DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
6ª Corrida de la Feria de San Isidro 2026, con lleno de no hay billetes en los tendidos, y más aún en el callejóndonde la gente andaba con las manos en los bolsillos para evitar disgustos probables, pero innecesarios. Se lidiaron animales de Vellosino con una media de 560 kilos y presentaciones dispares, dispersas y disparatadas. De comportamiento morucho, blando y sin un ápice de casta. Protestados de salida al menos tres de ellos.
Sebastian Castella, de grana y oro: media estocada (silencio). Pinchazo, estocada y descabello (todo perdiendo la muleta). Dos avisos (silencio).
Daniel Luque, de lila y plata: estocada -aviso- (palmas / palmitas) Aviso, estocada (ovación).
David de Miranda, de tabaco y oro: estocada caída. Silencio. Bajonazo. Silencio.
Presidente: Presidente, presidente...
Tercio de varas: Mucho refilonazo por no poner los toros en suerte.
Cuadrillas: Primeros Auxilios.
Me van a permitir que, a efectos de ahorrar esfuerzos, esta humilde crónica no se ciña a ninguna estructura propuesta ni entre en excesivos detalles de lo sucedido, que no fue nada o fue todo un ejemplo de las malas artes, trampucias, tretas y ardides del llamado sistema taurino.
En un espectáculo digno de ser dirigido por el mismísimo JL Ábalos & CO, el Deep state taurino funcionando a toda máquina, prestando cierta atención podíamos vislumbrar toda la tramoya del negocio. Una mirada al callejón helaba la sangre: pululaban todas las familias; por allí se cambiaban más cromos que en el Rastro y se movía más mandanga que en Valdemingómez, todo con esa naturalidad de lo consabido
Programado estaba un festejo con la ganadería El Parralejo, triunfadora en Sevilla. Se esperaban cuellos elásticos, belleza flexible, finos cabos, lances volcánicos y embestidas que se enterrasen en los vuelos de la muleta, y lo que acabamos viendo fue un entierro de la sardina.
Para esculpir en bronce esas acometidas —o imprimirlas en 3D, para los aficionados más modernos— se anunciaron Sebastián Castella, considerado el mejor torero francés de la historia y con 26 años de alternativa; Daniel Luque, el mejor torero español… siempre que toree en Francia, con 19 años en los escenarios; y David de Miranda, con 10 años de alternativa. En total, 55 años de alternativas: un duelo épico de luquesinas y poncinas, el epítome del toreo moderno. Y todo acabó en la nada.
La corrida no pasó el fielato de los veterinarios y mandaron unos animales de la ganadería El Vellosino. Algunos de los titulares de sus últimas presencias en Madrid rezaban lo siguiente: “2023: una fiesta de toros sin toros”; “2016: mal fario”; “2015: faltó lo principal, el toro bravo”. Pero los manejantes juegan con la corta memoria del aficionado y te la cuelan, como aquellos pillos de Atocha: “¿Dónde está la bolita? ¿Las bolitas dónde están?”
Y, de repente, el tránsito de la ilusión a la desesperación, más aún cuando nos recuerdan aquel toro de Guijuelo, en 2018, afeitado y humillado impunemente.
Y poco o nada que contar. Eso sí, unas cuantas preguntas en el aire.
Contar que los tres primeros animales perdieron las manos al menos tres veces cada uno; que a la mayoría los lanzaron a los caballos; que hubo avisos, alguno de ellos sin que el diestro hubiese entrado siquiera a matar; lidias de primeros auxilios para mantener algún animal en pie; un atisbo de competencia en quites entre Luque y Miranda… y poco más.
Y las preguntas:
- ¿No tiene la empresa que está “modernizando esto” un par de corridones de toros en algún cercado de carretera, a media hora de Madrid, por si de repente una corrida pierde por el camino 150 kilos por toro?
- ¿Cómo recibe un torero con 26 años de alternativa y no sé cuántas Puertas Grandes en Madrid dos avisos ante un animal semivivo? ¿No sabe ya que eso no lleva a nada?
- ¿Cómo un buen subalterno de un matador con 19 años de alternativa puede instigar a su jefe de filas a dar una vuelta al ruedo que no vale para nada?
- ¿Cómo vamos a reinventar el ojedismo toreando a un sofá?
- ¿Estos figurones no podrían tener el gesto antiguo o romántico de decir: “Chico, yo no mato esa m…”?
- ¿Quién no ha ganado dinero con este enjuague? Y, sobre todo, ¿quién ha ganado más?
En definitiva: ojo con las carteras, que aquí no se viene uno a aburrir sino a aprender a defender lo suyo. Como diría algún viejo maestro de la crónica, con sorna y mala leche bien afinada, esto es terreno de listos: y a la mínima, entre sonrisas de cartel, exposiciones, festivales, azulejos, premios a la tauromaquia interprovincial y palabras de seda, estos pájaros te dejan la cuenta más ligera que un pase cambiado en los medios.
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