Demasiado calor y... mucho aburrimiento

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Demasiado calor y... mucho aburrimiento

  • Miguel Giménez (púrpura y oro): Estocada tendida (silencio). Pinchazo y estocada trasera (silencio).
  • Félix de Castro (azul azafata y oro): Bajonazo infame (silencio tras aviso). Pinchazo y estocada tendida perdiendo el engaño (silencio).
  • Adrián de Torres (rosa palo y oro): Dos pinchazos y estocada casi entera desprendida (silencio). Pinchazo, estocada tendida y dos descabellos (silencio tras aviso).

En las últimas temporadas, esperemos que cambie la empresa para la próxima, estamos viendo una fecha en el calendario que realmente está suponiendo un auténtico calvario para el aficionado: la víspera de la festividad del día de la Paloma en Madrid. Supongo que para la empresa también. O por lo menos debería haberlo sido, siempre que se hubiesen preocupado de cerrar un cartel con algún atractivo.

Día 14 agosto Esta vez nos han deleitado con una novillada de los hermanos Lozanos en la que, aunque bien presentada, ha brillado por su ausencia la casta y la raza. Los actuantes, tres novilleros que no han sabido, ni podido, estar delante de los novillos. Pero además, muchas veces da la impresión de que ni siquiera quieren, que es mucho más grave. Estamos en un momento de la fiesta en que ya nadie sabe quién es el culpable de lo que pasa en el ruedo porque todas las culpas están muy repartidas, en un momento en que cada uno se excusa en lo del otro. El empresario por colocar esta novillada con estos chavales,…, que a su vez no pueden rechazar venir a Madrid sea cual sea su preparación o condición porque no vuelven a venir. Éstos a su vez mal influenciados por unos apoderados que los ven preparados cuando no lo están, etc,… Total, que existe un conjunto de infortunios en la fiesta que hace que no veamos las cosas cómo deberían de ser.

La novillada de esta tarde no nos ha despertado del letargo en el que nos tenía inmersos el sofocante calor que hacía en las Ventas. Ni los astados ni los novilleros nos dejaron un atisbo de importancia, ni con ganas de volver a verles ni a pasar tanto calor. Miguel Giménez destacó en su labor de brega en su segundo enemigo, cosa de agradecer, pero que nos sitúa en el escalafón inferior aunque algunas veces se echa de menos que un matador lo ejecute. Muy poco placeado, con dos enemigos que pedían más oficio, no pasó de discreto. Detalles como pedir el cambio de tercio al palco después del primer puyazo en el cuarto de la tarde dan fe de lo mucho que debe mejorar este novillero si quiere volver a vestirse de luces. Y sobre todo si quiere volver aquí con algún tipo de garantías de triunfo.

Día 14 agosto Debutaba en Madrid el vallisoletano Félix de Castro. En el novillo de su debut y, tras un saludo aceptable con el capote, no fue capaz de encontrar los terrenos que le pedía el animal. Probó en infinidad de sitios y después de propinarle un sinfín de muletazos a animal, no fue capaz de sacar uno aceptable. Aburrido, el Alcurrucén se rajó. No templó, no mandó y no entendió los terrenos del burel. Y para colmo le propinó un bajonazo en la misma paletilla. Ya me contarán. Al quinto novillo, con presencia de toro, se encargó el señor Sangüesa de dejarlo visto para sentencia en el caballo. Al salir del embroque lo único que acertaba a hacer el animal era cabecear. Pocas posibilidades que el vallisoletano se encargó de desechar.

Completaba el cartel, el jienense Adrián de Torres. Más placeado que sus compañeros de cartel, y muy pinturero, no dejó nada para el recuerdo. Le faltó profundidad en su primer enemigo, pero hay que reconocerle más voluntad y oficio que sus compañeros. Eso sí, al pasar el animal componía la figura como si hubiese dado un pase de cartel de toros. En el sexto, un novillo que se quedó andarín para el tercio de muleta, con lo incómodo que resulta esto para el matador, podemos destacar un par de naturales limpios a un toro sin transmisión. Manoletinas para terminar una tarde para olvidar.

Lo peor de la tarde, sin lugar a duda, fue la cornada a Alfredo González. Trascurría la tarde de forma tan anodina que debieron contagiarse hasta los protagonistas. Pero el respeto al animal no debe perderse nunca, no olvidemos que la vida de uno está en juego. Deseamos una pronta recuperación.

Lo dicho, una tarde para olvidar. Quizás demasiadas líneas escritas para lo vivido.

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