DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Saltillo, Partido de Resina, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán.
Domingo 27 de septiembre de 2026. Último festejo del mes antes de la Feria de Otoño. Tarde agradable, veraniega, para una corrida concurso de ganaderías que llegaba a Madrid con la obligación de ser algo más que seis hierros distintos y un premio al final. Un festejo de estas características debe ofrecer al toro la posibilidad de mostrar sus condiciones y permitir que la afición pueda observarlas, medirlas y compararlas.
La corrida se celebraba, además, apenas unos días después de que la Asociación El Toro de Madrid hiciera público el documento «Por una corrida concurso de verdad», en el que reclamábamos que el toro y la suerte de varas fueran los verdaderos ejes del festejo. Estaban anunciados ejemplares de Saltillo, Palha, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán, lidiados por orden de antigüedad, aunque finalmente el toro de Palha fue sustituido por uno de Partido de Resina. El premio al toro más bravo recayó en Imaginario, número 16, de Pallarés. Según los datos facilitados por la empresa, 8.634 espectadores acudieron a la plaza.
Corrida desigual de presentación y marcada en conjunto por la mansedumbre, pero de la que cabe resaltar la variedad de tipos y comportamientos que se pudieron contemplar en la plaza. Toros con personalidades diversas y, en ocasiones, cambiantes, en los que se sucedieron la casta, el genio, la movilidad, la querencia y la incertidumbre, manteniendo el interés del espectáculo durante toda la tarde. Cazarrata, de Saltillo, e Imaginario, de Pallarés, fueron los ejemplares de mayor seriedad. Bellotito, de Partido de Resina, acusó pobreza de cara y Huertano, de Valdellán, fue protestado por su escaso y anovillado trapío. Por encima de todos quedó Imaginario, único toro que ofreció en el caballo una pelea de verdadera importancia.
JOSÉ CARLOS VENEGAS, de blanco y oro: estocada desprendida (oreja); estocada (silencio).
ISAAC FONSECA, de azul marino y oro: estocada —aviso— (silencio); pinchazo, metisaca y estocada (saludos).
ALEJANDRO CHICHARRO, de azul y oro: estocada casi entera (silencio); pinchazo y estocada casi entera muy atravesada (silencio).
Presidente
Juan Carlos González Carvajal no estuvo a la altura de las exigencias propias de una corrida concurso. Particularmente desacertada fue su decisión de cambiar el tercio de varas del tercer toro después de únicamente dos entradas al caballo. Si el objeto de este festejo es comparar las condiciones de los distintos ejemplares, privar a uno de ellos de una nueva entrada al caballo condiciona de partida su valoración.
Tampoco resultó acertada la concesión de la oreja a José Carlos Venegas, al no existir una petición mayoritaria. Un premio excesivamente generoso que rebajó el rigor que debe exigirse en la plaza de Madrid. En una corrida concurso la responsabilidad del palco es todavía mayor: debe favorecer un desarrollo de la lidia que permita conocer y comparar a los toros con el mayor rigor posible.
Tercio de varas
Una semana antes del festejo, desde la Asociación El Toro de Madrid reclamábamos que la suerte de varas ocupara el lugar central que le corresponde y que los toros dispusieran de oportunidades suficientes para expresar sus condiciones.
El domingo volvieron a aparecer algunos de los defectos habituales: puyazos traseros, colocaciones deficientes y encuentros que dificultaron una lectura limpia del comportamiento de los animales. En una corrida concurso estas carencias cobran todavía mayor importancia. No basta con contar entradas. Importa la distancia desde la que se arranca el toro, la prontitud, la forma de llegar al peto, si mete la cara y emplea los riñones, cuánto permanece debajo del caballo, cómo sale del encuentro y cuál es su respuesta después de sentir el hierro.
Imaginario fue la excepción. Fonseca le dio distancia y el de Pallarés acudió cuatro veces al caballo de Borja Lorente, con tres puyazos efectivos y un cuarto encuentro en el que el picador no logró prender. Se arrancó con alegría, llegó con fijeza, metió la cara bajo el peto y empujó con poder en distintos momentos. Fue, con diferencia, la pelea más importante de la corrida.
No todos tuvieron las mismas oportunidades. Bellotito recibió tres puyazos muy traseros y Mariscador vio cambiado el tercio después de apenas dos entradas. Demasiadas diferencias para un festejo cuya razón de ser consiste precisamente en comparar.
Cuadrillas
Borja Lorente tuvo una actuación destacada con el quinto, contribuyendo a que Imaginario pudiera expresar sus condiciones. Muy buena también la brega de Raúl Ruiz con ese mismo toro, al que entendió y ayudó a colocar. Raúl Cebadera realizó un buen trabajo con los palos ante el cuarto e Iván García dejó dos buenos pares en el sexto.
1 - CAZARRATA-42, de Saltillo
Cárdeno bragado meano, número 42, de 523 kilos y 4 años y 10 meses de edad. Muy serio, cuajado y ofensivo. Excelente lámina y dos pitones de enorme expresión. Recibió palmas de salida.
Acudió con alegría al caballo, pero salió suelto cada vez que sintió el hierro. Tomó tres encuentros de esa condición y una cuarta entrada al relance. Manso, con genio y movilidad. En la muleta necesitó mando y mostró mayor franqueza por el pitón izquierdo. Tuvo transmisión por momentos, aunque terminó protestando y echando la cara arriba al final de los muletazos.
2 - BELLOTITO-17, de Partido de Resina
Cárdeno, número 17, de 535 kilos y 4 años y 9 meses de edad. Pobre de cara y estrecho de sienes para Madrid.
Acudió con prontitud y desde distancia al caballo, donde recibió tres puyazos muy traseros. Le costó fijarse y salió del encuentro después de sentir el castigo. En la muleta protestó cuando se le exigió por abajo, fue adoptando una actitud defensiva y perdió progresivamente recorrido. Terminó desfondado y muy corto.
3 - MARISCADOR-7, de Castillejo de Huebra
Negro listón, número 7, de 574 kilos y 4 años y 7 meses de edad. Correcto de presentación.
Salió suelto de la primera entrada en cuanto sintió el hierro. En la segunda permaneció algo más, empujó por momentos y terminó desentendiéndose. La presidencia cambió entonces el tercio. Manso, soso y descastado. Le pesaron mucho los medios, donde acusó falta de entrega y fondo hasta terminar sin recorrido ni transmisión.
4 - UVA-LARGA-7, de Conde de la Corte
Negro mulato, número 7, de 519 kilos y 5 años y 10 meses de edad. Correcto de presentación.
Costó colocarlo en el tercio y no terminó de desplazarse con franqueza. Acudió cuatro veces al caballo, alguna desde distancia, pero salió suelto de los encuentros y nunca desarrolló una pelea sostenida. Mostró genio y puso dificultades en banderillas. Su condición exigía llegarle mucho, llevarlo tapado y acortarle las distancias. Terminó imponiéndose su mansedumbre y buscó definitivamente las tablas.
5 - IMAGINARIO-16, de Pallarés
Negro bragado meano axiblanco, número 16, de 543 kilos y 4 años y 9 meses de edad. Largo, cuajado, grandón, ofensivo y serio.
Fijo y centrado desde los primeros compases, se arrancó con alegría desde larga distancia hasta en cuatro ocasiones al caballo de Borja Lorente. Metió la cara bajo el peto y empujó con poder en distintos momentos. Tres puyazos efectivos y un cuarto encuentro en el que el picador no consiguió prender.
Excelente la brega de Raúl Ruiz. En la muleta mantuvo la fijeza y la nobleza, pero no el fondo mostrado en el primer tercio. Pedía series cortas, dejarle la muleta puesta y tirar de él. Acabó pecando de sosería. Bravo en el caballo; noble y de menor emoción después. Fue ovacionado en el arrastre y declarado ganador del concurso.
6 - HUERTANO-37, de Valdellán
Cárdeno bragado, número 37, de 503 kilos y 4 años y 6 meses de edad. Corto, alto y mal presentado para Madrid. Protestado de salida.
Manso en el caballo, salió suelto de los encuentros, aunque acudió con cierta prontitud en alguno de ellos. Su comportamiento cambió cuando la lidia lo llevó hacia las tablas. Allí desarrolló genio, ganó acometividad y comenzó a revolverse con mayor prontitud. Manso encastado, incierto y difícil, que exigió mando y no regaló facilidades.
Una corrida concurso debe ser algo más que la suma de seis ganaderías. Su interés reside en poder comparar comportamientos y observar cómo responde cada toro ante las distintas pruebas de la lidia. El domingo hubo variedad, matices y animales que obligaron a mirar, aunque la mansedumbre dominara el conjunto. Faltó, sin embargo, el cuidado suficiente para que esa comparación pudiera realizarse siempre en condiciones adecuadas.
Cazarrata abrió plaza con la seriedad que corresponde a Madrid. Muy cuajado, ofensivo y de magnífica lámina, mostró desde el caballo una condición mansa: acudía con alegría, pero abandonaba el peto en cuanto sentía el hierro. Conservó después movilidad y genio. Venegas consiguió cogerle el aire en algunos pasajes, especialmente por el pitón izquierdo, y dejó algún natural y algún redondo estimables. El toro necesitaba mando y tendía a buscar la salida cuando se le concedían ventajas; la faena tuvo momentos, pero le faltó continuidad. La estocada quedó desprendida y la petición no justificaba la oreja concedida.
Bellotito tuvo un recorrido mucho más descendente. Acudió con prontitud al caballo, aunque los tres puyazos cayeron muy atrás. Después fue perdiendo recorrido, protestó al sentirse obligado y terminó desfondado y a la defensiva. Fonseca dispuso de poco material.
Mariscador tampoco ofreció demasiado: manso, soso y sin casta, acusó especialmente los medios, donde se quedó sin entrega ni transmisión. Chicharro no consiguió tampoco sacar al toro de aquella apatía ni encontrar un argumento que diera interés a su labor. Eso no convierte, sin embargo, en acertado el cambio de tercio después de solo dos entradas. Una tercera entrada al caballo podía haber ayudado a completar su valoración.
Uva-Larga ofreció otra expresión de la mansedumbre. Costó meterlo en suerte, no acabó de entregarse en el caballo y fue mostrando cada vez con mayor claridad su querencia. Era un toro al que había que llegarle, acortarle las distancias y llevarlo tapado. Cuando se consiguió sujetarlo dejó alguna embestida aprovechable, pero terminó imponiéndose su deseo de refugiarse en tablas. Venegas poco pudo prolongar ante un animal cada vez menos dispuesto a permanecer en la pelea.
La tarde adquirió otra dimensión con Imaginario. El de Pallarés tenía presencia de toro importante y salió además fijo, centrado y pendiente de la lidia. Fonseca entendió inmediatamente que aquel animal debía ser visto en el caballo y tuvo la generosidad de anteponer la lidia del toro a sus propias conveniencias. Le dio distancia en cuatro ocasiones y permitió que enseñara lo que llevaba dentro.
Imaginario respondió arrancándose con alegría, llegando con fijeza y metiendo la cara bajo el peto. Empujó con poder en distintos momentos y protagonizó, con mucha diferencia, la pelea más importante del festejo. Borja Lorente colaboró para que la suerte pudiera verse con limpieza y Raúl Ruiz completó después una excelente brega. No fue una pelea idéntica en intensidad en cada encuentro, pero sí la única capaz de sostener por sí misma el interés propio de una corrida concurso.
Ahí estuvo también buena parte del mérito de Fonseca. Podía haber pensado en conservar al toro para la muleta y optó por lucirlo. El gesto favoreció a Imaginario, dignificó el tercio de varas y dio sentido durante unos minutos al propio festejo.
El Pallarés perdió después importancia. Mantuvo nobleza y fijeza, pero le faltó fondo y terminó resultando soso. Pedía no alargar las series, dejarle la muleta puesta y tirar de él. Fonseca lo entendió, permaneció asentado y dejó algunos naturales de buen trazo, aunque la faena nunca alcanzó la emoción de lo vivido en el caballo. La espada terminó de enfriar cualquier posibilidad de premio. Imaginario fue justamente declarado el toro más bravo: no fue un toro completo, pero sí el que dejó con diferencia la pelea más importante en la suerte que debía servir como piedra de toque del concurso.
Huertano cerró la corrida entre protestas por su presentación. Corto, alto y escaso de trapío para Madrid, manseó además en el caballo. Pero la lidia reveló después otra cara del Valdellán. Al ser cerrado hacia las tablas desarrolló genio. Ganó acometividad, se revolvió con prontitud y comenzó a exigir mando y colocación.
Chicharro no consiguió gobernarlo. El sexto no era un toro fácil, pero planteaba un problema que había que resolver. Era un manso encastado, incierto y difícil, al que había que sujetar y poder antes de pensar en componerse. Conforme Huertano se encontró más asentado en su querencia, el torero fue perdiendo el control de la situación. Faltaron firmeza, mando y recursos. Con el tercero había tenido un toro sin fondo; con el sexto tuvo un toro que exigía mando y oficio. En ninguno de los dos dejó una respuesta convincente.
El balance ganadero fue modesto, pero la corrida tuvo mayor diversidad de la que pudiera sugerir la mansedumbre predominante. Y precisamente ahí residía parte de su interés: seis hierros que ofrecieron comportamientos muy distintos. Lo que no siempre hubo fueron las mismas posibilidades para comprobarlos.
Una corrida concurso exige especial cuidado en la suerte de varas y el propósito decidido de dejar hablar al toro. Imaginario pudo hacerlo. Fonseca tuvo la generosidad de permitirlo y Borja Lorente contribuyó a que pudiéramos verlo.
Hubo un ganador justo. El concurso, sin embargo, se quedó a medias.
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