Asociación EL TORO de Madrid
DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Se corrieron cinco toros de Saltillo y uno de Couto de Fornilhos, Conde de la Corte y Atanasio, que completó el encierro al haberse corneado dos del hierro titular en los corrales; cinco cinqueños y un cuatreño. Desiguales de presentación, algunos manseando, sobre todo el 5º, y que desarrollaron la suficiente casta, peligro y complicaciones propios de la casa; aunque sin ser las alimañas terroríficas de otras tardes. Interesantes y variados comportamientos que hicieron que los aficionados estuviéramos atentos y no apareciera el sopor y aburrimiento de tantas tardes. Es lo que sucede cuando hay casta en el ruedo y sale un toro que hay que lidiar, pues entonces hay emoción.
Tres cuartos de plaza, quizás el menor aforo hasta ahora en tarde calurosa.
Presidencia: D. José Luis González González, que no tuvo problemas pero al que si habría que pedir que no hubiera cambiado el tercio de varas tras la segunda entrada al caballo en aquellos toros a los que hubiéramos quedido comprobar la bravura en el caballo, hay poca afición desde el palco al primer tercio.
Cuadrillas: Se notaban en el ruedo las precauciones y miedos que traen los Saltillos, pero destacaron los pares de Fernando Sánchez al primero, la buena lidia de Iván García, y su buena ejecución al banderillear al cuarto. Barrero arriesgó mucho en un par al quinto toro.
Tercio de varas: los toros no se emplearon en el caballo, algunos mansearon claramente y huían sueltos al acusar el picotazo, sobre todo el 5º de una mansedumbre de libro, muy de “atanasio”. Algunos acudían alegres al caballo pero sin hacer peleas, y además los picadores picando trasero y bajo. José Adrián Majada, destacó en el 4º por picar en lo alto, lo que debía ser lo habitual, se está convirtiendo en excepcional.
Toros:
Primero: Caramelo de 585 kgs., cárdeno, el más “Saltillo” de todos, bien hecho con trapío, casta y peligro. Exceso de romana. Primer puyazo trasero, el segundo al que acude con pies, también duro, sale suelto. Aplausos en el arrastre.
Segundo: Jabalino con 529 kgs, cárdeno; encastado y muy asaltillado, mansea en los primeros lances. Puyazo trasero, empuja con la cabeza alta, segunda entrada puyazo trasero rectifica, sale suelto; en el ruedo se vive una verdadera capea y cierto desorden. Muere en toriles; silencio
Tercero: Granadino con 587 kgs. Cárdeno lucero, sale con pies, puyazo empujando con los cuernos, sale suelto; citado de lejos recibe un segundo puyazo bajo; debía haber pedido otra entrada el presidente para ver la condición del toro. Aplausos al arrastrar al toro.
Cuarto : Asturiano, de 576 kgs. Cárdeno oscuro, abierto de cuerna, sale con bríos destrozando el capote del torero, con casta y mansito. Puyazo en lo alto y otro segundo en buen sitio. Silencio al arrastre.
Quinto: Aposentado de 565 kgs. Negro, manso integral, abanto, descastado, flojo; sale suelto cada vez que nota la puya, huyendo de capotes ; puyazo en el que guarda puerta y después en el de contraquerencia un ligero picotazo y sale suelto buscando las tablas. Silencio en el arrastre.
Sexto: Meloso, de 579 kgs, exceso de peso, cárdeno oscuro; encastado y desarrollando peligro en los tercios; puyazo trasero empuja el toro y tapa la salida, le ponen lejos y acude con alegría, puyazo en su sitio; hubiera sido muy bueno verlo en una tercera entrada o con el regatón, pero nada. Silencio.
Juan Carlos Venegas de “blanco y oro”. Estocada delantera y algo desprendida; ovación. Estocada baja y un descabello; silencio
Juan Leal: de “purísima y oro”. Estocada baja y tendida, ligeras palmas. Estocada baja, cuatro intentos de cachete, un aviso, silencio.
Juan de Castilla: de “morado y oro” Estocada en buen sitio algo contraria, un aviso. Estocada atravesada que escupe el toro seguida de cuatro pinchazos, y una casi entera que hacer rodar al toro; silencio.
Como nos recordaba el programa de mano, justo ese mismo día 20 de mayo, se cumplían diez años de que el toro Cazarratas de Saltillo, se hiciera dueño del ruedo venteño y que gracias a un héroe, Sánchez Vara pudiéramos vivir una tarde épica. La foto era impresionante, el toro con las banderillas negras, el estoque clavado y desgarrado un ensangrentado capote colgando del pitón derecho…y todavía en pie pidiendo negra. Con ese recuerdo imborrable en la memoria, los aficionados llegábamos a la plaza esperando ver al menos, algo de esa fiereza encastada de un toro ya icono de la ganadería de Moreno Silva. Pero no, a pesar de que no se pudo lidiar completa, D. José Joaquín nos mandó un lote de toros con la casta justa, que desarrollaron sentido, que se enteraban de todo lo que se movía, y claro, había que estar atentos y firmes para ganarles la pelea. Pero no eran esos que los taurinos llaman “ilidiables, de otra época”, para desacreditar al hierro, ni mucho menos. Tenían su lidia, había que poderles, bajarles la mano, estar con firmeza y sin pases bonitos ni gurripinas modernas, se les podían haber cortado orejas. “Pronto y en la mano” era la lección magistral que con cinco palabras dejó dicha Antoñete y que debía haber sido aplicada por los coletas esta tarde. Pero no, tuvieron enfrente a una terna digna, con ganas, alguno como Venegas sin haber toreado ninguna corrida la temporada pasada; sin experiencia y con el miedo sicológico previo de todos los toreros al enfrentarse a este encaste, hicieron el resto. Empeñados en dar pases y más pases, a la defensiva perdiendo pasos y rematando en las alturas, indecisos sin encontrar los terrenos… estos saltillos graduados en latines, arroyaron y se hicieron los amos. Del de Couto ni hablo pues fue un descastado mansurrón, que se salió del guión. En estas tardes nunca veremos a las figuras de ”jarte“ necesitados del torito bobalicón para su destoreo. Por eso, respeto ante estos toreros que al menos salieron por sus pies.
J. Carlos Venegas, tras brindar al público, lo intentó con el primero al que recibió con un saludo capotero hacia el centro de la plaza, el toro humillaba y desde el principio desarrolló nobleza, toro de triunfo; pero no, se limitó a darle trapazos, afuera, sin dominio y perdiendo pasos constantemente y con enganchones; muy arrebatado y como sorprendido por la bondad del toro que estaba muy por encima del torero, embistiendo y esperando una muleta dominadora por bajo que no había; lástima, un torero que apenas torea, perdió una oportunidad de oro. En el cuarto, un toro más complicado y peligroso, casi sin picar tuvo muchos problemas, siempre a la defensiva… lleno de dudas no sabía como lidiar a un toro con la cara alta que pedía dominio y firmeza. Debe ser muy duro seguir con ánimos de no abandonar el sueño de torear cuando solo te ofrecen estas ganaderías.
Juan Leal, tras brindar su primero al respetable, comienza citando de lejos con pases de frente por detrás que parecían animar al público, después derechazos muy despegados, sin rematar a las afueras. Al torero se le ve desorientado y aprovechando las nobles embestidas del saltillo, pero sin torear. Con la izquierda intentos de naturales con mucho pico, hacia afuera y el toro desarrollando cada vez más nobleza , se equivoca de terrenos y el toro siempre suelto sin fijar abandona la pelea. En el quinto, un toro sin fijeza, mansurrón, Leal sufrió un desarme, citando de lejos, enganchones, sin temple, buscando darle algún pase sin orden ni concierto; poniéndose muy pesado y aburriendo al personal. La vulgaridad y el desconocimiento son males que no se perdonan.
Y Juan de Castilla, esperábamos una actuación de más conocimiento y firmeza pero no fue así. Este torero desde su reaparición tras su último percance en la Feria del Aficionado, se le ve más precavido, sin ideas claras e indeciso ante los toros. Y esa misma actitud, a pesar del valor que acredita, fue la constante ante los saltillos. En el primero de su lote, que brindó al público, un toro que fue a más y que desarrolló nobleza en la muleta, lo intentó todo. En un alarde valeroso lo recibió en el centro de rodillas con derechazos rematados de pies con el pecho, cita de lejos y con la diestra ejecuta pases con enganchones aguantando; ya con la zurda intenta torear pero siempre en las afueras, sin aguantar ni quedarse quieto mientras el toro seguía embistiendo con codicia, necesitando un toreo firme que no se desarrolló; no ha entendido a un toro que se le va con las orejas puestas que claramente estuvo por encima del torero. En el sexto, volvemos a vivir un quiero y no puedo ante un toro que perseguía el engaño y en momentos arroyaba al torero; a Juan, se le había olvidado la lección de Chenel o no la conocía. Por ambos pitones lo intenta pero perdiendo pasos, metiendo pico, remates por alto, apresurado, tandas desiguales, el primer pase es bueno pero después pasos atrás y sin continuidad, mientras el toro trasmite emoción y peligro, pidiendo una lidia por bajo y con firmeza, que no vemos; el respetable se decanta por el toro.
Tarde interesante, en la que hubo de todo menos aburrimiento, pues salieron TOROS por chiqueros, diferentes comportamientos pero Toros con mayúsculas que plantearon retos y problemas algo a loque la torería de hoy no está acostumbrada y solo muy pocos saben lidiar, es decir, torear Si, torear no es solo ponerse “bonitos” y adornarse con innumerables pases sin hondura, que parecen un alarde de pasos de ballet en el ruedo, torear es ante todo lidiar y eso es lo que necesitaron ayer los saltillos. La terna perdió una oportunidad de oro. No, no eran terroríficos ni alimañas, más bien algunos aficionados pensamos, Sr. Moreno Silva, ¿están sus toros volviéndose más bobalicones?, espero que no. La fiesta necesita a sus saltillos.
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