Casta para levantar la cabaña brava

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Plaza de toros de Las Ventas, feria de San Isidro. Festejo del 11/06/2019 con toros de Valdellan -

En tarde soleada y con algo más de media entrada (13.988 espectadores según la empresa) se jugaron toros de Valdellán, que pastan en la finca “Dehesa de Valdellán”, que se encuentra en León. Procedencia Santa Coloma-Graciliano Pérez Tabernero y Alipio Pérez Tabernero (Vía Dña. Pilar Población del Castillo). Correctos de presentación, sin exageraciones y con un juego notable en su conjunto, en el que destacó por encima del resto el tercero, el toro de la feria hasta el momento al que se le solicitó la vuelta al ruedo.


Fernando Robleño, de de rioja y azabache. En el primero buena estocada. Silencio. En el cuarto, buena estocada. Ovación.

Iván Vicente, de coral y oro. En su primero dos pinchazos y casi entera atravesada. Silencio. En el quinto estocada desprendida. Algunos pitos.

Cristian Escribano, de añil y oro. En el tercero, cuatro pinchazos y bajonazo. Dos avisos. Pitos. En el sexto, estocada. Silencio.


Presidencia: D. Rafael Ruiz de Medina Quevedo. Sin demasiadas complicaciones durante toda la tarde. Debió devolver al segundo por su falta de fuerzas e hizo bien en no conceder la vuelta al ruedo al tercero, lo que habría sido premio excesivo.

Cuadrillas: Estuvieron mal la de Robleño y la de Iván Vicente; la de Cristian Escribano mostró mayor solvencia y preparación. Jesús Alonso saludó tras banderillas del 3º; Raúl Cervantes e Ignacio Martín hicieron lo propio en el 6º.

Tercio de varas: Destacar a Francisco Navarrete y Adrián Navarrete en sus respectivos puyazos, ambos de la cuadrilla de Cristian Escribano.

1º toro: Hechicero, 564kg. En el primer puyazo, que fue en buen sitio, se dejó pegar; mientras que en el segundo encuentro con el caballo, salió manseando tras que fuese sin colocar y la puya quedase muy trasera.

2º toro: Bilbaíno, 573kg. Al primer puyazo el toro fue de corrido y se le picó delantero. En el segundo puyazo volvió a ir sin colocar y la puya quedó en buen sitio, saliendo el toro manseando; mientras que en el tercero le pegó trasero y le tapó la salida.

3º toro: Carasucia, 587kg. En la primera entrada, la vara quedó un poco caída y el toro peleó bien, empujando con los riñones. Al segundo encuentro fue al relance y se dejó pegar, cayendo la puya en buen sitio.

4º toro: Extremeño, 526kg. Este fue el tercio de varas más deslucido de la tarde, siendo ambos puyazos traseros, acudiendo el animal sin colocar al caballo y dejándose pegar.

5º toro: Maltahombro, 591kg. Fue al relance en el primer encuentro, en el que la vara quedó trasera y caída, y se dejó pegar el toro. En el segundo puyazo el picador picó caído, haciendo una pelea discreta el animal.

6º toro: Montañés, 656kg. En la primera vara empujó con la cara abajo, levantando al caballo que montó extraordinariamente Adrián Navarrete. En la segunda volvió a estar muy bien el picador, moviendo bien al caballo y provocando al toro hasta que se arrancó desde la media distancia para, posteriormente, volver a pelear con la cara abajo. Inexplicablemente nos robaron la tercera vara, para una vez que lo pueden lucir…


La tarde comenzó entre charlas de aficionados que recordaban la Venta del Batán, portada del programa de mano de la tarde. Hablaban con la pasión propia del lugar donde lucían los toros que se lidiaban en la feria de San Isidro años atrás, lugar de culto al Toro y hervidero de la afición verdadera, donde se generaban debates sobre las hechuras de los animales según su encaste, si estaban en tipo, qué toro es el que embestiría, etc. Esperemos que en un futuro próximo podamos volver a ver allí los toros que se lidian en el serial madrileño. Mala pinta tiene el asunto.

No pudo comenzar peor la tarde con el único toro de la corrida que por su escasa presencia no debió salir nunca al ruedo de Las Ventas. Fue manso durante toda la lidia y lo lidió horriblemente la cuadrilla. Si bien es cierto que el toro manseó en el caballo, mucho más lo hizo en la muleta, donde estuvo mirando permanentemente a tablas y saliendo con la cara por alto de cada muletazo que le dio un Robleño que se mostró con mucha técnica, oficio y muy por encima del descastado y soso animal, que se acabó rajando descaradamente. En el cuarto, Robleño no se terminó de acoplar a un toro que tuvo mucha movilidad, aunque reponía después de cada muletazo, por lo que le costó un mundo coger el aire a las embestidas, más aún cuando cada vez que le bajaba la mano, el toro perdía las suyas. Las faenas de Fernando son de cocción lenta, de ir acoplándose poco a poco a las embestidas hasta finalmente exprimir al animal, como pasó por ejemplo con Navarro el pasado año. No sucedió lo mismo esta tarde, donde no llegó a entender las embestidas de su segundo toro, por lo que hubo quien se lo recriminó. Si hay algo que de verdad merece la pena recalcar de su tarde fueron las dos estocadas por ejecución y colocación, con el único y gran defecto de perder la muleta en el cuarto.

El segundo fue el otro toro sin posibilidades de la corrida. Embistió ya de salida con las manos por delante, demostrando así su evidente falta de fuerzas. Tras pasar en tres ocasiones por el jaco perdió las manos en un par de ocasiones. Debió devolverlo el presidente. Llegó sin ninguna fuerza a la muleta, embistiendo a la defensiva y soltando la cara permanentemente. Iván Vicente estuvo dispuesto aunque no tuvo opciones por la condición del animal, con el que debió abreviar. Su segundo, el que hacía de quinto de la tarde, fue uno de los grandes toros de la corrida, probablemente el mejor para el torero. Embistió con mucha movilidad y nobleza, por lo que fue un toro ideal para consagrarse. A Iván Vicente se le fue sin torear, vimos a un torero sin recursos, sin ideas y sin saber en ningún momento qué hacer. Es cierto que torea realmente poco, pero en los últimos años ya se le han ido varios toros de triunfo con las orejas puestas al desolladero, por lo que debería plantearse seriamente seguir en esto. Se ovacionó al animal en el arrastre mientras que el torero recibió algunos pitos.

Salió el tercero de la tarde y el que es, hasta el momento, el toro de la feria. Llevaba por nombre Carasucia y comenzó embistiendo por abajo en el recibo por delantales de Cristian Escribano. Apretó con la cara abajo en la primera vara y fue al relance en la segunda. Le pegaron poco en ambos puyazos, por lo que quedó demasiado crudo. Saludó Jesús Alonso tras el tercio de banderillas y llegó a la muleta dando motivos de esperanza a los aficionados por lo que había hecho en los tercios anteriores. Comenzó la faena Cristian por bajo, conduciendo las humilladas, largas y codiciosas embestidas del toro hasta sacárselo al tercio. A partir de ahí, cada embestida fue un derroche de casta y bravura, de humillación y recorrido que desbordó a un torero que no tiene el poder y el mando para estar a la altura de animales así. Bien es cierto que en las dos primeras series por el derecho estuvo algo más confiado, pero en cuanto cogió la mano izquierda se vio superado por la situación. El toro pedía que se lo sacasen a los medios y Escribano no tuvo el valor ni la ambición para querer triunfar con un animal que pedía los papeles pero que ofrecía un cortijo en sus embestidas, por lo que en ningún momento se salió del tercio. No era la babosa que estamos acostumbrados a ver tarde tras tarde. Requería mando y poder, sometimiento y dominio, y Cristian no fue capaz de hacer nada de eso. Se fue el toro recibiendo una gran ovación, mientras algunos solicitaban la vuelta al ruedo, premio que habría sido excesivo puesto que no pudimos verle en el segundo puyazo.

Si nada pudo hacer Cristian Escribano con este, menos aún haría con el sexto de la tarde. Fue ese toro el que protagonizó el mejor tercio de varas de la tarde, arrancándose y peleando de verdad en dos entradas que debieron ser tres(hablar de 4 o 5 es prácticamente una utopía a no ser en algunas plazas aficionadas al TORO-TORO) y que llegó a la muleta algo parado y sin la codicia del tercero. Cristian planteó de nuevo la faena en los mismos terrenos -en las rayas- y no logró momentos de lucidez en ningún momento de la larga faena.

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