuando no finalizan con la muerte del toro, resultarían actos intrascendentes, hechos que no se deberían considerar, al no culminarse el rito, porque no hay perfección si no hay un fin.
La muerte del toro es la culminación de la lidia. Todo en la fiesta de toros está subordinado al final, que es la muerte del toro, es la suerte esencial del toreo, ya que el gesto de muerte es el que da vida al arte.
Debemos estar alerta, los detractores de la tauromaquia no son los animalistas, están inmersos en las filas de los que dicen ser taurinos, y cada día nos lo demuestran.
Francisco Javier Píriz Collado
Miembro de la Asociación El Toro de Madrid Madrid.