¡Coquillas en Las Ventas!

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¡Coquillas en Las Ventas!

  • Pedro Carrero: Pinchazo, estocada envainada y media estocada (silencio). Tres pinchazos, estocada contraria muy tendida (aviso y silencio).
  • Manuel Fernández: Bajonazo infame que hace guardia, estocada rinconera, decenas de descabellos (aviso y silencio). Estocada envainada y estocada caída (silencio).
  • Jesús Fernández: Estocada contraria (vuelta al ruedo con protestas). Estocada corta, dos pinchazos y media estocada en los bajos (dos avisos y silencio).

La novillada de hoy se ha prestado a torear bien. En la primera parte, cada uno de los novilleros ha tenido su ocasión particular, con bureles de embestida fuerte, larga, humilladora y codiciosa, pero también de mucha franqueza. Entre los tres espadas sumaban cinco paseíllos en la temporada anterior, razón fundamental que explica el vacío artístico de la tarde. La segunda mitad la ha protagonizado el vendaval de aire que ha precedido a la tormenta, lo cual ha impedido ver con claridad las credenciales de los Sánchez Arjona.

Día 21 agosto El primer novillo, al igual que sus dos hermanos, nunca salió suelto ni visitó terrenos de manso, mantuvo el hocico cerrado en todo momento y después del castigo en el caballo buscaba y obedecía con codicia el percal de los lidiadores. Apodado con el histórico nombre de “Bravío”, parecía que iba a adolecer de falta de fuerzas pero fue un espejismo porque en la muleta se prestó a torear bien y por abajo durante una decena de tandas, por ambos pitones, en las que Pedro Carrero no llegó conectar con los tendidos. Leves palmas en el arrastre del novillo.

El segundo salió incluso con más fogosidad que el anterior, “Escudero” se apodaba y era de capa poco frecuente en los coquillas: cárdeno nevado, careto, girón, calcetero... Hizo una pelea fea en varas, buscando las vueltas del caballo y en banderillas acudía presto a cualquier movimiento, sobre todo si provenía de los medios. Se vino arriba durante la lidia y repitió incansable en la muleta de Manuel Fernández, que no toreo en ningún momento. No hay otra manera de explicarlo, una pena. El novillo fue despedido con ovación teniendo en cuenta que la mitad de los asistentes no sabían de qué trataba la historia.

El catalán Jesús Fernández paró al tercero, que ya en esos primeros lances dio muestras de su sabiduría por el izquierdo, era cárdeno y se llamaba “Torrealta”. Se hace todo muy rápido en varas, en la primera, protesta y en la segunda parece que se calienta, pero los lidiadores hacen de esta suerte un incómodo trámite y los aficionados se quedan sin ver el tercio. Se crece en banderillas y Francisco Javier Ortiz, con los palos, salva bien ese dificultoso pitón izquierdo. Dentro del nivel que había, se puede decir que Jesús Fernández protagonizó los muletazos más lucidos de la tarde por el pitón derecho y fue el más impetuoso, pero la faena no tuvo consistencia ni mando alguno. Dos tarascadas se llevó por el lado izquierdo; eso sí, recetó la única estocada digna del festejo. Nueva ovación en el arrastre y vuelta al ruedo del novillero sin que nadie lo solicitara.

Día 21 agosto Salir el cuarto del hierro de “Coquilla de Sánchez Arjona” y arreciar el viento fue todo uno. La climatología condicionó en gran medida esta segunda parte del festejo; no obstante, quedó claro que “Tramposo” era un animal parado, sin ganas de pelea, aficionado a mirar al público después de cada muletazo.

El quinto, “Charlatán”, manseó en los primeros tercios y no se pudo calibrar con nitidez el resto de cualidades debido al vendaval de viento aludido. Igual que el sexto, “Chalanero”, éste ya con lluvia, un novillo remiso que medía mucho. Demasiado tiempo sin ver los coquillas por Las Ventas y más tratándose de una plaza de temporada en la que perfectamente tendrían cabida. Hablamos de una estirpe única, un encaste fuerte y bravo, un tesoro único de la naturaleza que los desprotegidos aficionados esperamos seguir viendo. Creo que el deseo de la afición está presente, seguiremos empujando y espero que los profesionales que ponen y quitan lo tengan en consideración. Sólo pido a la Providencia que esta tarde de agosto no sea recordada por un servidor como aquella en la que vio la casta de los coquillas por primera y última vez.

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