Al final, el palco salvó algo la dignidad

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05 de mayo 2013 | Escrito por Joaquín Monfil | Fotografías de Constante

Se lidiaron seis toros de Montealto, de buena presencia, mansos y con algo de castita en general. Segundo, quinto y sexto quedaron en la muleta con posibilidades para los toreros.

1º) Nº 21, Cuartelero, negro listón de capa, 520 kilos de peso, nacido el 10/07. Pitos en su arrastre.

2º) Nº 52, Fandanguero, negro listón bragado meano, 516, 11/08. Silencio en su arrastre.

3º) Nº 28, Trineo, colorado, 545, 9/08. Silencio en su arrastre.

4º) Nº 33, Dormilón, castaño, 557, 1/08. Silencio en el arrastre.

5º) Nº 40, Colgado, castaño chorreado, 568, 9/08. Silencio en el arrastre.

6º) Nº 42, Novillero, colorado chorreado en verdugo, 594, 9/08. Palmas en su arrastre.


PEDRO GUTIÉRREZ LORENZO “EL CAPEA”: (de burdeos y oro), silencio en los tres que tuvo que matar.

ALBERTO AGUILAR: (de azul celeste y oro, que sustituía al anunciado Fernando Cruz) oreja, silencio y petición y vuelta al ruedo en el sexto, que mató por cogida de “Chechu”.

JOSÉ RAMÓN GARCÍA “CHECHU”: (de caña y azabache, confirmación de alternativa y cogido antes de entrar a matar al primero).


Parte Facultativo de “Chechu”. Herida por asta de toro en tercio medio cara posterior de muslo izquierdo con una trayectoria de 25 cms, hacia adentro y arriba que causa destrozos en los músculos isquiotibiales, contusiona el nervio ciático, contornea el fémur y alcanza el músculo crural de la cara anterior. Pronóstico grave que le impide continuar la lidia. Es intervenido bajo anestesia general de la Enfermería de la Plaza y se traslada a la Clínica de la Fraternidad. Fdo.: Dr. García Padrós.

Presidencia: Don Julio Martínez Moreno. Por una vez supo reprimir sus impulsos “orejófilos”, denegando la oreja del sexto a Aguilar, aunque se excedió al regalarle con escasa petición la del segundo ¿Lo hizo por su cuenta o alguien le tiró de sus orejas presidenciales tras consumar el obsequio de la “orejilla bovina” anterior?.

Cuadrillas: Muy mal los picadores, como siempre, picando trasero generalmente o no picando a los inválidos, según convenga. Inexplicablemente, el varilarguero Fco. Javier Sánchez, de la cuadrilla de Aguilar y que picó segundo y sexto, fue aplaudido por picar trasero y luego levantar la vara en la segunda entrada. Los sulbalternos de a pie cumplieron sin más.

Otros: Tarde fresquita y en la que a mitad del festejo llovió un poco pero luego paró. Poco más de media entrada, que quedó en un tercio de aforo tras la lluvia. Es penoso ver los graderíos semivacíos en plena feria de San Isidro. Pero la empresa es culpable por hacer estos pobres y baratos carteles, sin interés alguno...salvo para sus bolsillos. Y la C.A.M. por aprobarlos, por supuesto.


Una tarde que creíamos iba a ser una más de aburrimiento y en la que pasaron bastantes cosas y casi, casi, si no llega a ser porque al final don Julio Martínez, hoy en el palco, pensó más en la importancia de la plaza que en su propio ego, un joven torero hubiese salido de la plaza injustamente en volandas gracias a los gritos desaforados y al afán orejil y cateto que se ha instalado en la mayoría de los tendidos de Las Ventas, ocupados ahora en gran parte por malos aficionados, vergonzosamente aleccionados por los “moleses y cía y otros pelotas varios”.

Hoy se había anunciado una corrida tirando a muy barata, con otra confirmación de alternativa más y a primeras horas de la mañana se cae del cartel, alegando problemas físicos el padrino de la ceremonia, tal vez el más interesante de la terna, un honrado torero que el año pasado recibió un cornalón en esta plaza, nos referimos a Fernando Cruz. Por este motivo, muchos abonados pudieron devolver la entrada, pues el interés era mínimo y así se pudo comprobar en la gran cantidad de cemento visible para ser domingo de feria, con casi un tercio vacío. Esto va a menos. La empresa y la Comunidad algo deberían decir sobre la calidad de estos carteles que, sólo llenan tres o cuatro días en toda la feria cuando hasta hace bien poco los llenos eran cotidianos. Ellos verán si consideran normal lo que está pasando y si la empresa cumple unos mínimos o no. Desde luego, los resultados están a la vista.

Los toros de Montealto estuvieron bien presentados, fueron mansos, unos casi no se picaron y otros fueron masacrados, pero casi todos tuvieron interés al sacar algo de casta, prestándose al lucimiento de los toreos, algo que éstos aprovecharon poco. El confirmante “Chechu” no pudo ni llegar a matar su primero porque a mitad de la faena le tiró un viaje y le dio una cornada grave en el muslo que le llevó a la enfermería, quedando la tarde en un mano a mano. Su padrino, al cambiarse el cartel original, era el Capea que mató al de la confirmación y luego los dos de su lote. Fue penoso verle deambular por el ruedo venteño toda la tarde. Máxime con su último toro, lidiado en quinto lugar, que se dió un volteretón tras clavar los pitones en el albero y así, por su cuenta, se puso una tercera vara, que le sirvió para quedar dulce y suave para la muleta. Se le caían las orejas. Pues ni con ésas. Con la cantidad de aspirantes a querer venir aquí, sólo se entiende su inclusión en esta feria por ser ahijado bautismal de los Choperitas. Vamos, por enchufismo, digo yo. Pero es que tampoco da la sensación de poner interés alguno en aplicarse. Vamos, chaval, que esto de tu padre no es lo tuyo. A desempolvar ya los libros de Derecho.

El tercero de la terna, el madrileño Alberto Aguilar, había sido llamado a primeras horas de la mañana para la sustitución y tras la cogida de “Chechu” se quedó con tres toros para matar (2º, 4º y 6º), tenía pues la oportunidad de su vida para consagrarse. Su primero llegó a la muleta pidiendo el carnet y aunque el diestro le planteó batalla y lo intentó con gran voluntad jugándosela, nunca le llegaría a dominar y someter, aunque a veces los ignorantes feriantes le jalearan como si fuese un Belmonte redivivo. Valiente pero torpe. Lo mató de un inmundo bajonazo e inexplicablemente le fue concedida una oreja por un palco dadivoso que no quiso ver que no había petición mayoritaria. La generosidad de don Julio había abierto media puerta grande. Los del 7 olíamos la tragedia de la injusticia y protestamos con palmas de tango la “orejilla” regalada.

A mitad de la corrida comenzaron a caer cuatro gotas y muchos huyeron, con lo que la plaza quedó con menos de media entrada bajo los paraguas. Luego escampó pero los huecos en el cemento ya no se llenaron. Aguilar nada hizo con el sorteado como quinto, manso y con peligro al que lidió en cuarto lugar sin pena ni gloria, aunque pasándolo mal y sin poderle jamás. Pero salió el sexto, de casi 600 kilos, otro manso con trapío que había sorteado el que estaba en la enfermería y que ya había sido operado y con él las posibilidades de Alberto aumentaron. Lo lidió al completo con su propia cuadrilla, sin dejar que Otero Chico, que siempre es obligado a desmonterarse (hoy vino con “Chechu”) nos pudiese llegar a deleitar con dos grandes pares de banderillas. Llegó a la muleta con buen son pero pidiendo mando y dominio...que nunca apareció. Es cierto que Aguilar estuvo valiente pero nunca pasó de ahí y a muchos aficionados del 7 nos parece que en general no dio la talla. Siempre se dice que los buenos toros ponen en evidencia a los toreros mediocres. Para rematar su atosigada e irregular faena, mató a la segunda de una estocada arriba tras un pinchazo sin soltar. Perdió así tal vez la ocasión de su vida pero, a pesar de ello, los pañuelos de los ignorantes aparecieron en el casi despoblado graderío, agitados con saña y frenesí y acompañados de gritos contra el palco por el retraso en sacar el pañuelo. Querían sacarlo a hombros ¿Habráse visto tamaña desfachatez? Y el caso es que había entonces muchos más pañuelos que cuando mató al segundo de la tarde y aún no se había vaciado la plaza por la escasa lluvia.

Los veteranos del 7 estamos convencidos de que si no le hubiese dado injusta y anteriormente una orejita sin peso esta vez hubiese claudicado. Pero don Julio debió reconsiderar que si lo hacía era una puerta grande...muy pequeña, injusta y controvertida. Y se aguantó las ganas. O alguien le aconsejó acertadamente. La prensa y crítica aduladora lo va a crucificar, seguro, acusándole de robarle a Aguilar una Puerta Grande, pero al final, tras dar la vuelta al ruedo el torero, el 7 aplaudió al palco porque salvó así la dignidad de la plaza y la importancia que debe tener siempre una salida a hombros en Madrid, a pesar de la bronca del resto de tendidos. Lo cual plantea un cambio urgente del reglamento de esta plaza para las salidas por la Puerta Grande. Personalmente, creemos que Madrid no puede ser menos rigurosa que Sevilla, Bilbao o Zaragoza ¿No creen Ustedes?

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