Descastamiento general

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Descastamiento general

  • JUAN BAUTISTA: Silencio y silencio.
  • MATÍAS TEJELA: Petición y vuelta al ruedo. Silencio.
  • OCTAVIO GARCÍA “EL PAYO”: Pitos y bronca.

Día 19 de mayo Comentábamos en los bajos del 7, antes de empezar la corrida y mientras descargaba la tormenta, que es el descastamiento generalizado de las ganaderías el gran problema de la fiesta, al que se le atisba una difícil solución. Ampliábamos el descastamiento a los toreros actuales que acuden a las citas más importantes con las mismas ganas con las que uno acude, hoy en día, a la cola del desempleo. Añadíamos al problema otro descastamiento más: el del público, que imbuído por el desconociendo de la tauromaquia y por el contínuo maltrato al que se le somete, ha recalado en un estado de “hiperpasividad” que no dará -sin duda- nada bueno.

Y con éstas se inició el festejo para corroborar todas nuestras teorías. No se puede estar más gris que Juan Bautista. Su terno (gris perla) y los nubarrones de la tarde añadían color a este escenario. Tanto en el primero como en el cuarto, toro y torero protagonizaban un encuentro aburrido y soso como la dieta de un hipertenso. Únicamente se pretendía pasar el tiempo y… a otra cosa mariposa.

Claro que todavía peor fue la actitud de “El Payo” en el ruedo. Uno, en su ingenuidad, cree que a un desconocido torero mejicano se le ofrece la oportunidad de presentarse en San Isidro y conocimientos aparte traerá las maletas repletas de ilusión, valor y ganas. Pues nada de eso. Apático, temeroso, sin colocación… nos ofreció una cátedra de falta de vergüenza torera. Para más INRI, sospechamos que le correspondió el toro sardo sexto de mejor condición. Pero todo quedó en suposiciones porque la inhibición de “El Payo” nos impidió sacar ninguna otra conclusión. Esto llega a ocurrir con un público más encastado y la bronca se oye en Manuel Becerra.

Lo mejor de la tarde corrió por parte de Matías Tejela. Regaló en su primer toro un ramillete de verónicas cargando la suerte y un galleo preciosista para llevar el toro al picador, que concitó una merecida ovación. Inició su faena con los dos pases cambiados por la espalda al que tanto nos están acostumbrando, cuando muchas veces las características del toro no lo precisan y sobre todo cuando los limitadísimos pases que se le pueden sacar al astado obligan a cuantificar mucho sus embestidas. Así es desgraciadamente. Tras continuar con temple y hondura con derechazos y otra tanda de naturales de buen trazo, el toro se apagó y la faena se diluyó como tantas tardes. Tejela pretendió calentar a los neófitos con bernardinas y aunque mató por arriba el aficionado había asistido a un recorrido artístico descendente que no le permitió al diestro cortar la necesitada oreja para relanzar su carrera. El quinto toro de la tarde, mucho más apagado que el anterior, ya no le permitió a Matías Tejela más lucimiento.

A la salida de la plaza, retomábamos la conversación del descastamiento general que padecemos. Problema de difícil solución, cuando lo que se persigue es un toro genéticamente noblote y “que se deje”. Justamente lo que nunca debe ser el toro bravo.

En esta ocasión hubo toros

  • JUAN BAUTISTA: Media estocada atravesada, saliéndose descaradamente de la suerte. Silencio benevolente. Sartenazo infame y dos descabellos. Silencio benevolente.
  • MATÍAS TEJELA: Estocada desprendida, aviso. Vuelta al ruedo tras petición minoritaria. Pinchazo sin soltar, estocada tendida y 2 descabellos. Silencio.
  • OCTAVIO GARCÍA “EL PAYO”: Dos pinchazos, estocada que hace guardia entrando fuera de cacho y 4 descabellos. El puntillero da un sainete para despenar al toro. Pitos. Pinchazo saliéndose de la suerte y bajonazo infame. Pitos.

Día 19 de mayo Después de la sequía ganadera que llevábamos en la feria, esta tarde los toros cumplieron y el público no se aburrió, lo que ocurre es que los toreros no estuvieron a la altura que requerían sus oponentes. A Matías Tejela en su primero, que se le vio con una disposición que había perdido en las últimas temporadas, pero esto fue un espejismo, ya que en su segundo volvió a la apatía que le acompaña habitualmente.

Habría que analizar el comportamiento del torero francés Juan Bautista. Si su corazón no está preparado para ponerse delante de un toro y torear debería plantearse su futuro. Lo peor que un torero debe hacer es arrastrarse por los ruedos en la situación en que se encuentra, sin sitio y con muchas precauciones en la cara del toro. Lo último que debe sentir un espectador es lástima por un torero y eso es a lo que puede llegar si sigue por este camino. Juan Bautista es un torero que reúne condiciones para llevar a cabo el toreo del bueno, pero su mente al parecer no le acompaña y ante esta situación lo mejor es alejarse un tiempo de este mundillo, tan dulce para algunos toreros y tan cruel para otros. El primero de su lote fue un toro al que, según transcurría la faena, le costaba tragarse los muletazos, aunque al principio de ésta le permitió llevar a cabo el toreo, pero el coleta no lo aprovechó, se limitó a meter el pico de la muleta, rematar para fuera perdiéndole terreno a su oponente y eso, cuando un toro saca algo de casta, no lo permite. Otro hecho que demostró que este torero no está en condiciones de medirse con toros que le exijan un mínimo de profesionalidad era la forma de tomar la muleta, la cogía por el extremo del estaquillador. A su segundo lo recibió con el capote con mucha voluntad, pero no cargó la suerte en los lances de recibo, así que estos perdieron toda compostura ante el público. Ya con la franela, el toro mostró la blandura con la que había salido de chiqueros, pero el torero estuvo desconfiado ante él y claro, cuando un torero pierde el sitio que debe tener en la cara del toro la voluntad no vale para nada. Como decía anteriormente, es una pena, torero.

Matías Tejela se encontró con un enemigo que salió del corral mostrando mucha codicia, impropia de los toros modernos. El torero le plantó pelea en el tercio y con el capote levantó los primeros olés de la tarde. Puso al toro en suerte con unos graciosos galleos que gustaron mucho al público. Se le vio entregado al coleta y al respetable también. Ya con la franela le dio unas series de redondos y de naturales muy templados pero sin colocarse en su sitio, el toro se fue apagando y el torero cometió el error de prolongar la faena, hecho que es muy común actualmente, donde prima más la cantidad que la calidad y eso vale ante un toro criado con el atributo de la borreguez, pero cuando un animal saca algo de casta no permite esas alegrías. Y claro, una faena de más a menos tiene el inconveniente de enfriar a la concurrencia, que es quien tiene en sus manos solicitar al presidente el premio que considere oportuno. Y eso fue lo que hizo, la petición de oreja fue minoritaria y el usía no la concedió. En su segundo, ante un enemigo sin trapío, Tejela al parecer quedó afectado por la decisión presidencial anterior y volvió a mostrar ese estado de torero ventajista y sin sitio. Su enemigo se desplazaba bien por ambos pitones pero la desconfianza se hizo dueña del ánimo del torero y tanto los redondos como los naturales que ejecutó estuvieron llenos de vulgaridad. El toro se fue apagando paulatinamente y terminó acudiendo al engaño con la cara alta. En fin, toros que no admiten el toreo moderno y necesitan que alguien les indique por dónde tienen que entrar y por donde deben salir, eso sí, sometiéndolos. Ese alguien tiene que ser el torero.

El Payo, por su parte, estuvo muy por debajo de las condiciones de su enemigo. Comenzó pasándoselo al natural, pero perdiéndole pasos y bailando alrededor del toro. Con los papeles invertidos, era el toro quien mandaba en lugar del torero y claro, cuando es el animal quien impone las condiciones de la lida, al torero no le queda otro remedio que obedecer. Su segundo, un toro de capa sarda, atacado de kilos, fue picado muy mal por Efrén Acosta y peor lidiado por Candelas. El torero tampoco intentó mejorar su anterior actuación, comenzó perdiéndole pasos y claro, ese toreo es muy poco gratificante para un público exigente como el venteño, que aunque a veces se deje llevar por la pasión de la figura de turno, sabe lo que le gusta y eso no era precisamente de su agrado. El toro necesitaba una muleta que le corrigiera algunos defectos y esa no fue precisamente la del torero mejicano...

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